El carácter del guerrero

El espíritu indómito y el lobo interior

Siempre he pensado que las metas más que ser el término de una travesía son el comienzo de un nuevo horizonte, que se traza en paralelo a la persona nueva en la que nos transformamos al cumplir el objetivo anhelado.

Cada meta es un símbolo y un recordatorio de lo que podemos llegar a ser, de saber que ya no somos los mismos que éramos cuando iniciamos el recorrido. Las metas también representan el largo y sostenido esfuerzo que realizamos durante meses en cada entrenamiento, cada milla recorrida, cada músculo adolorido y cada lágrima caída, porque es verdad, también los guerreros derramamos lágrimas. Quienes poseen el carácter del guerrero saben que la vida se teje de meta en meta, y lo que cuenta es lo que hay entre una y otra.


Entrenar, ser atleta de alto rendimiento, ser corredor de ultra distancia, nadador de gran fondo, artista marcial o de cualquier otra disciplina que precise de gran entrega y dedicación, requiere de un carácter especial que se construye en el día a día, literalmente con el sudor de la frente y el sudor de nuestro físico entero. Tal vez hay personas que lo ven como un sacrificio, una renuncia o incluso algo exagerado que no tiene mucho sentido. Sin embargo, no hay que olvidar que el viaje de la vida es personal, y que cada quien decide como enfrentar los caminos. Lo que sí puedo afirmar es que ya sea sacrificio, renuncia o exageración, todo esto cobra sentido cuando lo asumimos desde el lente del carácter del guerrero.

El carácter es el conjunto de todos los atributos que hemos adquirido y perfeccionado a lo largo del tiempo que conforman nuestra personalidad, que están formados por hábitos fisiológicos, psicológicos, sociales, intelectuales y morales que nos hacen ser personas virtuosas, y nos dotan de madurez. El carácter es algo que se adquiere, se aprende y se perfecciona. El carácter es de naturaleza evolutiva dado que nos lleva a perfeccionar nuestras capacidades y nuestro espíritu. Considero que el atleta posee un carácter especial, posee el carácter del guerrero, el cual se reconoce por su espíritu indómito, por la determinación y voluntad férrea y reacia que permite continuar en la lucha en contra de todo contratiempo. Un guerrero o una guerrera es una persona con cualidades combativas, se trata de personas aguerridas que están dispuestas a pelear por sus metas, objetivos y sueños de forma retadora, con furia, disciplina y corazón. Un guerrero es alguien que está orientado a la lucha. Pero esta lucha, esta pelea o combate está encaminada a la búsqueda activa de la mejora personal, tanto del cuerpo, como la mente y el espíritu. La cual inicia como una búsqueda interior. Debemos empezar por conocernos a nosotros mismos y escuchar que hay en nuestro interior. Quién queremos llegar a ser. Y cuando lo descubramos, luchar con garras y dientes por ello.

Poseer un espíritu indómito significa tener un espíritu que no flaquea, que no se deja superar ni someter ni vencer o conquistar, significa que sostienes y defiendes todo aquello que se cree que es correcto. El espíritu indómito se demuestra cuando la valentía y los principios surgen en las circunstancias adversas, cuando la voluntad acomete, aun cuando tenemos miedo o nerviosismo.

Los corredores de montaña somos así, somos espíritus indómitos que poseemos el carácter del guerrero, porque la montaña es, en efecto, ese recorrido en el que todo tipo de adversidades se presentan. Cuando realizamos un ultramaratón arrancamos conscientes de que seremos guerreros, que seremos heroicos. Tendremos que sabernos invencibles, porque de antemano sabemos que la travesía no solo será larga, sino ardua, retadora, agotadora. Necesitaremos visualizar el camino antes de recorrerlo, hacer estrategias, ser espontáneos, reaccionar ante cada obstáculo, vencer los infortunios, reconocer cuando nosotros mismos nos volvemos el adversario para vencer a nuestro lobo cobarde y cansado que quiere renunciar, y entonces hacer resurgir al lobo temerario, el que nunca se rinde, el lobo interior feroz que confía en que tenemos la fortaleza física y mental para seguir adelante y cruzar la meta. Nos convertimos en guerreros que nos autoconquistamos.

¿Qué se requiere para poseer un espíritu indomable? Principalmente creer en uno mismo, creer en lo que deseamos, creer que podemos lograr aquello que pretendemos emprender, y que cuando emprendemos, no habrá ni viento ni marea que nos haga renunciar. Saber que si caigo me levanto; que si me equivoco, aprendo. Confiar que tenemos un espíritu guerrero, invencible, porque en las cuestiones del espíritu somos invencibles. Que si lloramos en el recorrido, las lágrimas son el alimento del alma, que si las piernas flaquean es porque se están haciendo más fuertes, que si sangramos nos purificamos, si tenemos que ir en soledad, nosotros mismos seremos y somos la mejor compañía, porque el viaje es en solitario. Comprender que cuando la cuesta es tan alta, tan alta que no le vemos el fin y tan siniestro su recorrido es porque vamos en ascenso a la cumbre de nuestros sueños, de nosotros mismos. El carácter del guerrero nos transforma uno con el reto, nos convertimos en las millas, en el ascenso, el descenso, el dolor, el sudor, las lágrimas, el cansancio, el lobo y finalmente en la victoria. Al llegar, nosotros mismos encarnamos la victoria.

En las artes marciales, el espíritu indomable es uno de los preceptos más importantes que todo luchador debe seguir, sin embargo, el precepto es mucho más profundo que simplemente combatir y ganar, pues la meta en la lucha (y aplica para toda lucha en la vida) no es solo vencer sobre el adversario, sino vencernos a nosotros mismos una y otra vez, pues la victoria es cuando nos sobreponemos a todos los obstáculos, físicos, mentales o del alma que buscan derrotarnos. Lo que debemos logar es una victoria interior, y como se dice en las artes marciales, esa victoria interior nos acompañará durante todos los inviernos, todos los veranos, la juventud y la vejez entera.

Seamos guerreros, indómitos, invictos. “No importa cuán estrecho sea el camino/ cuán cargada de castigo la sentencia./ Soy el amo de mi destino,/ Soy el capitán de mi alma. Fuera de la noche que me cubre,/ Negra como el abismo de polo a polo,/ Agradezco a cualquier dios que pueda existir/ Por mi alma inconquistable” . Invictus de William Henley