Abanicos, fresca coquetería

Cuando el calor intenso te ruboriza, o las caminatas bajo el sol te hacen sentir como un helado fuera del congelador es inevitable no pensar en algo que te refresque, por ejemplo un abanico.

No, no es cosa de señoras, este objeto trae consigo grandes referentes. Para empezar basta recordar las pinturas egipcias antiguas en las que destacaban largas plumas, finamente acomodadas en forma de triángulo, que con movimientos sutiles parecían acariciar el rostro de faraones, bueno hasta de Cleopatra; este es un antecedente de los abanicos actuales en la historia Universal. Pero además de esta indumentaria en el continente africano, otras regiones comenzaron a adoptarlo, pasando por Francia, hasta México.

Aquí — México- Carmen Romero Rubio, segunda esposa de Porfirio Díaz, es el mejor antecedente para ejemplificar el uso del abanico. De familia acaudalada, culta y con un buen dominio de otros idiomas más allá del español, conoció a Díaz en la embajada estadounidense donde, luego dicen, se enamoraron cuando ella le enseñaba clases de inglés.

Carmen destacó al realizar sus labores como Primera Dama, sensibilizarse, compartir sus buenos modales- muchos adoptados por el entonces Presidente de México- y también por llevar siempre en su mano, un abanico.

Era por ahí del siglo XIX y principios del XX, cuando este accesorio femenino vivió un auge, no solo por generar corrientes de aire, sino por el uso que le daban las mujeres, un objeto de coquetería.

Con movimientos o códigos, las chicas de aquella época emitían mensajes a sus posibles candidatos a una relación. Por ejemplo, si no amaban al hombre que las miraba, cerraban el abanico; si tenían novio, lo pasaban del lado opuesto; si aceptaban el cortejo, lo mostraban medio abierto; si se abanicaba lentamente o lo cerraba despacio, demostraba ser una persona casada, pero si la mujer contaba las varillas frente al hombre, significaba “estoy pensando en ti” o la hora en la que tendrían una cita. Además apoyar el abanico a medio abrir sobre los labios era indicador de un beso mientras que taparse los ojos con el era un esperado “te quiero”.

Así pues, este era un verdadero objeto de deseo, para aquella que lo portaba y para el que impaciente esperaba una oportunidad de acercamiento. Los materiales que destacaban eran piedras preciosas, oro, telas finas, plata, nácar, carey, marfil y en algunas ocasiones hasta eran usados como lienzos de obras de arte.

Si después de todo esto les has tomado otro sentido al abanico, aquí en la Ciudad de México existe un acervo interesante en de más de 200 abanicos históricos en el Museo Nacional de Historia con objetos que datan del XVII, XVIII, XIX y XX , provenientes de Europa y Asia usados durante el Virreinato y el México independiente.

La señorita etcétera

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Me gustan los infinitivos. Soy Editora de Suplementos. Los que escribo aquí son mis opiniones; no representan a ningún medio

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