8765 preguntas

De entre las muchas cosas especiales-raras-únicas que me han sucedido en esta ciudad (un viejito que me pidió un “beso de amigos” en el metro/aprender a contar las calles de otro modo/ver el reporte de clima antes de salir de casa/memorizarme todos los nombres de los mariscos y moluscos mediterráneos/compartir piso con un hombre con problemas mentales/hacer prácticas en una oficina que tenía un hater al que le gustaba destrozar el timbre de la puerta), una de las experiencias que se ubica sin duda entre el top 10 ha sido la lectura del tarot por Skype que me tocó vivir junto a Otra Perdida.
Ah, la tecnología. Aunque los estudiosos hablen de cómo nos ha cambiado la vida, yo a la tecnología le agradezco cositas más simples como los filtros de Instagram, los emoticones que te auxilian cuando no sabes qué decir y el doble check azul en el Whatsapp. Y cuando la tecnología y, llamémosle, “el esoterismo” se unen entro en un tornado friki del que no quiero salir: Un hombre al otro lado del mundo nos escribe y sugiere hablarnos del futuro a través de las cartas del tarot. El hombre persiste por semanas. ¡Nos quiere conocer! Y no nos propone las cosas que usualmente se proponen por internet (vernos las tetas). ¡No! Este hombre quiere reivindicar el arte del tarot. Y lo quiere hacer gratis. Desde Buenos Aires. ¡Usando Skype! Hiperventilo de emoción.
Superada la incomodidad de hablar con un extraño cara a cara y en distintos husos horarios, la confianza se apodera de la sala de Otra Perdida, el lugar elegido para la sesión. Nico (ya nos tratamos con nicknames) lanza las cartas y me dice cosas que me recuerdan a esas sesiones de terapia que dejé en mi tierra. ¿Será que Nico y la doctora Patricia (así le llamaba) han hablado en secreto? ¿Cómo sabe Nico que tengo problemas para empezar las cosas? ¿Por qué me habla Nico de mi angustia por el futuro?¿Será que Nico es un hacker que ha entrado a mi ordenador y ha leído ese diario que llevo hace algún tiempo?¿O será que tengo cara de “hola, no tengo idea de nada”? Nico sigue soltándome frases que me recuerdan a esos martes de terapia y trato de retener todo lo que me dice. Me da ánimos. ¿Y si es parte del complot de dominación mundial de Coelho y compañía? Nico pregunta si quiero saber algo más. Claro que quiero saber más, pero hoy no será el día en que le lance las 8765 preguntas que se me cruzan cada noche antes de dormir. “No, está todo claro”, le respondo. Nico me ha dicho que empiece “a hacer” y deje de suponer. Me gusta eso. Igual estoy segura (y no supongo) que él y la doctora Patricia han estado conversando sobre mí.