Estudio de la resaca

Abres los ojos y durante los dos primeros segundos te sientes bien. Con suerte estás en tu casa, en tu cama y, si eres bastante decente en estas situaciones, hasta te quitaste el maquillaje la noche anterior. Genia, palmadita en la espalda para ti.

El primer síntoma anormal comienza en la boca, un sabor extraño, pero a la vez familiar. La sed te ataca y es ahí cuando unes cabos. El olor a cigarrillo que emana tu pelo, aun cuando le aseguras al mundo y a ti misma que dejaste de fumar hace dos años; te duele la garganta y los pies palpitan, desacostumbrados al uso de zapatos altos. Entonces reconoces el sabor en tu boca: es gin viejo y rastros de limón. Abres los ojos y recuerdas que no recuerdas partes de la noche, intentas sentarte en la cama para alcanzar el vaso de agua y en la frente, cerca del ojo, un dolor te penetra el cráneo. La resaca ha llegado.

A partir de este punto ya sabes más o menos cómo va a continuar tu día. Si eres como yo, va a haber muchas películas, agua, refresco y un par de hamburguesas. También va a incluir una revisión detallada del celular (móvil), llamadas recientes, última hora de conexión, conversaciones que siempre esperamos que no hayan sucedido y, sobre todo, Snapchat. Luego de verificar que todo esté limpio y en orden, me puedo sumergir por completo en el proceso de la resaca, ese que hace dos años era inexistente en mi vida, supongo que por exceso de juventud.

Todo lo anterior son aspectos normales de domingo al mediodía a los que, con el paso de los años, nos (me) vamos (voy) acostumbrando. Pero hay un factor que puede cambiar toda esta experiencia. Estar sola o estar acompañada.

Escribo esto desde el sofá de mi casa mientras en una ventanilla de Chrome se carga un capítulo de la serie del momento. Por supuesto que estoy sufriendo de resaca, de otra manera no habría podido describir lo que sentí esta mañana tan detalladamente (en mi defensa, anoche me desmaquillé). Lo que estoy analizando, estos momentos son perfectos para analizar cosas, es la diferencia entre superar esta experiencia sola o acompañada. He decidido, y aquí lo dejo registrado para la posteridad, que se vive mejor una resaca sola. Pero déjenme profundizar en esto, a través de una lista de pros y contras.

Lista de pros y contras de superar una resaca de domingo sola:

Pro: No hay que rendirle cuentas ni contestarle preguntas a nadie.

Contra: No tienes a quién preguntarle: “¿qué carajo pasó anoche?”

Pro: Nadie a tu alrededor sabe lo que pasó anoche.

Pro: Tienes el sillón para ti sola, y la mantita.

Contra: No le puedes pedir a nadie que te traiga gaseosa de limón.

Pro: No le tienes que buscar gaseosa de limón a alguien más.

Pro: Puedes pedir todas las hamburguesas, pizza y helado que quieras y nadie te va a juzgar.

Contra: No hay quién baje a recibir el delivery.

Pro: No tienes que compartir inodoro a la hora de vomitar.

Contra: No se me ocurre ninguno.

Ahí lo tienen, seis a uno, creo que he dejado claro mi punto. Ahora si me disculpan, me espera un capítulo de House of Cards. La defensa se retira.

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