No man is an island (*)

Amigos o amantes retozan en su propia isla. Foto: Jordi Trenzano. Todos los derechos reservados.

Lo siento, yo soy de las que me ilusiono. Si postulo a un trabajo, me imagino planeando la cena anual de la empresa. Si veo el letrero de “Rebajas” creo que encontraré unos zapatos magníficos con el 70% de descuento. Si un amigo anuncia que dejará su tierra por mí, como un Nino Bravo postmoderno, yo empiezo a hacer planes.

Y cada anuncio de una visita es pura emoción. Imagino que mis sentimientos de euforia deben ser muy parecidos a los que sintió María cuando una paloma le anunció que sería madre de Yisus. Así me pongo, como una virgen feliz en espera de su salvador.

Decía el gran Julio Ramón Ribeyro que “cada amigo es dueño de una gaveta escondida de nuestro ser, de la cual solo él tiene la llave e, ido el amigo, la gaveta queda para siempre cerrada”. Cada visita significa entonces abrir esas gavetas, quitarles el polvo y volver a ver su contenido, sus recuerdos brillantes u opacos. Cada visita es también ir creando un microscópico Perú por un momento. Ahí estamos con nuestro limeño acento hablando de lugares que van cambiando, de parejas que se van formando o rompiendo, de gente nueva en la vida de cada quien.

Ellos no lo saben, pero los amigos que vienen de visita son unos embajadores emocionales. Además del pisco y los sazonadores, traen en sus maletas expectativas, temores, ilusiones… Se preocuparán por ti y te preguntarán más de una vez cómo estás, como el embajador que insiste con la firma del tratado limítrofe. Y tú dirás, sonriente, que estás bien, que nunca estuviste mejor porque es lo que has aprendido a repetir tantas veces que te lo has terminado creyendo. Te preguntarán qué piensas hacer, y tú aprovecharás la pausa que da ese sorbo de chela para pensar rápidamente en alguna respuesta, pero como te conocen lo suficiente y ya mentiste demasiado en las entrevistas de trabajo, les terminas soltando un rotundo y sincero: “No lo sé”. Y verás en sus rostros unos segundos de pánico, pero como buenos embajadores emocionales, disimularán el miedo, mantendrán las buenas formas y pedirán otra ronda de chelas. Y cuando ya hayan colgado sus credenciales diplomáticas, te abrazarán y te dirán que te extrañan y que no importa si vuelves o cuándo lo harás porque te ven contenta. Y tú, como corresponde, le entregarás otra llave, esa que guarde en una gaveta, en nuestra gaveta, esta noche invernal de Barcelona.

( *)Gracias, Jon Bon Jovi.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Las Perdidas’s story.