Mente pródiga

Por lo evidenciable creo que es amor lo mio con mi mente.

No la entiendo en lo más mínimo pero la escucho y la alimento y seguimos juntas. Me falla una y otra vez pero siempre la recibo de nuevo a ella y a sus pobres hijos, sus pensamientos, porque a veces -sólo a veces- me trae alegrías y nuevos despertares.

Pero ella, así como esos a quienes más amé, con ímpetu intenta siempre desmentirme; me dice que así no se quiere, que no nos sirve lo que doy, que nunca es suficiente.

Y así, como a esos a quienes más amé, termino creyéndole y absorbo el malestar como desafío. Por la repetición, por el abuso, por la debilidad.

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