El terror como acto pedagógico

herramientas para el tratamiento mediático del extractivismo

En el cuarto y último encuentro de la Cátedra Libre Ideas Menores, nos encontramos, nuevamente, más de veinte organizaciones sociales y medios libres de comunicación para dialogar, intercambiar y reflexionar sobre nuestras prácticas en torno al eje “extractivismo”. Este dossier, construido a partir de lo trabajado entre los días 2 y 3 de noviembre de 2018, sistematiza algunas ideas menores que pensamos con los pies puestos en territorios que están siendo avasallados por el capital transnacional, por las corporaciones mineras, por el agronegocio, por la contaminación del fracking. Con la intención de fortalecer nuestra formación y habilitar herramientas políticas, pedagógicas y metodológicas para seguir construyendo comunicación libre, habitamos la Cátedra Libre Ideas Menores, Pensar con los pies en la tierra.

La propuesta de este dossier continúa utilizando el montaje como clave de lectura, con pequeños fragmentos de lo que ocurrió en este cuarto módulo, llamado “El terror como acto pedagógico”, y que contó con la presencia de dos docentes, Darío Aranda y Horacio Machado Aráoz. También compartimos algunas imágenes de nuestro encuentro con Malvinas Agroecológica, experiencia de agroecología que se encuentra en la localidad de Malvinas Argentinas. Allí, entre mates y palabras, pudimos conversar con vecinas y vecinos que estuvieron involucrados en la lucha para expulsar del pueblo a Monsanto, el gigante transnacional que pretendía instalar la planta de procesado de semillas más grande de América Latina.

Caminamos por las ruinas de Monsanto y respiramos el aire de lucha que emanaba del lugar donde fue el acampe, que hoy podríamos afirmar, junto a Silvia Rivera Cusicanqui, se ha convertido en una huaca. Sí, uno de esos sitios sagrados, peligrosos, pero a la vez propiciatorio de lo benéfico y poderoso. Allí, se inscribe una de las luchas que más fuerzas nos dan para seguir resistiendo a los embates del extractivismo.


Sin palabras inocentes

En la Cátedra Libre, no hay clases magistrales, sino intercambio, debates de las diferencias, un ida y vuelta para desentramar palabras y conceptos que “suenan mucho”, pero que, a veces, profundizamos poco. Porque, al decir de Darío, en el periodismo, las palabras no son inocentes: “Se habla de minería sustentable, de buenas prácticas agrícolas, de fracking seguro. Es interesante ver cómo los propios periodistas se hacen eco de esas definiciones de las empresas”.

Es necesario, también, prestar atención a los medios vinculados al sector extractivista que se estudia, nos dice Darío: “Leer los medios agropecuarios, de minería, hay que tener estómago, pero es bueno leerlos porque circula información y se expresan con impunidad”. Analizar qué dicen, cómo lo dicen, a quién se lo dicen, es clave para un periodismo crítico al extractivismo.


Mapear el extractivismo

Horacio y Darío nos propusieron dos ejercicios bien distintos, pero vinculados para pensar y trazar el mapa del extractivismo en Argentina. Ambos, con la misma pregunta disparadora: ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de extractivismo?

Darío planteó trabajar a partir de casos testigos. Acercó la lupa a distintas regiones de Argentina para poder analizar el tema forestal, del agronegocio, de la megaminería y del petróleo. Por su parte, Horacio planteó un ejercicio más general de construir la genealogía del extractivismo mediante acontecimientos históricos.

Antes que todo, algunas consideraciones generales. Ambos plantean que gran parte de la ingeniería legal para el modelo extractivo en Argentina se hizo en los noventa y se aplicó a los territorios a rajatabla en los últimos 15 años: “Son políticas de Estado. No es todo lo mismo: el kirchnerismo que el menemismo o el macrismo que el kirchnerismo. Pero sí hay continuidades y profundizaciones”, afirma Darío.

Él nos advierte acerca de la importancia de estar atentas a lo que no aparece en los medios hegemónicos, a los procesos de invisibilización de los conflictos en torno al extractivismo: “Cuando no es la empresa la que pauta, es el gobierno el que presiona para que no aparezca nada”, sentencia Darío.

Por otro lado, los docentes nos invitan a conocer algunos informes para comprender las particularidades del momento que hoy estamos viviendo. Tal es el caso del texto “¿De quién es la naturaleza?”, donde se narra cómo sucede el proceso de concentración de distintos lugares de las cadenas de valor en torno a la industria extractiva, nos cuenta Horacio. Y nos habla de la integración horizontal y la integración vertical. La primera se refiere a “cuando dentro de un mismo segmento productivo, como, por ejemplo, la producción de semillas, una empresa controla todo”. La integración vertical refiere al control de distintos segmentos productivos, pero de toda la cadena, por ejemplo, el cultivo, la producción y comercialización de semillas y alimentos. De cualquier manera, la concentración es cada vez mayor: “El tamaño de las empresas y las explotaciones no es un dato anecdótico, sino sintomático que nos ayuda a comprender todo un proceso que viene de larga data junto a las particularidades”, dice Horacio.

Cuando hablamos de extractivismo, hablamos también de territorios de sacrificio, dice Darío, haciéndose eco de las palabras de un montón de compañeras y compañeros que habitan tierras que han decidido ser “sacrificadas” en nombre del “progreso”.

“¿Por qué no pensamos fracking en el Nordelta? ¿O megaminería en el Calafate? ¿O fumigaciones en Palermo y Recoleta?” Se pregunta Aranda para, luego, recordar las palabras de una compañera misionera involucrada en la resistencia a las represas que le dijo: “¿por qué vamos a inundar nuestros territorios, desalojar familias, por el aire acondicionado de los porteños?”.

Una afirmación y nuevas preguntas: a más extractivismo, menos democracia. ¿De qué democracia hablamos cuando hablamos de democracia? ¿Quién decide sobre qué territorios, sobre qué cuerpos?


Para muestra, un botón

Aranda eligió distintos casos testigos para ejemplificar y analizar el avance del modelo extractivo en Argentina. Así, en relación al petróleo y gas no convencional, eligió el proyecto Vaca Muerta para ejemplificar el extractivismo. Vaca Muerta vulnera y agrede a las comunidades mapuches que habitan en su territorio ancestral y vulnera también la legislación específica estatal destinada a proteger a las comunidades indígenas, una legislación que, en parte, si se cumpliera, frenaría la avanzada del extractivismo, nos dice Darío.

Vaca Muerta es fracking “seguro”, dicen las empresas en sus discursos empresariales, mientras ocultan los múltiples casos de contaminación que se van deslizando por el territorio sureño. “Argentina ya tuvo su Vaca Muerta”, dice Darío y recuerda el caso de Loma de La Lata, el mayor reservorio de gas no convencional de América Latina de hace 40 años, localizado a 100 kilómetros de Neuquén. Hoy, con Vaca Muerta, Chevrón viene a seguir imponiendo un modelo de muerte más amplio, que avanza con represión: “Sólo en Neuquén, hay 350 judicializados mapuches, acusados de usurpadores del territorio en el que siempre han vivido”.

El caso testigo elegido por Darío para hablar de monocultivo de árboles es el de Misiones y la empresa testigo es Alto Paraná, propietaria del 10% de la provincia. Sembrar monocultivo no es sembrar un bosque: el monocultivo trae aparejado el desalojo de comunidades y familias indígenas y campesinas. Aquí, es necesario detenernos a pensar cómo tratamos mediáticamente estos conflictos: “A veces, no son desalojos directos, sino que los van encerrando y les cortan la libertad de poder producir, entonces, los campesinos terminan yéndose. Estos son también desalojos, pero más encubiertos”, afirmamos junto a Darío.

Bajo La Alumbrera es el caso testigo que elige Darío para conocer el extractivismo en su faceta megaminera. Se hace megaminería de agua, nos dice: “se toma un recurso, se lo contamina y no se lo puede volver a usar”. El proyecto, situado en la provincia de Catamarca, consume 1100 litros por segundo, eso es 100 millones de litros por día. Para sacarla, utilizan 13 bombas de extracción. Minera Alumbrera consume, por día, el agua de dos millones de personas.

A esto, Horacio le agrega que el agua es extraída de Campo del Arenal, reserva de agua fósil, con 60 millones de años de historia: “No sólo se está sacando agua presente, es un agua que tiene toda una historia y es la expropiación del agua futura. Es toda una cuenca hídrica la que queda afectada. Es la expropiación del agua presente, pero, sobre todo, del agua futura”.

Si de agronegocios hablamos, el caso de la soja se vuelve clave: “El problema no es la soja en sí; si mañana se hace monocultivo de maíz, es lo mismo. El problema es el modelo agropecuario, la soja es una bandera de eso”, manifiesta Darío con preocupación, agregando, además, que el Estado no hace estudios propios a los transgénicos de las corporaciones. Y agrega: “Son, además, las mismas empresas las que presentan sus semillas maravillosas, que no contaminan, que no hacen nada a la salud, y el Estado es quien valida. Los expedientes de aprobación de los transgénicos son secretos, nadie puede acceder a ellos”.

“El cultivo tiene que ver con el lugar del sabor y del saber. Sabor y saber tienen la misma raíz latina y significa el conocimiento. La forma más sublime del conocimiento, antes de esto, para las culturas premodernas, tenía que ver con la agricultura, conocimiento que nace del trabajo con la tierra. Por eso, nada más lejos de la agricultura que el agronegocio”. (Horacio Machado Aráoz)

Aquí, Darío plantea un interrogante: ¿Qué diferencia hay en que la tierra la tenga Benetton, un italiano, a que la tenga Gustavo Grobocopatel, argentino nacido y criado?: “El problema no es la nacionalidad de quien tiene la tierra, sino para quién y para qué la quieren. Los campesinos son desalojados tanto por extranjeros como por argentinos nacidos y criados”. Para Darío, esta reflexión es interesante para vincularla con cómo damos, periodísticamente, la discusión acerca de la extranjerización de tierras: este eje no discute el modelo. Por eso, volvamos a las preguntas importantes: la tierra, para quién y para qué.

“Hay represiones de primera y de segunda, según los intereses de los medios”, dice Darío. La manera en que los medios deciden visibilizar las represiones en torno a proyectos extractivos también es un punto de análisis para profundizar, nos dice Darío. Así, comenzamos a recordar algunos de los casos más conocidos de campesinos asesinados por el extractivismo en su faceta de agronegocios: el 12 de octubre de 2009, Javier Chocobar; el 13 de marzo de 2010, Sandra Ely Juárez; el 23 de noviembre de 2010, Roberto López; el 16 de noviembre de 2011, Cristian Ferreyra.

Esta lista incompleta nos lleva a reflexionar acerca de algunas coberturas que se le han dado a determinados hechos. Una compañera se y nos pregunta: ¿Cómo fue la cobertura de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado? ¿Cómo fue la de Rafael Nahuel?


La genealogía del extractivismo

Machado propone otro ejercicio: “Podemos pensar lo común en todos los casos, alejar el zoom de cada uno de ellos y tratar de ver el fenómeno más general”. ¿Qué sería el extractivismo? ¿Dónde empieza y dónde termina? ¿Cuáles son los marcos espacio/temporales del mismo?

Trazar una genealogía del extractivismo es un ejercicio para pensar los marcos espacio-temporales del mismo y ver qué tienen en común distintos acontecimientos históricos. Así, trazamos una pequeña línea de tiempo donde destacamos, de manera colectiva, algunos momentos que nos resultan relevantes para hacer una biografía del extractivismo, con eventos que hallamos vinculados al mismo. Marcamos fechas asociadas a lugares “porque los momentos nunca acontecen en el aire”, al decir de Horacio, quien afirma también que “a veces, tenemos una mirada de una temporalidad que está abstraída de la espacialidad. Y el acontecimiento siempre acontece en un determinado territorio. La fecha también nos ayuda a mapear el territorio”.

Tejemos, de esta manera, una red de relaciones que estructuraron el extractivismo hasta nuestros días: “el extractivismo es un proceso de larga duración, no es algo nuevo, aunque no podemos decir que estamos en una misma historia. Hay que ir viendo eso, porque se trata de un proceso dinámico”.

La lupa está puesta en 1492 como fecha emblemática, acontecimiento clave para el extractivismo-capitalismo. Horacio nos invita a indagar y profundizar allí, y nos trae una imagen, la del hombre que gritó tierra desde un barco cuando vio el continente americano: “El primer grito moderno es el grito: ¡Tierra!”. Vaya a saber si era un ex convicto sevillano, o genovés, que estaba ahí subido a una de las carabelas, nos dice Horacio.

¿Y esa palabra, tierra, qué significaba? “(…) ya no significaba lo mismo que significaba tierra para los pueblos nativos, no solamente de acá de América, sino también de Europa, que todavía la tierra era Madre tierra (…). Que los bosques tenían vida, las montañas tenían espíritu, los ríos”.

Entonces, la tierra era un ser vivo que comprendía toda la vida. Esa era la representación dominante, nos explica Horacio. Pero cuando el hombre que gritó “¡Tierra!” se acercaba a nuestra América, tierra ya significaba otra cosa: “tierra era un objeto pensado como puro recurso”. De la tierra viva, ser viviente, pasamos a una tierra objeto de conquista y de explotación: “ahí, hay una profunda devaluación ontológica de la idea de tierra y hay que pensar, también, quién es ese sujeto que emite ese grito”.


El sujeto conquistador

“El acto de conquista y el sujeto como sujeto conquistador es un sujeto fuertemente violento. La violencia es el medio de realización de su subjetividad. La única ‘superioridad’ del europeo, cuando llega a América, es la superioridad en las técnicas del manejo de la violencia”. (Horacio Machado Aráoz)

Horacio nos habla del sujeto conquistador y dialoga con Dussel, quien decía que el primer sujeto moderno no es el sujeto cartesiano, sino que es Colón, son los Pizarro, son los Cortés: “Antes que ‘yo pienso’, está el ‘yo conquisto’. Y el sujeto conquistador es eso, alguien que se piensa que, por derecho natural, es superior a todo lo que se le presenta y todo lo que se le presenta existe sólo para su propia voluntad. Lo piensa en términos de propiedad, de dueño absoluto. Y la idea de absoluto quiere decir que no tiene límites, no tiene ninguna regulación”.

Machado Aráoz explica que la idea de propiedad moderna está estructurada sobre eso que, después, se va a configurar en el código napoleónico bajo el concepto de propiedad privada en la que “el dueño hace con su propiedad lo que quiere” y “esto implica una idea de que no hay ningún vínculo existencial entre el dueño y la cosa. La cosa solamente existe para servir la voluntad de ese dueño. Entonces, la idea de poder y razón están vinculadas con el proceso de apropiación y de explotación”.

¿Qué significado tiene la racionalidad? Al respecto, dice Horacio: “alguien que actúa racionalmente es alguien que elige cuáles son los medios más apropiados para lograr los fines de la manera más eficaz, más rápida posible”. Entonces, en el sujeto conquistador, enriquecerse lo más rápido posible era lo racional; “la explotación racional tiene que ver con una idea que se va plasmando en distintos campos, en el corpus jurídico, en institucionalidades, pero, sobre todo, en subjetividades. Sujetos que actúan de esa manera”. Que quede claro que el medio del sujeto conquistador es la violencia.


El sujeto torturador

“La separación entre la cultura y la naturaleza está también vinculada a la separación entre alma y cuerpo, razón y emoción, masculino y femenino, blanco y no blanco. Un ejecutor de eso es el conquistador y el otro es el torturador”. (Horacio Machado Aráoz)

Horacio marca esta figura emblemática y, otra vez, recuerda el animismo que predominaba en la subjetividad antes de la conquista: “todo tenía vida, no había diferencia ontológica entre lo humano y lo no humano”. Allí es cuando la iglesia lanza una guerra contra los cuerpos que sostenían esas creencias, por medio de lo que Horacio llama la “primera agencia de inteligencia mundial y de tortura”, la Inquisición. Esos cuerpos eran cuerpos de campesinos, pero, sobre todo, de mujeres. El Calibán y la Bruja de Silvia Federici aparece como lectura obligatoria para comprender este proceso. A grandes rasgos, podríamos hablar de la guerra contra las mujeres que lanza la Iglesia y que comienza con la caza de brujas, la muerte a mujeres en hogueras. La muerte a aquellas que producían el conocimiento vinculado con la vida, la alimentación, la producción de remedios, el cuidado, la salud, la enfermedad.

¿Qué se quería matar en esas hogueras que encendían el cuerpo de las mujeres? La idea de que la tierra es vida, nos dice Horacio, recordando a Federici, como así también se quería despojar a la mujer como sujeta de conocimientos “para afianzar la separación del hombre como la forma perfecta de lo humano y la mujer como su forma devaluada. El hombre como ser racional y la mujer, más pegada a las emociones”.

Machado Aráoz nos recuerda, también, el primer tratado de la ciencia moderna que escribe Francis Bacon, donde expresa cuál es el método científico. Horacio lo parafrasea y lo trae a nuestra ronda para comprender que, allí, no había metáforas: “el hombre, con las armas de la razón, tortura a la naturaleza para que le suelte sus secretos”. Así, aparece la tortura como expresión extrema de la violencia. Como una práctica cotidiana, legalizada y utilizada para que la gente se declare culpable. Torturas de cuerpos humanos y no humanos, y el acto político y pedagógico del terror.


Una matriz violenta

“El habitus de la conquista y el habitus de la tortura son como elementos del ADN de esta estructura extractivista que atraviesa la constitución del sistema mundo moderno”. (Horacio Machado Aráoz)
“El extractivismo es un habitus explotador que condensa la materialización de este patrón de poder mundial que es el capitalismo-colonialismo-patriarcado. Son indivisibles, son inseparables. No son fenómenos iguales porque hacen referencia a diferentes dimensiones y formas de expresión de esa matriz de poder, pero funciona en forma sistémica, no se puede separar”. (Horacio Machado Aráoz)

Debemos pensar el extractivismo como matriz de relacionamiento con el mundo, nos dice Horacio. Una matriz estructurada a partir de un patrón de violencia apropiadora, expropiatoria y explotadora de la naturaleza humana y no humana, que implica una articulación entre capitalismo, colonialismo y patriarcado. Tres sistemas de poder, de apropiación, control y disposición de territorios y cuerpos que se articulan en una práctica, la práctica extractivista, explica Horacio.

Pensar el extractivismo implica comprender cómo las energías vitales son expropiadas y desvirtuadas, sacándolas de los flujos de la vida y llevándolas al mundo de la mercancía, mundo que puede crecer en forma infinita (como el sistema financiero). Aclara Horacio: “pero la riqueza material no puede crecer en forma infinita. Ahí, la separación entre valor de cambio y valor de uso, lo que sirve para vivir y lo que sirve para apropiarnos, en términos de una relación de dueños y propietarios, en esa separación, está el origen del capitalismo. El capitalismo se halla vinculado a un modo de explotación de los seres vivientes para la acumulación de valor abstracto.


La tierra como aparato digestivo

“Pensemos la tierra como un gran aparato digestivo. La colonia como la zona de donde se extrae y la metrópoli imperial como la zona donde se consume. Pero esa metrópoli imperial es muy glotona. Porque, ¿cuánta riqueza es suficiente? Esa es una pregunta absurda para cualquier economista, para cualquier empresario, para cualquier sujeto moderno, porque nunca nada es suficiente para ellos”. (Horacio Machado Aráoz)

El extractivismo es el geometabolismo del capital, afirma Horacio, donde el prefijo geo se halla vinculado a la “tierra”, mientras que la palabra metabolismo hace referencia al modo en que los organismos procesan la materia para sostener su propia vida. Así, el planteo que hace Machado Aráoz es que hay una geografía de la extracción, que se asienta en las economías coloniales, sistemas de vida, cuerpos y territorios con sus propias culturas que se ven transformadas por la extracción: “Esa matriz geometabólica implica una dinámica que piensa que la realización está en el tener. Ese tener se estructura a través de un esquema violento donde hay territorios y cuerpos que son pensados como objeto de saqueo y objeto de explotación para un centro que es donde se realiza el mundo del desarrollo”.

Así, el colonialismo se halla estrechamente vinculado al modo en que se estructura una “geografía desigual, una geografía de los dueños o apropiadores, y una geografía que es concebida, desde los orígenes, como zona de sacrificio, donde no hay nada que tenga valor y, mucho menos, que tenga derechos”, manifiesta Horacio. Y continúa explicando que el colonialismo “es esa práctica y relación militar, política, económica y cultural donde un poder ajeno se impone, de modo violento, sobre otras culturas para disponer de sus energías”.

Hay también otro fenómeno que merece análisis en este pensar el geometabolismo del capital. Se trata de cómo, en nuestro sur global, “también está inoculada esa matriz de relacionamiento colonial”. Esto se explica en el hecho de que: “Estamos dispuestos a sacrificar fuentes y formas de vida en nombre del desarrollo, que es lo que nos da empleo y plata para consumir. Esa cadena de razonamiento se ha globalizado. No es solamente del modo de vida imperial, sino que también hay una colonialidad, como dice Aníbal Quijano”.

El fenómeno de la colonialidad se podría explicar como la internalización de las relaciones de superioridad e inferioridad, en el querer ser como el conquistador: “Esa idea de colonialidad implica que el colonizado vive y piensa, desea y aspira al mundo que creó el colonizador”, explica Machado Aráoz.

Una última reflexión nos dejan Horacio y Darío en el primer día de encuentro de este último módulo de la Cátedra Libre:

Tenemos un largo camino de aprendizajes y desafíos políticos a ahondar. Es importante que tracemos, también, nuestros casos testigos y genealogías de las resistencias. Allí, donde las luchas se vuelven lugares epistémicos y políticos claves para hacer comunicación desde una matriz no extractivista.

(trabajo en proceso)


Las fotografías que forman este dossier fueron realizadas en el marco de la Cátedra Libre Ideas Menores, en el recorrido por la experiencia de Malvinas Agroecológica y por las ruinas de la planta donde se iba a instalar la multinacional Monsanto (Malvinas Argentinas, Córdoba).

La Cátedra Libre Ideas Menores es un proyecto de formación impulsado por la cooperativa La tinta y cuenta con el apoyo de la Biblioteca Popular Julio Cortázar y la Fundación Rosa Luxemburgo. Fotografías: Colectivo Manifiesto
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Córdoba, Argentina. 2018.