La antena móvil.

Cada profesión tiene su momento de oro, entiendo que si sos colectivero, tu gran momento es sacar el bondi del garage y hacer tu primer vuelta. El ser médico, tu primera intervención en la guardia, y podría enumerar más de cien profesiones, pero la que me toca relatar, es la que a los publicitarios nos llena de adrenalina: el momento sagrado, con ustedes, el pitch.
Aclaro algo, pitch, no es “peach” ya que he conocido creativos que mencionaban “peach”, y así lo dejaban plasmado en los emails a los equipos de trabajo. Si bien un pitch tiene eso de “bancarse la pelusa”, haciendo referencia a la mítica frase “si te gusta el durazno, hay que bancarse la pelusa” si querés trabajar en publicidad, te tiene que gustar “la pelusa” en este caso, la maratón que ocaciona un pitch.
Un pitch es una maratón que se despliega en una agencia, no importa su tamaño, ni su procedencia, a la hora de ganar un cliente. El modelo de negocios en la publicidad, desde siempre, se da por esta metodología: ir a presentar las mejores ideas (?) para ganar el presupuesto de un lanzamiento y así, perdurar en el tiempo de vida de una marca.
Las horas previas a un pitch, son maratones de nervios y largos días de mal dormir y mal comer, pero de mucha integración con las personas de tu equipo. En definitiva, es lo más lindo de esta profesión, trabajar entre seres humanos para generar ideas que van a consumir otros seres.Pero bueno, en el caso que hayas sido uno de los elegidos para desembarcar en el cliente, el gran momento, se da desde la noche previa hasta el momento donde se termina la presentación. Si midiéramos la energía que se genera en esa última milla, podríamos darle luz a la mayoría de los barrios carenciados de latinoamérica, sin contar con sudor que se impregna en camisas y remeras, alimentaríamos el hilo de algún río nuevo, Río Sudor –y lágrimas-
La última milla, se inicia a las 6.00 PM del día previo a la presentación. Obviamente, siempre que tu equipo haya llegado a tiempo con las ideas, los últimos ajustes de la presentación se realizan entre las 8.00 PM y pasada la medianoche del día de la presentación. El gran ensayo, se da bien entradada la madrugada, cerca de las 3.00 AM, cuando ya los ojos no registran, pero es cuando el aprendizaje cala ondo en los profesionales y la discursividad de las ideas fluye como rocío de primavera.
Ya cerca de las 5.00 AM del día D, hay que ir a casa a bañarse y ponerse “pro” para la presentación. La decisión de que ropa llevar, no es fortuita, generalmente el “comandante” establece el tipo de ropa, los tiempos y hasta la ubicación en la presentación, todo muy planificado, para causar impresiones y lograr que “el cliente” se sienta cómodo con el equipo, que bien se sabe, nunca más lo verá en acción, ya que contadas excepciones, serán atendidos por ejecutivos de cuentas recién graduados.
El color del pantalón, la camisa recién planchada, el saco “moderno” para combinar con los “zapo-tillas”, recortar el pelo, alinear la barba de días, toda una producción, toda un desfile de moda vanidosa y amedrentadora.
Ya cerca de las 8 de la mañana, el auto de la empresa pasa a buscarte y ahí salís, directo a la gran reunión, en el bar de la esquina del cliente, donde todos huelen a perfume francés, donde los dispositivos de última generación, emergen a la superficie como naves nodrizas invadiendo el espacio… Los sables Jedis no se ven, pero las luces que emiten, sí denotan, como el aura de cada uno.
El anuncio en la recepción, lo hace el de menor trayectoria en el equipo, que seguramente, será el que conecte la computadora al proyector y que deje todo para que el “gran comandante” ejecute la patada de inicio de su plan perfecto.
Se inicia el juego; el agradecimiento por la reunión, y el pase de la pelota al planner, muchas veces mujer, para entrar con frases “disruptivas” en el humor del cliente, para decirle atrocidades que nunca va a entender, ya que todas son críticas a su marca y a su anterior agencia, y allí, entran en juego, los templarios de la publicidad, “los chistosos”, los que cuentan historias, el equipo creativo, hace su entrada con titulares, videos, historias, impresiones y quizás, algún truco de magia, para comenzar la danza del encantamiento óptico.
El “comandante” agrega entre pantalla y pantalla, la planner agrega comentarios del proceso de relevamiento, para hacer notar su presencia intelectual, ya que sus presencia física, ya ha sido notada por el cliente, que no deja de “bucear” en el escote de ese “brainstorming” de ideas.
Mientras tanto, el bicho digital del equipo, el que sacan a pasear para mostrar que “son agencias integradas” intenta comer medialunas antes de su parte, antes de lanzar su 5 slides, esos que siempre funcionan de balas de plata, que muchas veces sáfan o entierran presentaciones. El comandante nos mira, nos hace el guiño para que nos preparemos y llega el momento, pararse, agarrar el control y comenzar “el relato” digital de una marca hoy.
Es ahí, donde todos, hasta el gran jefe, hacen que sus presencias se tengan que notar más que nunca, quizás sea la diferencia cultural, ó la menor exposición a nuevas tecnologías, pero cada signo de esa parte de la presentación, es acotado por el resto de los chacales, hasta horas antes, compañeros de aventura, ahora avezados críticos de la tendencia digital.
Mientras un último asistente, contabiliza el tiempo de cada integrante, vamos llegando al final de la presentación, ese maldito momento que implica, ver la cara del cliente por la presentación y por el slide de presupuesto, nunca son iguales las expresiones, o por malas ideas o por altos costos.
Así, se termina la jornada, el sudor ya se ha pegado en las camisas, los teléfonos se han calmado, el “gran capitán” felicita a todo el grupo en el hall del edificio del posible cliente, y es ahí, donde te das cuenta, que “el gran comandante” había dejado durante toda la presentación e interacción con el cliente, su antena móvil a la vista del grupo. Muchas veces, la salida corriendo de tu casa para llegar a la presentación, no hace que te percates, que de tu nariz salen antenas móviles, como fibras ópticas de oscuro color, ecosistemas capilares de fosas nasales ochentosas, que otrora supieron alojar químicos y otras “aspiraciones”.
Mientras tanto, me preparo para otra batalla, para otro pitch, y ahora, el “gran general” soy yo, y lo primero que hago, es mirarme al espejo y fijarme que ninguna “antena móvil” se lleve el primer plano de los clientes.
Originally published at medium.com on November 14, 2014.