Y se rompe

Todavía no entendemos que somos nosotros quienes rompemos nuestro corazón; seguimos insistiendo que alguien más es el culpable, que alguien más llega y lo inquieta tanto, que se descontrola y cuando se cae, se vuelve cachitos. No entendemos que somos nosotros, nuestra imaginación, la que lo alborota tanto que no podemos mantenerlo en su lugar. La lucha continua entre nuestra locura y nuestra cordura, no permite que la razón actúe para no desestabilizarlo. Porque el corazón, así, inquieto y emocionado nos hace felices; pero sólo mientras dura. Cuando la realidad aparece, nos espabila, y entonces, la imaginación nos traiciona. Pero ya es muy tarde, ya la razón no puede hacer nada para detener esa emoción que tiene al corazón dando vueltas, y después de un tiempo, se marea, se cae y se rompe.

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