¿Mi hijo el rey de la casa? 9 trucos para evitarlo

En la actualidad, han aumentado los casos de violencia, conductas dominantes de los hijos sobre los padres y actos desafiantes en el ámbito familiar.

¿Por qué? Existen muchos factores aunque uno fundamental es la permisividad de los padres ante los deseos de sus retoños.

Los progenitores tienen un papel primordial en dar una respuesta óptima y regular la conducta de sus hijos.

Podemos decir que el niño consentido es aquel al que nunca se le niega nada, todo su entorno gira a su alrededor y, que para evitar cualquier enfado, se le permite todo.

Los bebes a partir de los dos años, de manera natural, establecen un comportamiento de oposición ante las pautas instauradas o cuando los padres no responden de manera inmediata a sus demandas.

El adolescente también se rebela frente las normas dadas.

Pero las negaciones adecuadas de los padres forman parte del proceso de evolución y ayudan al desarrollo de la autonomía e identidad de los menores.

Si no, no avanzan en su desarrollo, predominará en ellos el egocentrismo, cierta dificultad para empatizar, una baja tolerancia a la frustración y el incorrecto desarrollo de habilidades sociales necesarias para una óptima convivencia.

Te propongo algunas estrategias para prevenirlo o un nuevo planteamiento para poner en marcha:

1. Di la palabra “NO” sin tener miedo de les reacciones de los niños.

2. Comunica de manera explícita la conducta apropiada que se espera del menor. Por ejemplo, le dices “utiliza el tenedor con la mano izquierda” en lugar de “come como es debido”.

3. Establece unas pautas claras, concisas y adecuadas a cada niño y a la circunstancia. Sé constante.

4. Evita recompensas para evitar o calmar una rabieta. Por ejemplo, en el supermercado tu hijo se encapricha de una golosina y accedes a comprárselo porque temes el numerito que te montará si no lo haces.

5. Valora y refuerza la actitud correcta. Por ejemplo, felicítale cuando reconozca que ha roto el jarrón del salón.

6. Mantén un tono de voz suave, calmado y conciso. Los gritos no educan, aumentan y favorecen el comportamiento inadecuado.

7. Educa en el esfuerzo sin dar a entender que todo es fácil. Si se da una respuesta inmediata a la demanda y de forma constante, se genera un incremento de los deseos.

8. Ofrece autonomía en la resolución de los hechos cotidianos. Si tu hijo se ha olvidado la agenda en clase que busque una solución al problema, que llame a un compañero para preguntar los deberes, por ejemplo.

9. Ayúdale en la aceptación de los fallos. De los errores se aprende a pesar del sufrimiento.

Te animo a que pongas en práctica estas pautas y si tienes alguna duda o quieres saber cómo manejar de forma más adecuada a tus hijos escríbeme al email laurajimenezpsicologia@gmail.com Estaré encantada de ayudarte.

Laura Jiménez. Psicóloga General Sanitaria

Twitter: @lau_psicologia

Facebook: LauraJiménez Psicología

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