Trastorno del espectro autista: algunas claves

A los 18 meses Javier insistía en ir siempre a la misma gasolinera y, si iban a otra nueva, Javier comenzaba a tener rabietas muy intensan, me cuentan sus padres.
No señalaba los objetos que le parecían interesantes para atraer la atención de su hermano.
Nunca busca a otros niños para jugar, se entretiene jugando él solo.
Pronuncia sus primeras palabras a los 18 meses de edad. Presenta las primeras frases a los 2 años.
A los 4 años, Javier habla aunque no le apetece demasiado entablar conversaciones con otras personas, ya sean adultos o niños.
En un principio los padres creyeron que podía tener problemas auditivos, ya que no giraba la cabeza cuando alguien le hablaba o no respondía cuando le llamaban por su nombre. El médico les aseguró que no tenía problemas de este tipo.
Apenas sonríe. No mira a los ojos del interlocutor. No modula adecuadamente el tono o volumen de su voz.
Los trenes son su tema preferido y juega mucho con ellos. Solamente los mueve de adelante atrás. Nunca se inventa historias acerca de los trenes.
El trastorno autista no es sinónimo de retraso mental, ni esquizofrenia u otro trastorno psicótico. Está dentro de otro grupo los llamados trastornos del desarrollo neurológico.
La palabra autismo significa etimológicamente “tendencia a alejarse del mundo exterior y dirigir el interés al propio interior”. Fue descrito por primera vez por Leo Kanner en 1943.
Hay una gran heterogeneidad de síntomas y características que se pueden agrupar en tres apartados:
1. Alteración de la conducta social.
- Ausencia de tendencia espontánea para relacionarse.
- Déficit en el establecimiento del contacto ocular, expresión facial o gestos.
- Reducido interés por compartir intereses, emociones, afecto y responder a ellos.
2. Alteración del lenguaje.
- Retraso o ausencia (30–60%) en la adquisición del lenguaje oral.
- Incapacidad para iniciar o mantener una conversación.
- Lenguaje idiosincrático, lleno de repeticiones.
3. Intereses restringidos y comportamientos repetitivos.
-Emplean gran parte del tiempo a conductas repetitivas.
-Se muestran inflexibles a rituales concretos sin ninguna utilidad (por ejemplo, tienen que dar dos golpes en la pared antes de calzarse).
-Manierismos motores (sacudir o girar las manos, por ejemplo).
Es de 4 a 5 veces más probable en varones que en mujeres.
En la actualidad no existe cura para los trastornos del espectro autista, por lo que los tratamientos van enfocados a mejorar su calidad de vida.
La gran diversidad de capacidades, necesidades y limitaciones suponen un reto para los profesionales.
Resulta necesario diseñar programas educativos y terapéuticos individualizados que promuevan su bienestar, autonomía y poder desarrollar al máximo sus destrezas.
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Laura Jiménez. Psicóloga General Sanitaria
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