El próximo icono del cine soy yo

La capacidad del alcohol para convertir las opiniones personales en sentencias era algo con lo que ya contaba. De lo que no estaba del todo segura era de que mis nuevos compañeros se iban a pasar toda la cena hablando de cine clásico en blanco y negro. Yo no tenía ningún veredicto al respecto y decidí que era un buen momento para tirar de Google.

“Peter Sellers es uno de los mayores cómicos del siglo XX”, afirma mi colega mientras se afloja la corbata. Primera vez que escucho su nombre. Bajé la vista y seguí buscando. “¿No sabes quién es?, ¿’Teléfono rojo’?, ¿el director de cine, Stanley Kubrick?”. Cuando levanté la mirada del móvil me crucé de nuevo con aquellas miradas de superioridad que me habían estado persiguiendo durante toda la noche.

Así que respondí: “La conozco como Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. Es su título internacional”. Nunca una película me había proporcionado semejante placer. A pesar del asentimiento de mis colegas, no era momento de bajar la guardia.

“Con el título que sea, no puedes negar que Tracy Reed está soberbia…”. Me estaban declarando la guerra, sus comentarios funcionaban como lanzas hacia mi asiento.

Di un último trago y, esta vez sí, sentencié: “Nunca he sido muy de Reed. No me gustó nada en Chicas con gancho”. “¿Y cual es tu actriz favorita?”, preguntó uno. Entonces pensé que al buscar icono del cine en Google no debería aparecer Audrey Hepburn. Ese lujo sería todo mío, pero a todo color.

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