A un mes del 19S y esto ha pasado…

Hace un mes, el 18 de septiembre, después de una búsqueda de casi cinco meses de buscar, encontré un trabajo, y desde entonces las cosas no serían iguales para mí, por primera vez tengo un trabajo en turno nocturno, es irónico considerando que se me conoce por un libro de cuentos con temática vampírica que escribí ¿Qué tiene que ver esto con el terremoto? Mi primer día de trabajo fue en lunes para amanecer el martes 19 de septiembre, ese mismo día me di de alta en lista de nómina y di mis huellas digitales para registrarme en la compañía Intellicast. Por primera vez trabajé toda una noche, desde las 12 hasta las 7, de medianoche al amanecer. Ese día llegué desvelada a casa, y ese desvelo sigue sin terminar, para cuando llegué a dormir como a eso de las 7:40 a.m. no supe del mundo hasta que escuché un grito que vino desde el comedor

“¡Laura está temblando!”

Igual que en terremotos anteriores solamente reaccioné, pero esta vez me ubicaba en Nezahualcoyotl, al momento de levantarme vi cómo algo blanco se caía de mi librero, era mi cartapacio con dibujos, cuando pasé de la puerta, al pasillo y de ahí a la calle salí en pijama y descalza, el asfalto caliente del mediodía hizo que me pusiera a saltar, pero en esos saltos me daba cuenta que la tierra se movía de arriba a abajo, de reojo pude ver cómo un montón de palomas volaban erráticas, y quise volar con ellas, también noté como iban saliendo un jardín de niños que estaba cerca.

La norteña imbécil nuevamente le parecía gracioso que todo se moviera, pero esta vez era diferente porque sí se notaba que todo se podía resquebrajar, y el tiempo se extendía de manera extraña. Grité porque los pies se me estaban quemando, y bailaba como si la planta de mis pies estuvieran en brasas, en ese momento ya habían salido vecinos, los niños estaban reunidos con sus maestros afuera, las ventanas de otros edificios cercanos se estrellaban y yo apenas pude moverme a la sombra de un arbolito para que los pies no me dolieran. Nuevamente mi esposo me reclamaba por hacer mucho escándalo porque esto era un asunto serio. Cuando terminó me quedé con algunas nauseas, luego pondría que eso no había sido una cumbia, sino un slam, por lo brutal del movimiento, a diferencia del que fuera oscilatorio el 7 de septiembre.

Durante ese día…

Aunque estuve sacudida no pensé que fuera para tanto, total, en el área metropolitana ya debían de estar curados de espanto, o al menos eso pensé. El mutismo e incomunicación de las horas siguientes fue normal. Apagamos y cerramos gas, no había electricidad y yo me seguía riendo del incidente de los pies quemados, aunque ya teníamos nuestra maleta de emergencia, pero aún así fue notable la falta de memes en las redes sociales, cuando eso pasa quiere decir que sí ocurrió algo, y me negaba a creerlo pues estaba en escapismo, estábamos bien ¿no es así? Además estaba desvelada, entonces no podía ser mas que un mal sueño. En los minutos y horas siguientes caminamos desde la avenida Texcoco hasta la avenida Zaragoza, mi esposo se la pasó subiendo vídeos de cómo estaba el panorama, y procedí a compartirlos. Pero hubo otros que fueron más importantes, comenzó a salir información de los edificios y las casas derrumbadas, y en donde requerían la ayuda. El transporte estaba colapsado y había mucha gente que también quería llegar o comunicarse a sus casas, en nuestro caso corrimos con suerte porque la electricidad y el internet había regresado, y no había mucho que pudieramos hacer.

Para las cinco o seis de la tarde nos dimos cuenta que no habíamos comido nada, así que tratamos de ver qué encontrábamos para comer, entonces vimos que había riesgo de que cayeran transformadores, por lo que habían cerrado las esquinas de manera preventiva, muchos postes por la calle Escalerillas estaban inclinados y cuarteados. Entonces notamos que en un local de huaraches estaba abarrotado, y fue ahí donde comimos. Lo curioso fue que la encargada dijo que se sorprendieron de tener tanta gente, que seguramente fueron a comer ahí por el susto. Mi esposo y yo comimos porque no había más que se pudiera hacer, a pesar de que quisiéramos hacerlo

No fue hasta que iba a la mitad de mi huarache al pastor con quesillo y varios tragos a la Coca Cola de botella en que pude llorar del susto, no tanto por lo nuestro, sino por todo lo que vivimos, pensé en todas aquellas personas atrapadas, en los niños asustados, en quienes dormirían afuera, o aquellos que no tenían comida ni agua, aún me queda la sensación de mi cuerpo reaccionando por todo lo que pasó, la saliva y lagrimas salobres que me llenaron la cara por aquello que no podía controlar. Por ello no quise ni hablar ni decirle detalles de esto a mi familia, para no preocuparlos, tampoco había dicho que había conseguido un trabajo nocturno, aunque de cualquier manera era necesario externarlo. Respecto a eso, llamé varias veces y no me contestaban, luego en la página que se actualizaba constantemente de edificios derrumbados encontré que a dos cuadras de donde había trabajado el día anterior se había caído un edificio, en la calle Bretania, dentro de la colonia Zacahuitzco, y por más que trataba de comunicarme nadie me respondía.

En la noche me habló mi amigo Abdel Darío Duarte, solo para ver que estuviera bien, para poder recibir bien la señal del teléfono me asomé por la ventana, y en ese momento tuve la oportunidad de ver a un imbécil sacando su pene, y en twitter vi reportes de redes feministas que mencionaban a varios oportunistas que también querían aprovechar para cometer violaciones. De estos subhumanos nunca faltarán, pero se compensaba más con la colaboración y el ayudarse entre todos.

Ese día dormimos en nuestra casa, si es que se le puede llamar dormir a tener la radio encendida todo el tiempo y estar al pendiente de replicas o de sentir que el piso no se moviera.

Durante esa semana…

Luego de una noche de desvelo seguida del desvelo anterior, mi preocupación por no contactarme al trabajo me tenía al pendiente ¿se derribó también el edificio? No aparecía colapsado en informes, pero sí estaban colapsados cientos de edificios por Tlalpan, fuimos a casa de mis suegros, donde había vivido el primer terremoto, todos hablaban de cómo asimilaban su miedo, igualmente no pudieron dormir, la casa parecía haberse movido o inclinado (después determinarían que la casa estaba bien, lo que estaba mal era el muro que se había hundido). Por más que traté de comunicarme al trabajo no pude, por lo que el día miércoles falté. Varios amigos me pasaron enlaces sobre mis derechos como trabajadora, y uno de ellos incluía el faltar por causas de fuerza mayor, que no tenían que descontarme el día si algo fuera de mi control había pasado, aún así ¿cómo iba a saber si me descontaban o no si apenas llevaba un día? Entonces la ansiedad hizo lo suyo ¿era mala en producción por hacerlo?¿por qué no respondían mis correos?¿por qué no se contactan?¿perderé mi trabajo?¿Soy dispensable como millones de personas que lo fueron?¿no soy un elemento que sirva como las costureras de la fábrica en Chimalpopoca? Sentía que me enterraba en escombros de incertidumbre.

Ese miércoles en la mañana pudimos conseguir el carro para podernos acercar a la zona, íbamos con la expectativa de ver cómo estaba, pues ya había circulado mucha información que recomendaba no acercarse por los edificios derrumbados, teníamos listo el GPS de nuestros celulares y un mapa por si nos iban cerrando el paso, en la colonia había muchos anuncios de donde requerían ayuda, comida y voluntarios, el jardín de niños había cerrado, pero de ahí llevarían ayuda a Morelos y a Puebla, lo más que pude hacer fue dar latas de atún, pastas dentales y unas toallas sanitarias que sobraban. Me pudieron acercar al edificio en la calle Orinoco, no vi actividad ni gente, aunque el vigilante del edificio me dijo que los de la empresa se estaban mudando, pero no sabía a donde, me dijo que podía pasar a preguntar. Cuando entré vi que el edificio estaba vaciándose, me encontré con dos trabajadores y les expliqué la situación, uno de ellos logró pasarme el teléfono de mi jefe inmediato, y ubicarme a la zona donde me tocaba trabajar. Ese mismo día no pude ir porque todavía no lo ubicaba, así que falté también el jueves para amanecer viernes, pero por lo menos pude enterarme. Ya me había contactado Recursos Humanos, y de ahí me dijeron que aún faltaba que acomodasen cosas, mi zona de trabajo ahora estaba en Chapultepec. Disfruté mi último día libre cuando el jefe dijo “Aprovecha y duerme”, no recuerdo si ese día mi esposo y yo cenamos juntos, si fuimos a comer pizzas o si solamente me dormí de todo lo que no había dormido los días anteriores, pero para soltar un poco la rutina, regresé a trabajar la noche del viernes para amanecer en sábado, eso después de compartir durante varias horas información de donde se requería ayuda o quién necesitaba voluntarios o herramienta. Lo destacable esa semana para mí fue que una foto de un negocio de manicura decía que que sus ganancias las donaría para el terremoto, la puse en twitter y facebook el domingo lo compartieron en el twitter de Lopez Dóriga.

A las siguientes semanas…
Yo seguía cansada por el desvelo del trabajo nocturno y por ser muy lenta en mi productividad, también trataba de escribir o hacer ondas artísticas, como muchos lo hicieran a manera de apoyo, y para hacer catársis, y también todos se enternecieron con Frida Marina Chan, pero yo no asimilaba ni mi sueño ni mi realidad ni nada. Para en la tarde Miguel Perez me pasó su vivencia, le dije que yo aún no asimilaba, él pudo vivirlo un poco más de cerca al estar en el centro, ambos lo asimilamos de manera diferente, pero compartimos que provenimos de la misma zona fronteriza, por lo que compartimos la lejanía de poder comunicarlo todo.

Tuve la ventaja de adaptarme rápido al trabajo porque el metro dio servicio gratuito hasta el 30 de septiembre, me parece, también me gustó ver que estuviera despejado

Había veces que trataba de dormir y sentía que la cama se sacudía, no sabía si adjudicarlo a las réplicas o a mi imaginación, o al estrés postraumático (fue un tema que salió de inmediato), afortunadamente hubieron muchas brigadas que siguen tratando esto, quisiera poderlos ver, sin embargo, otra creación que sacaron fue el libro “El día en que la tierra se movió”, y también otros materiales que sirven para niños, pero como adulta asimilada, productiva y ansiosa, les diré: me han servido mucho.

El 6 de octubre me reuní con el grupo de Estudios de Estéticas de la Ciencia Ficción, pues me toca ver y también participar en organización del evento, fuera de hablar de nuestros temas de estudio, todos parecían haber asimilado rápido lo del terremoto, los envidiaba tanto porque parecían actuar de forma normal. Con este tropezón, resulta que un mes antes me habían pagado un viaje a Monterrey para presentar el libro “Lácrimas Fabula: la ira de Berserker” de Héctor Daniel Martinez, y aunque estaba entre el asimilar el terremoto y este otro pendiente, procuraba que no me recargara tanto, ya había recibido otra paga de compensación y apoyo por otros lados para regresar pronto a la Ciudad de México, este proceder tan apresurado ya me tenía crispada ¿acaso ya no volvería a dormir o a descansar? En lo breve que estuve en la Feria del Libro Monterrey varios me preguntaban que cómo había sido, y seguía con la misma cuestión, tuve muestras de empatía y solidaridad, y eso hizo aligerar mi incertidumbre.

Ahora he regresado a esa “normalidad”, con sus reservas porque ahora me he convertido en un ser nocturno que trabaja, pude decirle a mi familia y a amigos como me siento, sé que las preguntas seguirán. Al momento en que escribo esto me siento iluminada y como si una cortina de miedo se fuera de inmediato. Es cierto que el regreso a la normalidad caótica sigue, todo se está moviendo para que regresemos a producir, hacer y andar. Al final lo que nos queda es estar entre nosotros y ayudarnos, la empatía y la colaboración es lo que nos hace seguir adelante.