Curiosidades palermitanas (1)

Mi primera elección en Buenos Aires. Crónica de diez minutos de espera para votar.

Llego a la escuela porteña que me tocaba votar, en la entrada chequeo en qué mesa me toca votar: la 6668. El custodio frena y me dice ¿la seis-seis, seis-ocho?, tiene que hacer cola y esperar aquí no más en la vereda. Marcho a hacer la cola. Había unas quince personas delante de mí y cuando me ubico en el final, casi en automático, hago la pregunta que luego se repetirá entre la gente que fue arribando durante la espera: “Hola, esta cola es para la seis-seis seis ocho?”. Últimos en la cola se ubicaban dos jovencitos: uno, con barba, estudiante de ingeniería, el otro con acné, ingresante de la Uade de no sé qué carrera. Cuando empiezo a enganchar el hilo de la conversación sobre los beneficios de estudiar en la Uade “porque vas, cursás y volvés a tu casa”, arriba un señor con anteojos con marcos de carey marrones que me hace la pregunta de rigor. Sí, le contesto y sigo el diálogo, es decir, escuchar la conversación de los dos muchachitos seguidas de mis acotaciones mentales. No sé si se me habrá filtrado una opinión a través de un gesto –o para no tener que atajar mi reclamo- que el chico con barba me avisa: “te quería decir que entre nosotros dos hay una chica que va a volver porque tuvo que acompañar a su hermana embarazada a votar adentro, pero ya vuelve”. “No, sí, tranquilo”, le digo. Por alguna razón, que no sé si fue haberme visto descubierta de escuchar una conversación que no me correspondía o porque se imponía en el ambiente ponernos tensos, comienzo a escuchar con una frecuencia intermitente el “¿esta cola es para la seis-seis seis ocho?”. Primero, una señora de unos setenta largos. Después, una señora de unos ochenta. A continuación, una pareja y así… De repente, no sé si la señora de ochenta, la de setenta y pico, la pareja o vaya a saber quién preguntó por qué va lenta la cola, y otro que hace cuánto estamos esperando, que por qué estamos haciendo la cola afuera en lugar de esperar adentro, que por qué la seis-seis seis-ocho (no había otra forma de decirlo, quizás una clase de superstición para no nombrar en una de sus variantes el número de la bestia o porque es más acorde con el barrio fragmentar de ese modo los números) va más lenta cuando en la seis-seis seis-siete la gente entra y al minuto está volviendo a su casa… Por alguna razón, una mujer de unos cuarenta y pico decidió convertirse en la voz de todas las preguntas de la gente y comenzó a preguntar a las autoridades policiales que por qué la seis-seis seis-ocho tiene que hacer la cola afuera y no dentro del edificio. A medida de que fueron sumándose más personas, las voces comenzaron a ser cada vez más estridentes y entonces la seguridad de la escuela ordenó que pasáramos diez. Una vez adentro del edificio, las cosas no cambiaron demasiado. La mujer de los cuarenta y pico, representante de estos minutos de protesta electoral comenzó a encolerizarse, y la señora de ochenta a gritar que es una vergüenza, que el que dirige el escrutinio no sirve para nada, el muchacho de la pareja joven planteó que había que hacer la denuncia, y los gritos y los insultos comenzaron a elevarse cada vez más, y una mujer, que parecía la encargada del escrutinio que le gritaba a la mujer de los cuarenta y pico que quién era ella para cuestionar su profesionalismo. Y la de cuarenta y pico le replicaba que ella no estaba por ella, que ella ya había votado, que sin embargo lo hacía en nombre de todos los que no habían votado. Y la mujer de ochenta, que pegaba gritos con ronquidos, pero una mujer de unos sesenta le dijo “tranquilízate, no grites, que te vas a quedar ronca” pero la mujer de ochenta dijo “no me importa quedarme Bronca, porque así va el país”, y para entonces la mujer de los setenta y pico ya se había alejado de la de ochenta y se quedó callada, la pareja empezó a hablar de que en Neuquén la gente iba a votar con ceniza, que ahí se complicaban las cosas; el señor de los anteojos de carey marrón que murmura “ya sé a quién va a votar esta vieja” y los chicos, el de barba de ingeniería y el de acné de la Uade, resultaron hermanos, lo supe cuando escucho que chrarlan con la chica a la que le habían guardado el lugar porque su hermana está embarazada. La chica es profesora de inglés, y les recomienda que no pierdan el ritmo de estudio, que es preferible el Toefl antes que el First. Hasta que llego a la mesa y pienso qué diminuto es el espacio del pasillo para votar en la seis-seis seis ocho, le muestro al presidente de mesa mi DNI y el tipo le canta al resto de la mesa doscientos veintiséis. Mi voto fue de medio minuto. El señor de los anteojos de carey entrega su DNI al presidente de mesa. Firmo. La señora de los ochenta entrega su DNI y la señora de setenta y pico, hablando con su celular, le da instrucciones a alguien que compre masitas en la confitería para juntarse a tomar el té, tipo seis-seis y veinte.