Damn!
I wish I was your lover…
A esta canción la recuerdo por la escena final de un capítulo de Beverly Hills 90210. En ella, Kelly y Dylan se encuentran en la playa, frente a una fogata, en un escenario casi idílico de no ser porque ambos comparten una gran preocupación: cómo confesarle a Brenda que tuvieron un romance durante el verano, mientras ella estaba en Francia, con las agravantes de que la chica era su mejor amiga, y el joven, su novio.
A veces pasa que te gusta mucho alguien, que empiezas a crear películas mentales acerca de lo genial que sería estar con esa persona y ser su “amante” en toda la expresión de la palabra. A veces pasa que ese alguien tiene a otro alguien, que es, de hecho, su amante “oficial”. Y a veces pasa que te enteras, pero también puede suceder que nunca sepas de la existencia del otro alguien. Y que algo surja entre tú y alguien.
Algunas personas piensan que existen indicios de que algo no es para ellas. Cuando te gusta un alguien que está con otro alguien, y a la vez quiere estar contigo pero sin dejar a la otra persona, eso tal vez no deba ser. Ese alguien no sólo no te da tu lugar, sino que tampoco se lo da a su pareja. Y al final, sufres. Sufren varias personas. Hay dolor.
You’re the only shoe that fits, dice esta canción. No siempre tienes esa seguridad. Hay zapatos que te quedan mal o te producen molestias, pero te empeñas en usarlos, pues te gustan mucho. Los usas aunque eso implique encoger los dedos porque son chicos o usar curitas porque te causan heridas. A veces lo mejor es dejar de usarlos y hallar otro par que se ajuste a tus pies, que te permita caminar, avanzar, pasar a lo que sigue…
Los zapatos deben quedarte a la perfección, sin heridas y sin encoger los dedos. Deben ser casi una extensión de tus pies. Mereces ese par único que sea una apoyo, y no un obstáculo, para caminar. Mereces llegar muy lejos. Mereces ser feliz.