Hasta siempre, Chris

Cuando muere alguien famoso, las redes sociales, particulamente Twitter, se vuelven insoportables. Están los que lamentan el deceso sinceramente; los que lo lamentan por seguir el tema en boga; los que hablan mal de la persona fallecida y se dedican a enlistar sus defectos en vida; los que demeritan sus logros o aquello por lo que eran conocidos; los que tachan de imbéciles a quienes entristecieron por esa muerte; los que dicen que ellos sí son verdaderos fans y otros fans no pueden ser fans; los que dicen que, en su calidad de admiradores supremos, tienen el derecho exclusivo a llorar la muerte y los demás no; los que dicen que eran quienes más admiraban a la celebridad en cuestión en todo el universo, que ni su mamá lo amaba tanto; los que dicen que los gustos y opiniones de quienes estamos en cierto grupo de edades simplemente no cuentan… En fin, cada loco con su tema, aunque el tema, casi siempre, es tener la razón absoluta.

A Chris Cornell lo conocí por el año 92, después de Nirvana, a pesar de que Soundgarden fue la primera banda de grunge en firmar con una disquera grande. Recuerdo que me gustaba mucho “Hunger Strike”, de Temple of the Dog, una banda formada por los miembros de Pearl Jam y por Cornell, cuya voz desde entonces me cautivó, independientemente de su gran atractivo físico. Cuando lo vi en Singles como el vecino que se detiene a apreciar la potencia de un autoestéreo, mi amor por él se fue hasta las nubes y fantaseaba con que compartiéramos las camisas de franela y nos diéramos de besos todo el tiempo.

A inicios de los años noventa, como buena adolescente, cambié de estilo infinidad de veces, y la vestimenta grunge tuvo cabida en mis adaptaciones de la estética propia de las corrientes musicales con las cuales tuve afinidad. Las franelas, los jeans holgados y las botas eran mi uniforme y me daban un sentido de pertenencia que no había experimentado antes. A pesar de que con el tiempo se fueron modificando mis elecciones en cuanto a moda, eso no sucedió con mi gusto por la música de Nirvana, Alice in Chains, Pearl Jam y, por supuesto, Soundgarden.

Me resulta muy doloroso leer lo que se dice acerca de Chris Cornell; también me duele en el alma que haya decidido quitarse la vida, pero no lo juzgo ni me enojo: nadie más que él sabía lo que le atormentaba, y nadie más que él conoció el porqué de su elección. Todo el día me he sentido muy triste porque su música es una parte importantísima de mi vida, porque sé que fui afortunada al poder verlo cantando en vivo, y porque de alguna manera me ayudó a salir adelante del desastre que fueron la secundaria y la preparatoria para mí. El llanto vino, sin embargo, hasta que oí su voz aislada cantando “Black Hole Sun”: en ese momento caí en la cuenta de que no la escucharemos más.

Cada vez soporto menos los comentarios burlones o las comparaciones acerca de quién merece vivir o qué méritos debe tener para que su existencia sea considerada como valiosa. Si determináramos el derecho a la vida con base en lo que cada quien considera loable o digno de ser preservado, nos mataríamos unos a otros hasta desaparecer a la raza humana, o ejecutaríamos toda clase de actos terribles en pos de “purificar” a la humanidad y conservar a las personas aceptables según los parámetros de unos cuantos.

Hoy me vino a la mente esta canción, y al escuchar con detenimiento la letra, pienso que Chris Cornell ya daba pistas de lo que le sucedía, del dolor que guardaba dentro de sí. En muchas ocasiones vemos a una persona e ignoramos lo que pasa en su interior porque nos muestra una cara que oculta la realidad, y por ende, vivimos ignorándola hasta que ocurren eventos desafortunados. Me resisto a juzgar a Chris porque no tengo conocimiento de causa y porque cualquiera pudo estar en su lugar; quitarse la vida es una decisión que podría tomar un ser querido, alguno de nuestros mejores amigos, alguna de las personas a nuestro alrededor, algún conocido… Como dice la mamá de mi mejor amigo, no sabemos lo que hay detrás, y ciertamente, desconocemos lo que orilla a una persona a hacer algo así.

I must obey the rules
I must be tame and cook
No staring at the clouds
I must stay on the ground
In clusters of the mice
The smoke is in our eyes
Like babies on display
Like angels in a cage
I must be pure and true
I must contain my views
There must be something else
There must be something good
Far away…

Esta muerte me afectó muchísimo porque Chris Cornell está presente en cientos de recuerdos, sentimientos, anécdotas que atesoro con amor, pues son de mis mejores posesiones, ésas que nadie podrá quitarme jamás.

La foto es de hace 4 años, cuando Soundgarden vino a México.

No one sings like you anymore…

Hasta siempre, Chris. Te amé muchísimo.

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