Hay una grieta en mi corazón

Han pasado tres años desde que Gustavo Cerati se fue. A pesar de que ya no se encuentra en este mundo, sigue dando de qué hablar, sea esto positivo o negativo, se sigue cuestionando su calidad como músico y compositor, y se sigue ensalzando su importancia para la música latinoamericana.

Generalmente intento no decir nada al respecto porque mi opinión no es objetiva, pues hay una carga sentimental, y tampoco es fundamentada, porque no soy experta en música, pero es muy mía y, muy a mi manera, me hace recordar a Gustavo con amor y un profundo respeto a su herencia musical y lírica.

En un lugar en el que trabajé, en alguna capacitación que nos dieron, hablaron acerca de dejar un legado. “¿Cuál será tu legado?”, preguntaban; ciertamente, yo no sabía cuál iba a ser el mío, y hasta el día de hoy, muchos años después de aquel curso, aún no lo sé, pero pienso que probablemente no deje ninguno. Sin embargo, hay personas que dejan un gran vacío, una enorme grieta en el corazón de quienes los conocieron: ése es el caso de Cerati.

“Cuando pase el temblor”, a pesar del tema, es una canción que para mí representa algo positivo, pues entre los escombros hay algo renace. El mundo no es color de rosa, suceden cosas terribles todo el tiempo, en todas partes, pero si hay algo que nos salva, es el amor. La letra me recuerda a este cuento de Heinrich von Kleist, en el que ocurre una desgracia tras otra, pero el amor, al final, es lo que salva (casi) todo y a (casi) todos.

Al igual que el amor pude levantarnos de las ruinas, también tiene la capacidad de mantener vivo un recuerdo, de hacernos apreciar aquello que nos legaron. No voy a decir que la de Gustavo era la mejor música, pero para mí significa mucho porque fue su medio para entregarse a quienes lo amamos, fue su manera de expresar lo que sentía, lo que prefirió decir entre acordes y versos, y que llegó a dominar con maestría.

En mi corazón hay muchas grietas; la más grande de ellas es la muerte de mi padre, y le siguen las de otros seres queridos, entre ellos Cerati. Lo vi, lo escuché en vivo, pero nunca estuve cerca de él, al menos no tanto como para poder hablarle y decirle lo mucho que significaba para mí, pero mientras me queden sus canciones, su música, y mientras esa grieta en mi corazón siga recordándomelo, sentiré que algo surge de las ruinas, que él vive en alguna parte, que su esencia está aquí, que su espíritu no se ha ido.

Gracias, Gustavo, por tanto. Gracias por siempre.

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