El hombre que ya dijo todo

El día del lanzamiento de su último trabajo, “Random”, Charly García salió en limusina y firmó discos a sus fanáticos.

El bigote bicolor es el sello del ícono del rock nacional hacia su madre. Toda su identidad musical iba a tener que ver con esa contradicción. Ella quería que fuese un músico concertista, y él quiso ser la única estrella de rock de la Argentina. Según la Revista Rolling Stone, el vitíligo fue por los días de desarraigo materno a los cuatro años. Jamás le perdonó la internación a una clínica psiquiátrica, en los 90. Con los mismos “encargados de los centros de detención de los presos políticos, o los chupados de los setenta, fíjate” dijo en una entrevista para el programa “Historias Verdaderas” en 2002. Charly es, y será, el padre de todos. “Voy a cobrarles a quienes les hice la carrera”, dijo en ese reportaje. Cautivó a tres generaciones con sus canciones, sus excesos, y sus verdades pintarrajeadas en las paredes de su casa. Él es la obra de arte que se empieza a quedar solo, aunque lo salvó Palito Ortega para que el genio no se apague.

De pibe, su padre Carlos García Lange tenía una productora donde se juntaban los grandes de la música: Mercedes Sosa o Eduardo Falú, componían el escenario perfecto para que se gestara un Charly García. Antes de los 5 años, le dijo al guitarrista que tenía una cuerda desafinada, a lo que Carmen Moreno se incomodó con la pomposidad de una señora de clase media alta y dijo “cállate.. son cosas de chicos”. El niño le marcó la quinta en “La”, y ahí se dieron cuenta de su oído absoluto.

De la música clásica al Rock. El problema, según el biógrafo Sergio Marchi, no fueron los Beatles, ni la guitarra. Sino que “un día le cortó las cortinas a su madre para hacerse un chaleco al estilo Brian Jones”. Charly parece que se va a quebrar en cualquier momento. Por sus delgadas piernas que cubre siempre con calzas de colores, o su hablar arrastrado y lleno de saliva: la huella de todas las drogas, en el nombre del genio incomprendido.

En el Programa “Soy lo que soy” en 2013, confesó que de joven había escuchado que “cuando uno más sufre, más se eleva”, entonces llegó a cortarse las venas con alambre de púa. Seguramente no fue esa la razón por la que Isabelita censuró “Botas locas” y “Juan Represión”, de Sui Generis. Junto a Nito Mestre, forjaron uno de los grupos musicales más exitosos y legendarios. Sus letras se referían a la situación política que se vivía en Argentina, que se agravaría a partir del Golpe de Estado de 1976.Después vino Serú Giran, “Canción de Alicia en el país”, “No llores por mí, Argentina” en el ’82 y un legado que lo convertiría en el genio artístico. Una carrera solista repleta de caos, delirios, alegorías y un talento que fue cambiando junto con él, pero se mantiene intacto.

Para su hermano Carlos, “es un ser divino, es música”. Los argentinos llevan sus canciones en el ADN, parte del tesoro nacional. “Say No More” terminó siendo “Parte de la religión”. Acercándose a los setenta se lo ve como una viejita a la que le tienen que alcanzar la chata. Y dan ganas de abrazarlo. Sin embargo es Charly, el que vio “las nuevas olas siendo parte del mar”, el que late en el pecho como el himno nacional. Ya dijo todo. “Será como yo lo imagino, o será un mundo feliz”. Carlos García Moreno es como todos, pero es de esos que no se morirán nunca.

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