RETIRO AL ROJO VIVO

En los últimos meses la zona de la terminal suma vendedores ambulantes que intentan vivir de la oferta de diversos productos.

Cada vez más desocupados eligen la zona de Retiro para llegar a fin de mes con la venta callejera. Si bien la competencia “es cada vez mayor”, la gente compra menos. Ahora se sumaron otras nacionalidades con el ingreso de africanos al país.

Accesorios para celulares, frazadas, zapatillas y comida se encuentran en las veredas de Retiro y miles de porteños se cruzan con esta imagen urbana diariamente. “Lleve señora, está barato” retumba en las calles aledañas a la entrada de las estaciones de tren y de ómnibus.

Argentinos, de todas las provincias, y africanos tienen un mismo objetivo: vender sus productos para lograr tener un plato de comida o un lugar para dormir. Para Miguel, un puestero que vende pañuelitos en la zona de retiro, es una “época difícil porque no se vende y la gente no tiene plata”. Además destacó que en la actualidad hay más competencia porque mucha gente que se quedó sin trabajo sale a vender a la calle y eso, según contó, se nota cuando va a los mayoristas: “Ahí se juntan todos y dicen no tengo laburo, tengo que salir a vender, ¿qué voy a hacer?”. “Acá todos estamos afectados porque al no vender no tenemos ingreso” explicó.

Este hombre de 40 años hace dos décadas que se dedica a la venta en la zona por lo que recuerda varias situaciones del país. Se remontó al 2001 para comparar épocas y, desanimado, recordó “toda esa movida que hubo”. Aun así, afirmó que “no se sentía tanto porque igual la gente compraba porque salía más barato, pero ahora no se puede”. “Como dicen ahora el que menos gana tiene que ganar 15 mil pesos y no lo llegamos a ganar nosotros” aseguró. Lamento que a veces le compran un solo paquete en vez de llevarse los dos a diez pesos.

Vive en Avellaneda, con su esposa y no tiene hijos. Es el único sostén de la casa y con los pañuelitos llega a recaudar ocho mil pesos por mes. “Con eso tengo que comer, pagar el alquiler, todo y estoy por debajo de la pobreza” dijo con preocupación. Antes “para nosotros, los pobres, estaba mejor, para los ricos no” reflexionó.

Alfredo, vendedor de chipa desde hace 25 años, asegura que “el gobierno no quiere que nadie trabaje” y para el la problemática se agudizó con la llegada de africanos a la zona. “Hace unos años que vinieron excesivamente los senegaleses” dijo y recordó que la ex presidenta “Cristina los habilito para que vengan a trabajar al campo huyendo del ébola”. Este chaqueño de 62 años asegura estar cansado de que les retengan la mercadería pero a los ”negros no les hacen nada porque ellos les pegan cuando vienen a sacarlos y se arman unas batallas bárbaras”.

En relación a los permisos, el vendedor comentó que “siempre buscaron pagar un canon” para poder trabajar sin problemas. Al tiempo que cargo contra el actual Jefe de Gobierno Porteño, Horacio Rodriguez Larreta: “Quiere que nos muramos de hambre y salgamos a robar. Sino nos dejarían pagar un canon como hacen en todos los países que pagas 100 o 200 por día y trabajas tranquilo. Pero estos no quieren saber nada.”

Los lunes, según Alfredo, son los días más difíciles. El chaqueño indicó que “viene la policía de civil, rodean todo el área y te invitan no vender más” hasta retenerte el DNI. “En total me sacaron casi 14 mil pesos en tres operativos” contó y afirmó que una vez le llevaron el brasero por lo que lo tuvo que volver a comprar.

“TODO BARATO PARA CHICOS”

Algunos vendedores se quejan de la presencia multitudianaria de africanos, y será por eso que la mayoría se muestra reticente a hablar ante un grabador y contar de dónde vienen. “¿Qué quiere saber?” dicen mientras ofrecen cintos, billeteras o anteojos de todo tipo y luego piden que se corte la grabación. Pero hay uno que se lo ve alegre bajo la lluvia. Con el atuendo que trajo de Senegal hace cuatro años Jalil explicó que hace dos meses que está vendiendo spiners en Retiro, después de que los sacaran de Once el año pasado. Este hombre de 37 años se vino a Argentina para ayudar a su familia que quedo allá conformada por dos mujeres. Se ríe ante la pregunta de cómo se llevan con la policía y fue muy concreto: “Como policía, pero así es la vida”. Contó que algunos alguna vez se pelearon con la autoridad pero que él prefiere que no. Aseguró que antes se trabajaba “más tranquilo porque no corrían tanto” y “ahora la venta está floja porque la gente no tiene plata” y ellos dependen de la gente.

DOMINGO SIN CONTROLES

El domingo muchos vendedores aprovechan la falta de control para asegurarse algunas ventas durante la jornada. Javier es oriundo de Perú, tiene 40 años y 5 hijos. Hace un año lo despidieron de su trabajo en un lavadero de coches por ser uno de los últimos ingresos. Afirmó que por su edad no lo tomaban en ningún lado porque “los trabajos se los dan a los de 23”. Por eso, utilizó la indemnización para comprar algo de ropa de niños y sale a vender en distintas ferias de provincia de lunes a viernes. Con lo que gana le alcanza para comprar comida y pagar algunos servicios.

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