Laura Yofe
Jul 27, 2017 · 2 min read

Terapia

Habré tenido unos 7 u 8 años cuando por primera vez sentí esa pulsión por sentarme a escribir lo que pensaba y sentía. Fue una poesía dedicada a “La Leñera”, una lámina de Berni que estaba colgada en el living de mi casa. No sabía nada de métrica y rima y así y todo, las 3 o 4 estrofas fluían armoniosamente entre rima consonante y versos de arte menor.

Tal vez porque no me costaba y lo hacía en un ratito, en la escuela era muy vaga para escribir. Siempre terminaba completando carpetas al final del trimestre, los resúmenes y redacciones salían siempre en el último minuto. Mi mamá me retaba pero finalmente terminaba con excelentes notas, aplauso, medalla y beso.

English Language I y II en la facultad me demandaron más responsabilidad y la obligación de entregar los escritos a tiempo además de mucha lectura y análisis para desarrollar distintos temas. Ya no era “redacción tema: la vaca”, y si bien no me costaba escribir, si me costaba horrores sentarme a hacerlo, procastinaba hasta último momento. Me acuerdo como si fuera ayer la velocidad con la que en dos días escribí los 10 ensayos que me faltaban presentar para regularizar Language II, y a mí profesora (Ma Elena Billota del Josefina Conte en Corrientes) diciendo que con lo lindo que escribía era una pena que no lo hiciera con más amor.

Gracias a Language III incursioné en otros géneros: short stories, textos académicos y muchos essays. Me encantaba escribir pero siempre, siempre, me costaba sentarme a hacerlo. Porque, claro, recién me podía sentar cuando se me ordenaban las ideas y a partir de ahí fluían las palabras.

Desde entonces a ahora seguí escribiendo, siempre a escondidas o en privado. En su momento fueron cartas que se mandaban por correo (era tan mágico poner la estampilla y tirar el sobre en el buzón!), después fueron emails, luego una carpeta en Mis Documentos que nadie pudiera descubrir, y últimamente notas en el celular. Es que lo que escribo es tan mío! y a diferencia de los años de estudio, ahora lo hago porque a través de las palabras ordeno mi cabeza (y muchas veces mi corazón), funciona al revés y es terapéutico. Y además me gusta. No todo es autoreferencial, también me gusta contar con mi mirada y usando la imaginación historias que son prestadas. Y aunque en algún punto me sienta vulnerable al compartirlo, ya no me da vergüenza.

Porque con lo difícil que me resulta expresar de frente lo que me pasa y lo que siento, encontré la forma casi perfecta de sacar lo que de otra forma se me quedaba adentro.

Algunos cocinan, otros cantan o tocan la guitarra o pintan. Están los que se enferman. Yo, escribo.

    Laura Yofe

    Written by

    Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
    Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
    Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade