El Mercader de Incienso, Salim Alafenisch

Un conjunto de cuentos de estilo oriental narrados como una madre los contaría a sus hijos alrededor del fuego. Enriquecedor en cuanto al conocimiento de una cultura y de una forma concreta de narrar. Cuentos con doblez y engaños, que pueden provocar la carcajada del lector o hacerle levantar la ceja de pura incomprensión, según cómo se acerque al texto; se muestra una moral basada en el “todo vale por amor”, sin tener en cuenta las consecuencias de los propios actos. Se puede robar, mentir o ser infiel si es por amor.

Para un lector de vida sedentaria, es toda una iniciación en la vida nómada y el contacto con la naturaleza y los animales, de los que se depende para vivir. No se personalizan sino que se valoran como lo que son: bienes necesarios. Es también llamativa, por la novedad para quien no la conozca, la escala de valores de los bienes en el desierto. Asimismo, se aprecian las arraigadas y fuertes costumbres, especialmente en materia de celebraciones. Puede hacer mirar atrás y llorar por las tradiciones y costumbres perdidas en las grandes ciudades. Se agradece esta velada invitación a reflexionar.

Mirado en clave feminista, nefasto de forma, pero las mujeres son siempre las más listas de estos relatos, a pesar del modo en que, externamente, viven. No queda duda de que saben vivir, saben manejar los modos para salirse con la suya. Un claro ejemplo de que las apariencias engañan.

Un libro que me alegro de haber leído pero que no recomendaría ni volvería a leer. Me quedo con la naturalidad con la que relata, propia de un entorno en el que se narra, donde el relato es parte del día a día, un arte que se lleva con sencillez y se domina como un maestro. El contador de historias.