La Bella y la Bestia, de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont

Leer la versión original de una historia que pensamos conocer. Esta, la Bella y la Bestia, es una fábula con moraleja final, que alaba la virtud, donde los buenos son premiados con la felicidad y los perversos, castigados. Me ha gustado ver que Bella tiene más familia además de su padre y que Gastón es una ficción posterior. No hacía falta en este cuento de línea simple y recta, con protagonistas bien definidos, donde lo blanco es blanco y lo negro, negro, sin matices, como los cuentos infantiles de toda la vida. Presentación, nudo y desenlace, pero sin grandes tensiones, predecible, porque sabemos que ganarán los buenos, que Bella será feliz.

Es un cuento que nos remite a una época concreta, mostrando valores que carecen de caducidad temporal, como la bondad, la diligencia, el amor por la sabiduría o la humildad. Quizá para el lector de hoy, esta Bella sea algo sosa o aburrida y se echan de menos los personajes del castillo a los que Disney dio vida en forma de muebles y vajilla, Lumiere, Dindon, la señora Potts, Chip… los amigos de Bella en el castillo, que está solitario sin ellos.

Me ha encantado el personaje del padre, muy bien retratado, un secundario que deja buen sabor de boca, el personaje más contemporáneo de la obra, por sus modos de actuar y reaccionar. Grande.

La presencia de la magia es la salsa del cuento. Aparece cuando menos lo esperas, cuando ya el lector ya se ha situado en un contexto de cuento realista, con sus momentos duros, como la bancarrota familiar. Remarca la generosidad de la Bestia y da movimiento al relato, le da alas.

Breve, abre una pequeña rendija a un mundo de fantasía que no pierde actualidad a pesar de las formas de época.

Belén Halcón