Caracas, ciudad motorizada



Un escrito dirigido a los emigrantes que tienen tiempo
sin visitar a Venezuela

Mi esposa y yo salimos de Venezuela hace 6 años y dejamos atras un caos absoluto en todos los aspectos de la vida cotidiana, seguramente igual que el lector del presente. Nuestras visitas han sido poco frecuentes y casualmente durante períodos álgidos de desabastecimiento, inseguridad y anarquia.

Sin embargo, esta semana durante mi mas reciente viaje a visitar a la familia, noté algo particular en el comportamiento del ciudadano caraqueño que quiero compartir.

No es del todo sorprendente que las importaciones y ventas de motocicletas se haya disparado en los ultimos años. La escacez de autos nuevos, los precios exhorbitantes de autos usados, la congestión vehicular a toda hora y el riesgo de seguridad que implica estar sentado en un carro durante horas a la merced del hampa en calles avenidas y autopistas, han hecho que ciudadanos de la clase media baja, media alta y alta (si es que de eso queda) acudan a recursos extraordinarios para adquirir motos bien sea de alto cilindraje, de trabajo, de cross, de touring, de paseo, chiquitas o grandes, chinas o alemanas, baratas o caras.

El resultado es una absoluta sobre población de maquinas de dos ruedas circulando por Caracas. Si Ud cree que cuando Ud visitó la ciudad ya habia muchas motos, dejeme decirle que no vio nada. Se ha convertido en el tipo de organizaciones desorganizadas de Asia, en donde burros, carretas y motos comparten vias con transporte masivo, y mas nada. En Caracas sólo faltan los burros. Al menos aquellos a los que estudia la zoología.

De mis pocos amigos que quedan allá, la mayoria tiene moto y la usan para su transporte diario. Por esa simple razón, mi aversión a estos motorizados se había reducido un poco antes de aterrizar, pero se ha exacerbado al conducir por solo unos minutos por Las Mercedes, Altamira, Boleita o el centro. Mi conclusion es que las motos inculcan una mentalidad de motorizado bajo los parámetros que paso a describir, independientemente de tu background social:

Caos en el orden Caraqueño

Para ellos no hay reglas. Las lineas blancas del asfalto son para los tontos detras de un volante y sobre cuatro (o mas) ruedas. Por ende, si Ud se atreve a usar la luz de cruce solo recibira cornetazos e insultos. Si no la usa, recibirá cascazos y patadas en su auto. Si esta esperando de primero el cambio de luz del semaforo a verde, Ud tiene que esperar que los 12 motorizados que le rodean arranquen primero y le den uno que otro centímetro de espacio personal. No toque corneta. No se le ocurra cruzar en el rayado peatonal (es de ellos) y la acera tampoco es para su uso, sino para ellos estacionar.

Son parte de un problema mas facil de esconder que de resolver. Son tantos y tan agremiados, tan poderosos y mafiosos que en lugar de ser fiscalizados, censados y controlados, el gobierno prefiere crear estructuras paralelas. Para que no congestionen la autopista bajo los puentes cuando llueve, no se les obliga a circular y mojarse como en todo el mundo, sino que se les crean “refugios” al margen de las vias expresas, por ejemplo. En lugar de prohibir o legislar el “moto taxi” se adopta como medio de transporte oficial alternativo para empleados públicos. En lugar de detener a los que no porten el nuevo chaleco de identificación (gran idea copiada de Colombia, pesimamente implementada), se les deja circular como si no existiera la normativa. Los pendejos son los que se lo ponen, aparentemente.

Son los reyes de la ley y el orden. Son los que acuden en masa a amedrentar a los medios y personas de oposición (cuando había), son los que patrullan los barrios y son los que acuden a auxiliar a un agremiado en caso de accidente -aunque auxiliar es un termino demasiado generoso para una avalancha violenta y amedrentadora, sin importar quien y como causó el accidente-. Lideran los entierros populares, encabezan procesiones y hacen carreras y “caballitos” en cualquier via, hora y condición.

Y podria extenderme por varias páginas explicando el desagradable sentimiento que me embarga al ver que no solo son mas, sino que estan mas cerca, como los barrios, y como las víctimas de la inseguridad. Mis amigos que solo han encontrado en ese medio de transporte tan peligroso a la única alternativa “segura” y rapida de movilizarse se han convertido en uno mas de la población de insectos infecciosos que saturan las calles de las que otrora fuera una gran ciudad, con la mejor infraestructura de Latino America.

Solo quiero para mis amigos algo mejor que eso, y para mi pais algo mejor que ser un pais motorizado. Caracas ya no se salva.