Comprar en tienda física puede salirte (mucho) más caro

Esta es mi experiencia


El comercio a través de Internet está en claro auge. Cada vez son más las compras que realizamos online, ya que nos permite ahorrar en comodidad y, muchas veces, dinero. Pero también es cierto que muchas veces preferimos comprar en tienda física, puesto que no tenemos que esperar a que nos envíen el producto a casa y, además, podemos verlo antes de hacer la compra.

Sin embargo, cada vez supone un riesgo mayor comprar en tiendas físicas. Entiéndase bien. No estoy tratando hacer una crítica hacia el comercio tradicional. Ni tampoco pretendo erradicar las tiendas físicas, ya que cuentan con un factor importantísimo que ninguna web puede ofrecernos al comprar online: el factor humano. Un dependiente de carne y hueso, con el que poder tratar.

Pese a esto, parece que hay grandes almacenes que están decididos a cargarse cualquier experiencia en la compra de productos en tienda física, haciendo que cada vez me de más reparo ir a sus tiendas. A raíz de mis propias experiencias y de otros conocidos, está claro que muchas veces el servicio de venta y atención al cliente ha caído en picado en muchos casos. Expondré brevemente mis dos últimas experiencias en este aspecto, una con final feliz y otra, no tanto.

Ejemplo número uno

Hace unos meses fui a comprarle un smartphone a mi hermana en una cadena de tiendas de electrónica (no daré nombres) aprovechando que tenía una tarjeta regalo de 100 euros, la cual pensaba usar para pagar parte de la compra del terminal. Ya tenía fichado un modelo en su página web, que tenía un descuento interesante sobre su precio inicial. La tarjeta regalo únicamente era válida para compras en tienda física, por lo que me desplacé hasta allí para realizar la compra. Lo que me dijeron al llegar fue, a grandes rasgos, que la oferta sólo era válida en la web (a pesar de que no estaba especificado), que a ellos no les constaba y, por lo tanto, no podían aplicarme el descuento que yo había visto. Craso error. Me fui sin comprar nada y muy malhumorado.

Ejemplo número dos

Ayer, aprovechando la prolongación del Black Friday que suelen hacer muchas grandes superficies durante todo el fin de semana, me desplacé hasta una de ellas para adquirir una Smart TV, que previamente había visto por Internet, pero que quería ver en persona. Al llegar, para mi sorpresa, el modelo elegido tenía un precio 90 euros mayor al de la web. Agarré mi iPhone y busqué el modelo en la tienda online para enseñárselo al dependiente que me estaba atendiendo y mostrarle que sí tenía un descuento. Al verificarlo, me dijo que no había problema, que me igualaba el precio de la web. De no haberlo hecho, podría haber hecho el pedido por Internet y me habría llegado a casa en tres días, pero es todo un detalle que lo hagan directamente en la tienda. Resumiendo: si no llego a consultar previamente la web en casa, podría haberme llevado la misma televisión, sólo que pagando 90 euros más.

Son muchos los casos que podemos ver a diario donde la nefasta atención al cliente hace que este salga muy cabreado de algunos establecimientos, algo que, en mi opinión, las grandes empresas deberían tomarse mucho más en serio.

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