Quisiera decirle, presidente

La Diletante
Feb 21 · 4 min read
Fotografía de María f/Ruiz @maria__rz

Este texto es un grito hecho letras, grafemas que buscan ser melodía en medio de la estridencia.

Es un bálsamo que me confeccioné por la urgencia de paliar esta realidad.

Es una carta que quiere bogar sobre el océano digital tan contaminado con noticias petróleo, noticias pestilentes que hunden nuestras embarcaciones y que ya inundaron todas nuestras costas.

Encima de todo, es un abrazo, un abrazo enorme para quienes no perdemos la esperanza.


Andrés Manuel López Obrador,

Quisiera encontrar un espacio tiempo en el que nos sentáramos. Lejos de cámaras y micrófonos. Probablemente olería a café. Quisiera encontrar un espacio tiempo en el que nos miráramos. Lejos de colores partidarios y eventos masivos. Probablemente sonaría música en un local cercano…

Quisiera decirle, presidente, ¡Tienes todo para hacerlo bien! ¡Todo, todo! Nos tienes aquí. Escúchalas, escúchalos, escúchate. Aprendamos cómo, aprendamos juntas.

Quisiera decirle, presidente, yo no quiero que renuncies. Quiero que luches incansablemente para llevar a cabo lo que prometiste: procurar justicia y reparación para las víctimas.

Quisiera decirle, presidente, hay tantas y tantos que llevan pensándonos por larguísimo tiempo, que ya han encontrado vías para empezar a cerrar el paso a este ciclo de violencia, para sembrar los granos que queremos y dejar de cosechar tragedias. Tienen las propuestas, necesitan el aparato que lideras para ponerlas en práctica, necesitamos sumar.

Quisiera decirle, presidente, no somos nosotras contra ustedes, somos todas por todas, por ti, por mí, por ella, por nosotras.

Quisiera decirle, presidente, que hay cientos, miles que sanan a sus comunidades desde la consciencia de que no existimos las unas sin las otras; que ya construyen oasis de futuro en este presente lóbrego. Adoptemos su sabiduría, los caminos previamente recorridos son más fáciles de andar.

Quisiera decirle, a la persona que cuenta con más posibilidades para impedir que el averno nos engulla del todo, que solo juntando esfuerzos es posible, solo desde el amor hay renacimiento.


Llevo días que no quiero pararme de la cama. No quiero abrir los ojos porque los sueños más macabros son nuestras calles y vecinos. Y no, no son monstruos. Son hijos de nuestra sociedad.

Son nuestros.

Y nos roban a nuestras hijas, abuelas, novias, hermanas, madres, amigas, nietas, esposas, sobrinas.

Son nuestras.

Son suyas también, de quien las mató y de quien permitió que las matara. Son sus hijas, abuelas, novias, hermanas, madres, amigas, nietas, esposas, sobrinas.

Somos una y nos estamos destazando.

El peligro inherente a las palabras es que al enunciarlas cobran cuerpo. Así que lo dicho: los feminicidas no son monstruos, son hijos del país que compartimos. Son hijos del machismo, de la desigualdad, de la impunidad, de la desesperanza. Son hijos de todo lo que prometiste combatir, presidente.

¿Viva México? Yo no quiero que esto viva.

Quiero que viva Fátima Cecilia.

Quiero que viva Ingrid.

Quiero que viva Lesvy.

Quiero que viva Abril.

Quiero que viva Mara.

Quiero que viva Mariana.

Quiero que vivan todas las mujeres que han sido asesinadas.

Quiero que viva la que mataron ayer, la que están matando ahora y la que matarán mañana.

Quiero que vivan.

Que vivan.

Vivan.

El dolor me bulle en el pecho. No me deja estar en mi casa. No me deja pensar. No me deja sonreír. No me deja estar con nadie porque solo tengo ganas de llorar. Es un llanto que marea y no permite conversar sobre cotidianidades. Eso es lo peor de la desolación, se arrastra acompañada por unos vapores verdes que aturden y se nos meten, carcomiéndonos tal como han hecho con el exterior sobre el que solo dejan rastrojo quemado.

Llevo días que no quiero que ninguna mujer se pare de la cama. No quiero que abramos los ojos porque no quiero que leamos cuál es el siguiente nombre que nos arrebataron. Porque una más es una menos. Es un pedazo del que nos despojan y lo peor es saber que no, para los que arrancan vidas no hay consecuencias. Para las despojadas, todas.

¿Viva México? Yo no quiero que esto viva.

Quiero que vivan mis ganas de habitar el país donde más he caminado, sentido, saboreado, cantado, jugado, pensado, llorado, vivido.

Quiero que viva la niña que soy, que no se me muera de miedo.

Quiero que viva ella, ellas, nosotras, todas nosotras.

Quiero vivir.

Vivir en esperanza.

Vivir en libertad.

Vivir en dignidad.

Vivir en justicia.

Que se nos muera todo lo demás.

El poder inherente a las palabras es que al enunciarlas cobran cuerpo. Así que lo dicho: la mayor esperanza que tenemos es hija del país que compartimos. Ojalá nos ayudes a construirla, Andrés Manuel.

La Diletante

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Escribo prefiriendo los finales acertados sobre los felices (en la vida real, prefiero los felices). Una entrada al mes, temáticas varias.

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