Confesión de media noche #1

No hay nada más pendejo que buscar excusas. Madrugo como nunca y mi jefa sorprendida me felicita por llegar a tiempo. Nadie ha sospechado aún que mi excusa eres tú, espero cada mañana encontrarte por ahí, y confesar titubeante que te quiero (pero no te hallo). ‘Zombiliento’ trabajo hasta perderme entre los papeles esperando con ansias salir de este infierno laboral para vagar a donde me lleve la curiosidad. Al final del día sigo intentando tener esa buena excusa para llamar y decir que necesito verte; así mis demonios podrían reposar en paz. Bueno, no es que te necesite tanto como se podría pensar, solo te necesito lo normal; como alguien que escucha música cuando se baña o sencillamente como se extraña a alguien y comienzas a escribir para recordarla. ¡Nada más!

Excusas son las que no tengo para poder ser valiente y verte porque sí, porque me dieron ganas de deleitar mis sentidos con las sensaciones que me provocas.