Presidente por eliminación

Jimmy Morales triunfó sobre las opciones tradicionales, pero sólo en ausencia de alternativas reales.

Luis Eduardo Barrueto | @lebarrueto

Alto abstencionismo invita a pensar sobre las opciones que no aparecieron en la boleta. | CC-BY: Santiago Billy

Los guatemaltecos — presentados con un abanico de opciones terribles y con un panorama electoral en constante movimiento desde marzo — escogieron saltar al vacío. Dieron el beneficio de la duda al ahora presidente electo Jimmy Morales a pesar de su incapacidad por definir concretamente un plan de gobierno. Y de poner a dormir las dudas sobre sus financistas y equipo de trabajo.

Más allá de los militares y sectores poderosos interesados en llevar a Morales al poder, parte de los electores que votó por él fue un conocido grupo de fanáticos que no escuchaban razón o crítica sobre su candidato. Y poco puede hacerse para discutir con ellos sin establecer ese terreno mínimo de debate. Pero otra parte de sus electores le votó luego de eliminar las que consideraban como opciones aún peores. Y su decisión — para bien de todos — debe ser entendida a la luz de las alternativas (las reales y las que no existían).

En un análisis superficial, Morales triunfó como alternativa a líderes cuestionados por su pragmatismo autoritario. En primera vuelta, Morales triunfó en la capital como alternativa a Manuel Baldizón, temido por sus arrebatos contra la libertad de prensa, la independencia de las cortes y el sistema de justicia y por sus fuertes vínculos con el narcotráfico. Desde entonces, Sandra Torres no era vista como una alternativa real, debido a los cuestionamientos sobre su gestión en el gobierno de la UNE (2008–2012). Pero en segunda vuelta, las dudas sobre su pasado y la desconfianza del votante urbano y el sector privado sellaron el fin de su candidatura.

Morales ganó, sin embargo, no sólo por las alternativas que el votante encontró en la boleta, sino por las que no estaban allí.

La izquierda, visiblemente molesta con el triunfo de los militares que montaron FCN-Nación, debe reconocer que ha sido incapaz de montar un programa político viable desde la transición a la democracia. El centro, cortejado por todos los políticos que buscan maximizar su popularidad, ha sido incapaz de poner dientes a una visión de cambio y por tanto, ha concedido la mano ganadora a los poderosos de siempre. Y la derecha liberal, hundida por el pacto faustiano que tiene con los conservadores desde los noventa, ha sido incapaz de desligarse de las élites que usan el discurso de libertades económicas y estado de derecho únicamente para preservar sus privilegios.

Lo que hace falta en este país es una opción viable de cambio sensato: debemos reconocer que ante una amplia mayoría de guatemaltecos que no ven problema en el militarismo, la infusión de religión y política, el machismo y el racismo del que Morales es representativo. Pero que antes que darse de golpes contra la pared o vertir la frustración en redes sociales, hace falta impulsar puntos de debate nuevos, generar propuestas concretas de política pública, y buscar el apoyo necesario entre la población que esté dispuesta a escuchar.

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