Cómo un huevo te lo desbarata todo

Cuando empiezas a cocinar descubres cómo se te ha convencido de que la mayoría de alimentos solo se pueden comprar: por ejemplo, la pasta. Empieza a tachar elementos de tu lista de la compra.

Un día ves un taller online para aprender a hacer masas. Ya haces la masa para pizza en casa porque meses antes miraste esa triste base de pizza congelada que acostumbras a comprar y pensaste: la verdad, podría hacerlo mejor.

Buscaste recetas para hacer la masa de la pizza y probaste y probaste y no te acababa de salir hasta que alguien más avanzado te dijo que debías poner el agua templada y ¡tachán! conseguiste tu primera masa de pizza. Que evidentemente debe mejorar y que fue lo que te llevó a apuntarte a ese taller online. ¡Primer alimento que dejaste de comprar!

Vas tomando confianza…

El curso de masas tenía un capítulo sobre pasta casera, algo que siempre pensaste que era súper complicado de hacer pero tan seductor con esas imágenes de montañas de harina y grandes mesas donde se cortan los raviolis, con ese rico aroma.

Y resulta que es tan fácil como amontonar harina, huevos, aceite y sal, amasar ligeramente, dejar reposar media hora, pasar por el rodillo y cortar en la forma deseada. ¡Alucinante!

Que no miren los ortodoxos de la pasta que esto es una maravillosa pasta primeriza casera.

Al principio te buscas la vida para hacer de esa larga masa, espaguetis. Con un buen cuchillo, la ruedecita dentada cortapizzas… lo consigues. Te parece simpático que queden deformes y de grosores diferentes. Pero la tercera vez que lo haces… empiezas a pensar en la máquina de pasta…

Te atreves hasta a ir de sobrado

Cuando llega a tu casa la máquina de pasta, te conviertes en un profesional de la pasta casera. Ya sabes calcular el tiempo para que los espaguetis estén a punto a la hora de comer, ¡y qué lujo comerlos frescos! Incluso te has atrevido a hacerlos de espinacas o deliciosamente negros.

También sabes que los que sobren los metes en una bolsa y los congelas, o en un bote hermético. Que cuando te pones a hacer pasta, da para unas dos comidas. Y estás coleccionando recetas de salsas. Aunque poco les hace falta a estos espaguetis tan tiernos.

Se te siguen resistiendo los raviolis, ¡pero no todo se puede aprender a la vez! Hacerlos tan bien como para que los italianos se vuelvan locos con ellos, quizás acabe más adelante como otra historia en Medium…

La aventura ha sido emocionante. Ya no compras tampoco espaguetis, ¡bien! Y entonces…

Y entonces, patapaf, llega el huevo

Descubres el famoso libro para hacer pasta en casa de las Hermanas Simili porque su editor, Juan, de Libros con Miga, viene a verte a la oficina. Y lees que según la auténtica receta de Bolonia la pasta solo se hace con harina y dos huevos, ¡aggggg!

Y Alfredo, otro Lecuinero, pasa el verano con su nona y su vieja en el sur de Italia y viene con una noticia bomba: ¡con dos huevos -se espantó su abuela-, qué desperdicio! Los auténticos italianos saben hacer pasta para cinco con solo un huevo y harina, le enseña a su nieto. Nieto que no aprendió -y no puede por tanto pasarnos el truco-, pero sí se la comió.

Así que ahora has descubierto que ya no compras pasta pero sí huevos, y que quizás esto también puede cambiar… aunque probaste la fórmula de las hermanas Simili y bien, bien, no acabó de quedar la masa, toda surcada de grietas. Mmmm, aquí hay un nuevo reto.

¿Tienes tú algún buen truco que publicar? ¡Continúa esta historia! #pastaencasa

Veeenga, que estamos esperando la pasta