¿Cuál fenómeno?

Entiendo que para el público relativamente joven de la generación Disney, Justin Bieber sera una especie de semi-dios de la música, la primera gran estrella de Youtube, el dios dorado de las redes sociales.

Entiendo la desesperación adolescente por estar en todos lados, tener todos los objetos, escuchar todas las canciones y creer saber todo al respecto de la música aunque solo tengan 5 discos compactos, uno por cada cumpleaños o regalos de navidad. Comprendo la emoción por ver idealizado un sueño de ver a Justin Bieber o peor aún, la decepción por nisiquiera estar tan cerca de él como para tocarlo, ya que supongo lo que menos quiere el sujeto es que se le acerquen.

Ayer por primera vez tuve contacto con este fanbase que en redes sociales estalla con un anuncio, sacrifica sus ahorros o pide a sus padres que gasten en un boleto lo mismo que resulta una buena despensa del super, una mensualidad de la camioneta o peor aún, un mes de colegiatura.

Este fanbase desesperdado y ávido de emoción que grita y salta y se rasga las mejillas al ver idealizada su ilusión de al fin ver a Justin, y él que parece nunca haber salido de la caja de cristal que lo contiene al inicio del show: la mirada perdida, los diálogos complacientes, el saludo a la ciudad correspondiente, el andar distante por la pasarela, la mano en la bolsa y el objetivo de cumplir, porque ese es su trabajo, y tal vez está cansado de todo aquello.

Su música no me dice demasiado, son solo pistas, dubstep, esbozos de aburrido EDM, un solo de batería básico, sus pasos de baile son opacados por los de sus bailarines que en verdad saben desquitar su sueldo, he visto más energía en Lady Gaga al piano o Katy Perry contando un chiste, Justin no pide, exige otra guitarra porque la que le dieron no suena bien, y sentado en un sillón, como si estuviera en su mansión en quién sabe dónde, se limita a hacer lo que sabe: tocar, fingir que la pasa bien, decirle a su fanbase que no ha dejado de tomar fotos/snapchat/instagram moments/video/ que son las mejores del mundo.

Muchos fuegos artificiales como muestra de lo que al final resulta ser un concierto de este Justin Bieber que se nota hastiado de su condición de estrella del pop, solo un estruendo que llama tu atención, luces que te sorprenden y que poco a poco se desvanecen para terminar en nada, en olor a pólvora, en humo blanco, partículas que se fueron al demonio.