Desde el montaje

Foro Sol, 2 días antes del Vive Latino, ruido de máquinas y generadores, golpes a estructuras de metal, olor a pintura, road cases por todos lados, refrigeradores rodando, montacargas pitando su reversa, trailers inmoviles y carritos de golf en movimiento…

Los barriles de cerveza dispuestos, el gafer de colores para corregir y señalar, juntas operativas, reparto de cortesías y acreditaciones, cafeteras en casi cada oficina, hieleras llenas de refrescos.

La orden de comida que no llega, los brazaltes que no se han entregado, risas y gritos, la interferencia de los radios que se entre corta para dar avisos: hay que recibir una carga de latas de bebidas energéticas, hay que cambiar de posición unas carpas, un patrocinador requiere otros 30 accesos al hospitality, el estacionamiento del director general debe quedar libre.

Un oído al teléfono fijo, otro al móvil, un ojo a la pantalla de la computadora, otro al whatsapp, todo es requerir, correr, esperar, los últimos reportes del clima, los derechos de transmisión, la firma de releases, los últimos llamados.

Hasta que estás detrás de la maquinaria comprendes en dónde termina todo el dinero que costó tu boleto, lo que cuesta un montaje, a toda la gente que se le tiene que pagar, desde el que arriesga su vida trepado en las torres de audio hasta la chica encargada de limpiar los baños del staff. Bicicletas con tacos de canasta y paletas circulan para ofrecer sus productos a los que trabajan.

Cientos de personas afinando todo para que miles disfrute, consuman, escuchen, vean y se lleven una gran experiencia desde varias trincheras.

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