Una auténtica igualdad de oportunidades

En la Argentina del 2013, algunos liberales parecen tan obsesionados con algunos criterios, como los defensores del modelo oficialista, intento de totalitarismo. Quienes defendían al modelo, apuntaban a una amplia participación del Estado, gastando mucho, mientras que los liberales creen que esos impuestos son una imposición forzada, donde el Estado toma tu dinero a la fuerza.

¿Qué tipo de sistema social queremos?

El punto es -como decía Milton Friedman- el liberal no quiere solo su propia libertad, sino la libertad de todos. Por eso él se define como un amante de la libertad. Está en contra de la planificación centralizada, porque cree que esa planificación centralizada implica que un grupo de personas, desde el gobierno, termine eligiendo por el pueblo: que comprar, que vender, de que trabajar, que producir.

Sin embargo, un economista liberal se quejaba hace poco por los impuestos. Él “quiere elegir él” y no que el Estado elija por él. Si fuese realmente liberal, lo pediría para todos, y no justamente para él. Si se pide la libertad para uno, en lugar de para todos, está cayendo en el mismo deseo que el “dictador de un régimen totalitario”, porque ¿quién tiene mayor libertad que un dictador? El dictador tiene a su disposición la sociedad entera. Su situación económica debe ser lo suficientemente buena como para que él goce de abundante libertad, sobre todo, si se lo compara a los 40 millones de habitantes de estas tierras, e incluso los 7 mil millones de este planeta.

Si de igualar oportunidades se trata, esencia del liberalismo por oposición a la igualdad de resultados del socialismo, es claro que el sistema actual en el que vivimos no provee de dicha igualdad, y de alguna forma se podría pensar en acciones que busquen alcanzar dicha igualdad. Desde la política, generalmente se plantea la redistribución de ingresos o riqueza, la cual se da generalmente vía impuestos y gasto público. Es imperativo distinguir redistribución de ingresos de redistribución de riqueza, ya que son dos conceptos totalmente distintos al análisis económico.

Los argumentos a favor de la distribución de la riqueza no deben ser nunca argumentos basados en el egoísmo, sino en que es lo beneficioso para toda la sociedad. La prioridad no debe ser sacarle al que tiene mucho por el mero hecho de que tiene mucho y otro tiene poco, debe estar apuntado a la igualdad de oportunidades y al bienestar general de la sociedad, que en definitiva es algo que incluso va a beneficiar a ese que tiene mucho.

Quizá también se escuche que el argumento en contra de distribuir riqueza es que se achica la torta. Pero la idea es buscar un método de distribución de la riqueza que obtenga una mayor torta, al tiempo de otorgar la igualdad de oportunidades propuesta por el liberalismo.

Ayn Rand en una entrevista pedía volver al individualismo, y sugiere que el propósito de la vida es la búsqueda individual de la felicidad. Preferiría pensar que el propósito de la vida lleva una dualidad intrínseca. Que incluso cuando ella comparte sus pensamientos y libros, lo hace para crear una mejor sociedad, o sea, para ella y para el otro. Que cuando un hombre de negocios diseña un producto o servicio, lo hace para uno, pero también para el otro. De ahí el éxito del capitalismo en competencia, un sistema que no está basado solo en el interés propio, sino que incluye al libre mercado, el cual le otorga la posibilidad al otro de elegir.

En “La Moralidad de las Ganancias” se cuestiona si las donaciones que hacen Bill y Melinda Gates desde su fundación son “devolverle algo a la sociedad” o es “solidaridad auténtica”. Llegan a la conclusión de que es solidaridad, porque los inventos de Bill Gates agregaron a la sociedad riqueza nueva, y muy superior a la que él recibió. Pero Bill Gates tuvo acceso a la electricidad, él no la inventó. Bill Gates tuvo acceso a la educación, él tampoco inventó toda su educación. Tuvo acceso a infinidad de “bienes y servicios” que le permitieron desarrollar la tecnología, que generó a su vez más beneficio a la sociedad. Él tuvo acceso a la escala en los sistemas de producción, distribución, logística y comunicación. Tuvo acceso a la globalización. Él inventó herramientas (Windows, Office, etc.), y la gente invirtió en esas herramientas porque creyó que iba a obtener provecho. Ex post se ve que sus herramientas fueron provechosas pero no hubiesen tenido valor sin el trabajo humano posterior, en cada organización dónde se aprovecharon sus programas.

Entonces ¿cómo diferenciamos lo que corresponde a él y lo que corresponde a la sociedad? ¿Quién pondera que la riqueza que generó Windows se condice con la que obtuvo Bill Gates?

Nacimos en el siglo XX, y fuimos beneficiados por la evolución y el progreso de infinitas invenciones de generaciones de seres humanos, que permitieron que hoy gocemos de cierta calidad de vida. Los habitantes actuales del mundo obtienen los beneficios de un desarrollo histórico de herramientas de todo tipo, en gran parte producto de vivir en un mundo capitalista, globalizado, hiperconectado. Los liberales que reclaman baja de impuestos y el dinero por corresponder a su esfuerzo, están ignorando todo el esfuerzo que permitió que obtengan ese dinero, que es el esfuerzo de generaciones anteriores. Ellos reclaman algo, en teoría, “justo”: “Si ese dinero es mío, no me lo saques. Dejamelo, yo quiero elegir como lo gasto”. Pero en este caso, para ellos, parecería que es justo lo que los beneficia a ellos, por más que coarte libertades y atente contra la igualdad de oportunidades propuesta por el liberalismo.

Vivimos en sociedad, no podemos ignorar el concepto de justicia, ni el de libertad, al menos si pretendemos no vivir en una guerra permanente.

La ley de la oferta y la demanda, implica que lo que hay poco, y se demanda mucho, tiene un precio mayor. Si hay pocas personas con buena educación, y se demandan muchas personas con buena educación, estás van a recibir un precio (o salario) superior al resto. La economía se equilibra: si tenés muchos gerentes, y pocos recolectores de basura, estos últimos van terminar ganando más que los gerentes, o los gerentes van a terminar recolectando basura.

Pero si un mismo grupo de gente tiene acceso a la buena educación, y el resto, la gran mayoría, no tiene acceso a la buena educación, no se está premiando el mérito, se está premiando a la clase social que vino de arrastre con buena educación. Y el hecho de que algunos pocos tengan acceso a esa buena educación, mientras los potencialmente más competentes, no lleguen a tener esa educación, a quien se está afectando es a la sociedad en general.

Siguiendo a Stuart Mill “la única razón legítima para usar la fuerza contra un miembro de una comunidad civilizada es la de impedirle perjudicar a otros; pero el bien de este individuo, sea físico, o sea moral, no es razón suficiente”.

Aquel que en aires liberales viene a reclamar lo “suyo” porque cree que es justo que él reciba la retribución por “su esfuerzo”, no merece justicia. Su posición es contradictoria, parte de una idea de igualdad de oportunidades, en un mundo con desigualdades de oportunidades de origen. Viene a reclamar justicia por su esfuerzo, ignorando el esfuerzo de sus antepasados, y los antepasados de todos. Entonces, ¿A quién le corresponde el esfuerzo de nuestros antepasados, en la sociedad? Como no parecería corresponderle a nadie, le corresponde a la sociedad misma, en su totalidad, y en igual proporción. ¿Algún argumento podría hacernos pensar diferente?

Esto no quiere decir que el Estado tiene que gravar el 99% del producto bruto de un país con impuestos, porque los países compiten con otros países, y las inversiones van hacia donde hayan mejores oportunidades de inversión, en la relación riesgo/rentabilidad.

No podemos caer en el número simplista, si grava más del 50% es socialista y coarta libertades, y si grava el 5% es liberal. Tenemos que pensar en todas las condiciones de nuestra sociedad actual, nuestro nivel de educación y sus desigualdades, las potenciales industrias, la evolución en general de la sociedad, con el fin de generar incentivos, en el estudio, el trabajo, y la inversión, para crear una sociedad mejor para todos.

Hay dos factores que se deberían premiar, el mérito y la capacidad. Ambos, por la misma cuestión, el bienestar general de la sociedad. Es lo que beneficia a todos. El mérito, incentiva a esforzarse. La capacidad, incentiva a los más capaces a trabajar más. Si una persona tiene que hacer 10 veces más esfuerzo para realizar un trabajo, no es justo que gane menos, pero si ganase lo mismo, se estaría perjudicando a la sociedad como un todo, porque al no castigarse su incapacidad, se está desincentivando a quien es más capaz, y se termina premiando por igual a dos sujetos que generan distinto beneficio a la sociedad, lo que termina siendo perjudicial para esta.

El sistema de precios, al funcionar de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda, no es exactamente justo. Una persona puede tener toda la intención de querer progresar, esforzarse, trabajar, hasta ser capaz, y a cambio recibir un monto que apenas le alcanza para comer, mientras que otra persona, que nació en un contexto distinto, sin tanto esfuerzo, sin tanta capacidad, puede estar recibiendo un monto tal que le permita comprarse, por ejemplo, un auto importado de lujo. Ese auto no tiene el mismo valor que la comida, porque esa misma persona, sin comida, no sobrevive, y si no sobrevive, el auto no le sirve, entonces vale cero. Esos 50.000 dólares (por poner una cifra) del costo del auto de lujo, no tienen absolutamente ningún punto de comparación con los pocos dólares que recibe aquel que quiere trabajar, esforzarse, estudiar, y por tener un contexto desigual, no lo consigue. Esa asimetría en el valor de la moneda hace a la injusticia del sistema de precios. Es el equivalente a defender la igualdad de oportunidades, donde uno empieza una carrera de autos con un auto de lujo último modelo, y otro con un auto de bajísima gama.

La estructura de la sociedad tiene diferencias radicales de riqueza y no hay una forma simple de solucionar esas diferencias en el inicio de la carrera por medio del ingreso. Cuando se justifica el sistema de precios en que es un sistema el cual el otro pone el valor, no toma en cuenta las diferencias de valor para los terceros.

Y quizá, en un modelo auténticamente liberal y de igualdad de oportunidades, donde el que quiera realmente progresar tenga lugar, es probable que el más capaz le termine generando un beneficio a la sociedad en su totalidad.

La herencia no es justa, porque una persona que no realizó ningún esfuerzo está obteniendo un beneficio por el simple hecho de “ser hijo de”. Bill Gates no apunta a dejarles toda su riqueza a sus hijos, sino una pequeña parte. ¿Por que? Porque quiere que se la ganen, por medio de la educación y el esfuerzo. ¿Eso desincentivaría la ambición desmedida? ¿Es comparable el desincentivo que genera en quien pretende dejar una herencia, con el incentivo que genera en quien no la recibe?

¿O se va a argumentar que por el mero hecho de aparecer en “El Manifesto Comunista”, la herencia es automáticamente un concepto que apunta al socialismo y no a la igualdad de oportunidades? La lógica sería: ¿si aparece en “El Manifesto..” eso implica que es socialista, ergo, a la igualdad de resultados y no a la igualdad de oportunidades? Creo que merece un razonamiento no tan simplista. Aunque a veces se escuchan razonamientos tan simplistas de clases educadas que asustan.

No dudo de que muchos crean que el padre tiene el derecho de poder elegir el destino de su patrimonio, por ser de su propiedad.

Primero, no creo que sea del padre la elección sobre el destino, como ya se planteó anteriormente. La propiedad pertenece a la persona, la única merecedora del crédito, y cuando esta deja de existir en este mundo, al no poder tomar decisiones sobre su accionar, debería pertenecer a la sociedad entera.

Segundo, esa opción no está, porque la herencia corresponde al cónyuge e hijos por ley.

Tercero, por el rol paternalista del Estado. De la misma forma que se considera que un padre goza de la patria potestad, por ser el hijo un incapaz de hecho durante su juventud, el Estado, por la sinergia de las mentes “más idóneas”, debería tener un efecto paternalista respecto de los padres como individuos. Esto ya existe y se ve en los casos en que el Estado, por un mal actuar de los padres, quita la tenencia de los hijos.

Estos tres motivos justificarían un planteo de un tributo supuestamente socialista pero que alcanzaría más que ningún otro la igualdad de oportunidades. Cualquiera que niegue estos argumentos no está siendo liberal, está siendo conservador, apuntando a mantener el status quo y las desigualdades, en exclusiva defensa de su situación personal.

Si no nos esforzamos, no valoramos lo que obtenemos. Es del esfuerzo de donde sale el valor. Y cada vez que se le saca a alguien la posibilidad de un esforzarse, y se le regala algo, se lo destruye como persona. *

Necesitamos rotación, que no se hereden cantidades irrisorias de riqueza. Terminar con la herencia del poder económico de la misma forma que la República Democrática terminó con la herencia del poder político.

Según Milton Friedman, esta sociedad en realidad no es una sociedad de individuos, sino una sociedad de familias, y un impuesto a la herencia del 100% incentivaría el consumo inmediato y el desperdicio, por lo que no habría capital para fábricas ni inversiones de capital, lo que afectaría el trabajo.

¿Es necesariamente así? ¿El rico derrocharía su fortuna en caso de existir impuestos a la herencia? ¿Qué hace creer que el rico gasta mejor su fortuna que otro? ¿Y sus hijos? ¿Haber tenido éxito en un negocio implica necesariamente que se va a tener éxito en los sucesivos? ¿O que se sepa enseñar como invertir a los herederos? ¿No es factible que una persona haga una buena inversión, y con la renta de esta la dilapide en cada nueva inversión que haga? ¿A partir de que monto de riqueza pierde el sujeto la posibilidad de hacer inversiones eficientes, y tener un control sobre las mismas?

¿Y si en lugar de proponer un impuesto a la herencia del 100%, se empieza a hablar de un impuesto progresivo a la herencia que nunca llegue al 100%, sobre cierto monto no imponible?

¿No sería, un impuesto diseñado de tal manera, un impuesto que mantenga la lógica propuesta por el mismo Friedman sobre el impuesto negativo a la renta, pero sobre el stock de riqueza en lugar del flujo de ingresos?

Vale la pena remarcarlo, no se sugiere imponer una herencia de alícuota del 100%. La sugerencia es encontrar el punto donde la riqueza exacerbada concentrada en una sola persona haga perder eficiencia en la administración del capital, lo que deriva en un perjuicio social. Si ese capital es potencialmente “mal usado”, ¿no sería más beneficioso si permitiese bajar impuestos a la producción, reemplazando gastos del Estado?

Que los hijos tengan la posibilidad de esforzarse, y crear lo suyo, porque es la única forma de que puedan valorar su esfuerzo. Decía Gandhi: “La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha, y no en la victoria misma.”

Por todo esto, no creo que se le esté “quitando” el esfuerzo por medio de la imposición coercitiva, porque para que se les quite algo, primero tiene que pertenecerles, y no creo que sea un esfuerzo que corresponda a cierta persona, sino que, los infinitos beneficios producto del esfuerzo de las sociedades pasadas no pueden pertenecer a unos pocos.

No se puede medir el liberalismo en función de un porcentaje de impuestos o gastos sobre el producto bruto de un país. Cada peso que gasta el Estado como Gasto Público, es un peso que le saca a alguien por vía de impuestos.

Gastar más o menos, recaudar más o menos, no puede ser una política per-se. La cuestión es cómo se gasta, y como se recauda, para lo cual todos estos criterios deberían estar considerados.

Dos criterios pueden ser el puntapié para considerar el rediseño del sistema tributario:

- el criterio económico
- el criterio que alinea el sistema tributario argentino al de otros países

El criterio económico entendido desde el flujo y el stock. La gran parte de los impuestos argentinos afectan el flujo, la producción. Tenemos impuestos al trabajo (Cargas Sociales), a la ganancia (Impuesto a las Ganancias), y aquellos que recaen sobre ambos, el trabajo y las ganancias (Impuesto al Valor Agregado). Lamentablemente, en nuestro país, los impuestos que recaen sobre el stock de riqueza, como el Impuesto a la Herencia o a los Bienes Personales son despreciables.

Y no es verdad que impuestos a los stocks de riqueza generarían incentivos a la emigración. Lo declarado, declarado está, y un impuesto al stock significa una reducción de un impuesto al flujo.

O sea, la estructura tributaria argentina castiga al que produce, invierte y trabaja, y premia al que acumula capital.

El rediseño del sistema tributario debería venir acompañado de un cambio constitucional sobre la definición de los tributos. El criterio no debería ser directo e indirecto, ya que calificar al impuesto como directo e indirecto es obviar el funcionamiento de la economía. Al tomar esta clasificación se está utilizando un criterio de determinación de impuestos según quien realiza la erogación al fisco, en lugar de considerar el sujeto sobre el que recae la generación del hecho imponible. Si el IVA lo paga el consumidor final al fisco, es directo, si lo paga la empresa es indirecto. Este criterio está lejos de considerar al valor agregado, o sea, trabajo y beneficios.

Más grave son aquellos impuestos que gravan sin considerar los costos, como Ingresos Brutos o Retenciones al Agro.

Por otro lado, si buscamos un sistema tributario compatible al resto de los países, que simplifique el entendimiento en beneficio de la inversión extranjera, podríamos tratar de imitar algún sistema tributario del exterior. La simplificación puede ser útil a la hora de la liquidación, liberando recursos profesionales para, por ejemplo, la provisión de servicios profesionales al exterior.

Desde el Gasto Público, solo puede considerarse redireccionar el gasto apropiadamente.

¿Qué es apropiadamente? Con equipos de gente idónea, planificando de acuerdo a las características particulares de los 40 millones, no de arriba hacia abajo, ni viceversa, sino, planificando simultáneamente, arriba y abajo, en cada nivel, porque a cada nivel le corresponde un tipo distinto de planificación, apuntando a generar incentivos, en un contexto de libertad y competencia, en beneficio de la sociedad en general.

Encarar el rediseño del sistema tributario y una buena administración del gasto son los pilares para lograr una auténtica igualdad de oportunidades.

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