Ni siquiera pagando…

Es como una derrota
saber que lo que quieres
ni siquiera pagando
alguien podría ofrendarlo.

Saber que tus narices
han perdido el olfato
y sin embargo sabes
que no era así el aroma
del Jardín del Edén.

Ni siquiera pagando
ni siquiera un esclavo
ni siquiera otras manos
impregnarán al tacto
lo que fue y ya no es.

Y tus jadeos se hunden
en aristas de armarios,
en cajones sin orden,
en ventanas nubladas,
donde arañas y hormigas
suelen mirar también.

Te miras a ti misma
sentada a media tarde
en la mesa del patio
disfrutando un café
y aquel sensual aroma
de mujer satisfecha
no regresa, no vuelve
ni siquiera pagando.

©Leibi Ng

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