La tormenta, el dólar y nuestros salarios.
“El Temporal de Santa Rosa es una expresión popular para designar una tormenta que se espera que se desarrolle en la porción austral de América del Sur en el lapso entre los 5 días anteriores o posteriores al 30 de agosto, fecha correspondiente a la festividad católica de Santa Rosa de Lima, santa patrona de las Américas”, dice Wikipedia.
Este Agosto, la tormenta de Santa Rosa no fue solo climática: fue también económica. Estamos presenciando en nuestro país un espiral devaluatorio sin frenos, que tendrá terribles consecuencias para el Pueblo argentino.
Pero, ¿Qué está pasando? Hay que decirlo: El problema de fondo, no es que falló el plan, el problema es “el plan” en sí mismo. Sucede algo que muchos diagnosticaron desde diversos sectores, pero el gobierno y los medios de comunicación se empeñan una y mil veces en negar: El plan económico de este gobierno consistió en liberalizar completamente la economía. Esto quiere decir correrse del lugar que todo gobierno debe ocupar: el rol de marcar el rumbo económico, fijando regulaciones y límites a los capitales especuladores (locales e internacionales). Capitales que solo se dedican al “casino financiero” para ganar fortunas en instantes, y hoy son los actores económicos con mayor poder en el mundo. Sirve leer la definición de la etapa en la que nos encontramos: “Capitalismo financiero: la etapa del capitalismo en la que la dominación económica y política es ejercida por las instituciones financieras o “los financieros” en lugar de por los capitalistas industriales”.
La designación de Luis Caputo al frente del Banco Central de la República Argentina es el más claro ejemplo de esta “estrategia”. Caputo el que hizo toda su carrera en consultoras y bancos internacionales (desde JP Morgan hasta Deustche Bank) dedicadas a la timba financiera. Como alguien dijo: es “poner el zorro a cuidar el gallinero”.

Se trata de un gobierno que desde el día uno decidió apostar a la especulación financiera y la apertura económica, dejando sin ningún tipo de protección al sector que más empleo de calidad genera en la Argentina y el mundo: la industria.
De hecho, desde la llegada del macrismo y sus aliados, la industria lleva perdidos más de 80 mil puestos de trabajo registrados, y la destrucción se acentuó en los últimos meses, como muestra el último informe del “Instituto de Trabajo y Economía”. Pero no solo cae la industria, cae la construcción, caen los servicios. Cuando las expectativas son tan negativas, cae todo.
Lo único que sube es el dólar, la pregunta es ¿Por qué? Porque la confianza en este plan económico no para de caer. El hecho de que Argentina recurriera, una vez más, al Fondo Monetario Internacional no ha hecho más que agravar la situación. Esta institución, los argentinos y argentinas lo sabemos mejor que nadie en el mundo, siempre significa ajuste, hambre y más pobreza. Los griegos lo experimentaron estos años con dureza.
Pero no todos pierden con esta crisis. De hecho, la fuga de dólares en este gobierno ha sido récord mundial: 52.000 millones de dólares que se llevaron del país. En otras palabras: nos endeudamos nosotros, nuestros hijos y nietos para que otros hagan sus negocios. Ayer el gobierno subastó 300 millones de dólares a 31,64, hoy la divisa ya pasó los 40. Hagan cuentas nomás. Hay registros de que los que más dólares compraron ayer fueron JP Morgan y Deustche Bank (sí! Los “ex” jefes del Presidente del Banco Central).Nueve de cada diez dólares que se vendieron esta semana fueron por compras de más de un millón de dólares. Más claro imposible. Con esta crisis unos pocos ganan muchísimo y las mayorías pierden: trabajadores con salarios pulverizados, los jubilados, la juventud a la que le quieren quitar el derecho a estudiar, las PyMES que a diario se ven obligadas a cerrar sus puertas.
Necesitamos un cambio rotundo en la dirección. Solo con el retorno de un Estado sólido, inductor del desarrollo y puesto al servicio de la generación de empleo, los argentinos podremos salir de esta tormenta perfecta que la vuelta a las políticas neoliberales supo conseguir.
