. bitácora de algunas desventuras

1

Me quedan tantas cosas, inconclusas. Melodías, sabores de otras épocas. El canto de mi mamá meciendo la cuna. Para que me duerma. Hoy grande, ya no duermo más; esas canciones infantiles son sólo un recuerdo de lo que se va antes que podamos darnos cuenta.

2

Las mujeres y su risa. Otro tema que se volvió adictivo. Aunque la palabra “adicción” este cercana a no poder decir o hablar algo, las mujeres y su forma de reír, por el contrario, han sido mi fuente de inspiración. Una vez quise mucho a una persona, y le escribí una canción. A una sola mujer le hice una canción, y quise a tantas otras. Pero sólo una me generó un momento creativo. Esas palabras, vinieron a mi como un golpe en una caricatura. Un piano de cola cayendo de un edificio norteamericano de los años cincuenta en construcción. Me acuerdo el momento exacto. Queríamos instalar un enchufe de más en la habitación — lo que era no tener problemas de pareja- y conseguimos un electricista del barrio, que estaba dispuesto a hacer semejante pavada. Toca el timbre, y ella me dice con una sonrisa pícara: “No te rías cuando entre. Se parece a Mario Bros.”. Entra. Y, efectivamente, era igual al personaje del videojuego. Casi me ahogo aguantando la risa. Y ella, siempre tan sutil, me mira, sonríe cómplice, y con unas miradas bastó. Ahí fue cuando se me vino a la cabeza la idea de escribirle una canción. Pasó mucho tiempo, apenas recuerdo algunas partes de la letra. Mejor así. Un ejemplo de que la inspiración es algo maravilloso, repentino, fugaz.

3

Quizás fuimos niños muy poco tiempo. Y tuvimos que salir a una vida adulta demasiado rápido, donde hay más dolor que canciones. Quizás debimos reír más de lo planeado. Vivir más al límite. Sin tantos rencores del pasado.

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