Herencia Inesperada

Capítulo -15

Jade estaba en la habitación de la clínica, sentada en una silla junto a la cama en la que descansaba su hermano. Uno… dos… tres… cuatro… iba contando las gotas del suero, a medida que caían con un ritmo hipnótico. ¡Cómo había sido tan tonta como para menospreciar al demonio! Tendría que haber puesto un campo de luz protector sobre su hermano y ella, para que no pudiera dañarlos. Sabía cómo hacerlo, había leído cientos de libros de control mental, que hablaban sobre esos campos de luz o energía, como también lo llamaban, y hasta el momento, ni siquiera había pensado en ello. Si iba a enfrentarse al demonio, le convenía avivarse. Aquella vida tranquila en la montaña, la había atontado, quitándole picardía y astucia.

Utilizó el ritmo de las gotas de suero como referente para su relajación, y respiró lenta y acompasadamente hasta conseguirlo. Luego cerró los ojos y meditó profundamente. Imaginó una pequeña burbuja de luz, flotando en el medio de la habitación, era traslúcida y brillante, como una pompa de jabón. La hizo crecer, llevándolo a un tamaño respetable, y la burbuja se deslizó y cayó sobre su hermano, envolviéndolo con cama y todo. Continuó agrandándola hasta que la abarcó a ella también. Una vez que ambos se encontraron dentro de aquella esfera, la dividió en dos más pequeñas, una para cada uno. La imaginó más gruesa, luminosa, resistente y flexible. Las burbujas fueron reduciendo sus tamaños, ajustándose a las formas de sus cuerpos y pegándose a ellos, transformándola en una impenetrable armadura, hecha a medida.

Realizó la respectiva cuenta, del uno al diez, y salió de la auto-hipnosis. Abrió lentamente sus ojos, y notó que ambos estaban cubiertos con una luz blanca y poderosa, que fue menguando su intensidad, hasta apagarse por completo.

¡Por Dios! Había funcionado, nunca lo habría creído. Pensaba que se trataba de fuerzas invisibles, de energías, pero no era así, habían brillado con su intensidad. Era real.

— ¿Quién es la súper brujita de la iluminación protectora? — Susurró, agitando sus puños al cielo con una sonrisa, sintiéndose eufórica y poderosa — . Prepárate maldito demonio, allá voy.

Sus ojos cayeron sobre su hermano, y toda su seguridad y euforia se desvanecieron en la culpa.

Gracias a Dios, había conseguido sacar a su hermano del inminente peligro del derrame y la operación, inclusive había logrado que lo sacaran de terapia intensiva y lo trasladaran a una habitación común. Sus poderes habían funcionado a la perfección y el coágulo del cerebro se estaba absorbiendo rápidamente, al punto de recobrar la conciencia. Tendría para unos días en observación, porque no estaba en condiciones de que le dieran de alta, pero estaba bien y ultra-protegido con una armadura de luz.

Considerándose bendecida, y con lágrimas en los ojos, la joven comenzó a rezar a Dios por la recuperación de su hermano. ¡Qué susto se había dado! Si llegara a perderlo, no tendría a nadie más en el mundo, salvo a sus animalitos. ¿Qué sería de ellos, la extrañarían? Seguramente, mucho menos que ella.

Sonrió, al imaginar a Cabrona corneando a Lucas, ese muchacho tan agradable que había aceptado cuidar de su casa y sus animales. Pobre, era muy buena persona, y esas dos cabras le deberían estar haciendo la vida imposible. Algunas veces, la maldad se apoderaba de ella, como en ese momento, que se estaba divirtiendo a mares, al imaginar las corneadas que le darían a su amigo. No pudo evitarlo y liberó una pequeña carcajada, a la que amortiguó con su mano, para no despertar a Armando.

— ¿Qué haces aquí? — La indagó Armando, con voz débil y ronca — . ¿Dónde estamos?

— Tranquilo, tuvimos un accidente, pero ya estás bien — le respondió Jade, estirándose para tomar su mano — . Te coloqué una armadura de luz, con yelmo y todo, nada malo podrá pasarte.

— ¿De qué demonios está hablando? — Volvió a inquirirle su hermano — . ¿Tú estás bien? Pareces delirar.

— Sí, solo tuve un corte en la cabeza, pero ya lo curaron. Lo importante, es que descanses. Sufriste un fuerte golpe en la cabeza, y se está sanando. Tendrás para unos días de internación, y pronto te darán de alta — le informó, a medida que se ponía de pie y le daba un beso en la frente — . Ahora, solo debes darme la dirección de ese tal Ignacio, y me ocuparé del resto.

— ¿Segura que estás bien? Porque te noto un poco incoherente. De ninguna manera, permitiré que vayas sola a esa casa, olvídalo — se negó, con la voz pastosa.

— Si no me dan la dirección, llamaré a la enfermera y le diré que venga con uno de esos tachos de plástico, porque tienes ganas de hacer lo tuyo — lo amenazó la joven, apretando los labios y elevando el mentón con suficiencia — . Ya verás.

— Y qué, le diré que se me fueron las ganas — le retrucó su hermano.

Jade lo observó por unos momentos, sin mediar palabras. Con ella, la amenaza de la enfermera hubiera funcionado de inmediato, se moriría de vergüenza si llegara a sucederle algo así, pero, al parecer, a su hermano poco le importaba. Era inútil continuar con el tema, lo conocía demasiado bien, y no lograría quitarle información por nada del mundo.

Armando, dándose por vencedor, cerró sus ojos para continuar con su descanso, estaba agotado, pero su mente meditó sobre lo que le había dicho su hermana, era muy posible que tuviera razón y sucediera algo raro con Baal. De no ser así, nunca hubiera permitido un accide…

— La direcciónnn — susurró la joven en su oído, pensando que se había dormido, e intentando que le respondiera en sueños.

Aquello le causó tanta gracia, que tuvo que contener la risa, le dolía demasiado la cabeza, para permitírsela. Abrió los ojos y la vio, allí sentada, cambiando su expresión de esperanza, en enfado, mientras cruzaba los brazos y, con el ceño fruncido, soplaba el mechón que caía sobre sus ojos. Ante tal espectáculo, no pudo evitar descostillarse de la risa, a pesar de que sentía que le estaban trepanando el cerebro.

Era tan tierna e inocente, que quiso abrazarla, mas carecía de fuerzas para incorporarse. Se lo debía, esa sería una de las primeras cosas que haría en bien recobrara sus fuerzas. Era una joven encantadora, en todos los sentidos, y su belleza favorecía su ternura, destacando sus rasgos infantiles. A pesar de su metro sesenta de estatura, era bellísima, podría haber triunfado como modelo, en cualquier parte del mundo, pero ni pensarlo, ese frívolo ambiente de la moda, no era para ella.

El timbre de un celular resonó en la habitación, sobresaltándolos.

— ¿Dónde lo tienes? — le preguntó la joven con expresión apremiante, como si se fuera a terminar el mundo si no atendía.

— Creo que en mi abrigo, no sé donde lo habrán puesto.

Jade corrió al armario y revisó el saco de su hermano, hasta encontrar el artefacto en uno de los bolsillos.

— Hola — saludó la joven, sin siquiera haber visto el nombre de la persona que estaba llamando. ¿Josué? No… soy su hermana, él no puede atender en este momento — informó, mirando a su hermano, que estiraba el brazo para indicarle que le pasara el teléfono — . ¿Usted es el mismo Josué de papá? ¡Ahh, sí! ¿O sea que usted también es miembro de la logia? Perfectooo, señor Josué, debo hablar un asunto con usted — Exclamó alzando el puño, victoriosa, saliendo de la habitación e ignorando a su hermano, que estaba haciendo todas las señas posibles, para indicarle que le alcanzara el aparato.

Horas más tarde, Jade se encontraba dentro de un taxi, apreciando el paisaje urbano, sin pensar en otra cosa, más que en la cantidad de porquerías que consumía la gente de la ciudad y la escasa actividad que realizaba. Hamburguesas, panchos, galletas, chocolatines, y todo tipo de productos atestados de químicos, tales como colorantes, conservantes, saborizantes, y vaya uno a saber qué más. Era impresionante la resistencia del cuerpo humano. Siglos consumiendo basura, nos habían llevado a ser una de las especies con mayor tolerancia a los químicos. Tenía hambre y extrañaba su huerta y el queso que había preparado con la leche de manchitas.

Era una maravillosa vaca, si lograba regresar con vida, permitiría que, finalmente, se casara con Don Cuernitos y tuvieran un hijo. Siempre habían estado enamorados, lo podía notar en cómo se miraban. Cada vez que Cuernitos se le acercaba, ella lo saludaba con su típico mugido, antes de lamerle dentro de la oreja.

El vehículo se detuvo frente a la casa de Josué, interrumpiendo su elucubración sobre enamoramientos rumiantes.

La joven le pagó al chofer, y se detuvo unos segundos, apreciando el frente inmensa mansión que se levantaba ante ella, al parecer, su padre se codeaba con hombres tan adinerados como él. Dicho caserón, no tenía nada que envidiarle a su casa de las montañas, salvo los terrenos y la vista, por supuesto, porque este daba directamente a la calle, como si de un edificio de departamentos se tratara.

— QUIETO — gritó un hombre agitando una correa en su mano, mientras corría detrás de un Dóberman de apariencia furiosa — . QUIETO, PICUDO, DETENTE.

Sujetando su pequeña maleta, la joven se heló al ver que el perro avanzaba hacia ella, con el lomo encrespado y mostrando sus dientes con furia, dispuesto a atacar.

— No te muevas y no te hará nada — le gritó el hombre, intentando alcanzar a su perro.

Jade sabía, perfectamente, el motivo que obligaba a ese animal a ir en su ataque, era el mismo motivo que había provocado que el camión los chocara. No dudó ni por un segundo, había dominado a otros animales embravecidos antes, conocía como hacerlo. No requería demasiada concentración para no dañarlo, tenía que ser suave. Alzó su mano libre y clavó sus ojos en los del perro, y pensó que era su amiga.

El animal se detuvo a centímetros de ella, y con un pequeño lamento, se echó a sus pies y giró, dejando su abdomen al descubierto.

Sonriendo de oreja a oreja, la joven depositó su maleta en el suelo, y se agachó para acariciarlo en el pecho, mientras el animal tiraba lametazos a sus mejillas.

— Discúlpame, no sé que le pasó, nunca se había comportado de esa manera — se excusó el hombre, sin saber cómo enmendar su error y enganchando la brida en el collar de Picudo, antes de llevárselo.

Apreció como se alejaba junto a su dueño, y pensó que era un hermoso animal, gracias a Dios, todo había salido bien. Aquella cosa lo había utilizado como herramienta para frenarla, y eso solo significaba una cosa. Le tenía miedo.

Tocó el timbre y un albino de unos dos metros de altura, tan delgado como un poste y peinado a la gomina, abrió la puerta.

— ¿Usted es la señorita Jade? — preguntó el hombre, quitándole la maleta, sin siquiera mirarla, y manteniendo el rostro inexpresivo, como si de un robot se tratara, pero al alzar la vista y notarla, le ofreció su mejor sonrisa.

— Sí, soy yo. Don Josué me está esperando.

— Por aquí, por favor — le indicó el sirviente, avanzando delante de ella con parsimonia.

La inmensa casa estaba decorada con un estilo renacentista, que a Jade se le antojó recargado y caprichoso, el lugar se parecía más a un museo que a una vivienda. Las paredes rebalsaban de cuadros, cabezas de ciervos y esculturas. El arte le encantaba, pero la abundancia le pareció de mal gusto.

Tras una larga caminata en el tiempo, pero no en el espacio, el albino abrió una puerta de dos hojas y la invitó a que se ubicara en una de las sillas que enmarcaban una larga mesa de apariencia antigua y sólida. De seguro era una antigüedad invaluable, pero para ella, que no conocía sobre el tema, era solo una mesa robusta.

— ¿Desea algo de comer? — Le preguntó el sirviente — . Preparo un emparedado de queso asado, muy delicioso.

— Se lo agradecería mucho — aceptó la joven, notando como se le hacía agua a la boca con solo pensar en el queso. Seguramente no sería como el de manchitas, pero no le importó — . ¿Cómo se llama señor?

— Mi nombre es Amador, pero si gustas, puedes llamarme Lechín, como lo hace mi hermana.

La joven lo observó, y una sonrisa amplia apareció en su rostro, le encantaba ese nombre.

— En un momento regresaré con su emparedado — le indicó el hombre, antes de retirarse.

— Perfecto, señor Lechín, estaré aquí aguardando.

En cuanto el albino se hubo retirado, se hizo presente un hombre de apariencia culta y gentil y la saludó con un beso en la mejilla.

— No puedo creer que hablara contigo, en verdad eres milagrosa. Ese maldito albino no habló nunca con ninguno de mis invitados — le explicó el hombre, sin lograr sacudirse el asombro. Disculpa mis modales, es que me superó la situación. Buenas tardes, seguro no te acuerdas de mí, pero te he visto miles de veces cuando eras niña. Incluso, te visité en la clínica el día en que naciste — le comentó el hombre, separando una silla de la mesa para tomar asiento — . Soy Josué.

La joven lo observaba de forma tímida y sonreía, sin saber que decirle.

— Me alegro mucho de que Armando esté fuera de peligro, en verdad me asombró la noticia. No sé si estás al tanto, pero nosotros no solemos sufrir demasiados accidentes, y en este último tiempo, digamos que están pasando todos juntos.

— Claro, el demonio siempre los resguardó — terció la joven con naturalidad, como si estuviera hablando del pronóstico del tiempo.

— Bueno… sí así lo quieres llamar — terció Josué, denotando un poco de incomodidad — . Disculpa que me inquiete, pero no estoy acostumbrado a hablar del asunto con personas ajenas a la logia.

— Lo comprendo, es algo muy hermético, no es para menos. Pero saqué el tema, porque debo decirle que ya no están resguardados por él, lo lamento. Es más, quiere dañarlos — informó Jade con tono nervioso, no estaba acostumbrada a hablar con desconocidos, y mucho menos de esos temas — . En verdad, siento que sus creencias se vean afectadas.

— ¿De qué estás hablando?, no comprendo — la interrogó el hombre, con atención.

— Bueno, no sé si sabe que tengo algunos dones y videncias, soy, algo así, como una especie de bruja — le dijo avergonzada — . ¡Bruja blanca, eh! No se vaya a pensar que soy de esas que hacen cochinadas.

— Claro, sí, ya lo sabía — le respondió Josué, reprimiendo la risa que le había causado la palabra cochinadas, saliendo de una boca tan inocente — . No sé si tu padre alguna vez te comentó el motivo de tus dones.

— No, nunca me dijo nada sobre el asunto.

— Bueno, creo que debes saberlo. Tus poderes fueron generados por la entidad, esa que tú llamas demonio. Verás, tras el parto de tu hermano, Lucía, tu madre, quedó incapacitada para tener otro niño, aunque lo deseaba con locura, tenía menos de un uno por ciento de posibilidades. Tu padre, al ver Lucía se estaba desmoronando, en uno de los rituales a la entidad, pidió que su esposa quedara embarazada. A los nueve meses, estabas naciendo. Así que, como fuiste concebida de una forma sobrenatural, naciste con poderes sobrenaturales. De seguro hay una explicación mucho más compleja para todo el asunto, pero la desconozco.

— ¿Quéeee? ¿Me estás diciendo que le debo la vida a ese demonio? ¿Es broma? — Preguntó la joven, con la boca abierta por el asombro.

— Bueno, nadie me lo asegura, pero siempre tuviste fuertes poderes. Tu padre nos contaba que, con solo dos años, podías mover cosas con la mente y te comunicabas con los animales, sin siquiera hablar. Ellos hacían lo que tú querías.

— Eso es algo nuevo para mí, después de todo, esa COSA me benefició de alguna forma. Es más, te diría que ayudo a fabricar el arma que le dará fin — respondió Jade, mirando el suelo con los ojos muy abiertos, a la vez que intentaba ordenar la información.

— Es imposible matar a una entidad, no tienen vida. Sigo sin comprenderte, por favor, explícame.

— Bueno, no lo voy a matar, lo voy a destruir — le aclaró la joven, como si fuera lo más obvio del mundo — . Hace aproximadamente un mes y medio, comencé a tener fuertes premoniciones y pesadillas. Las últimas noches, vislumbré a Ignacio y el tormento que sufre. Está poseído por ese demonio, e intenta aniquilar su alma para adueñarse de su cuerpo. Se está haciendo muy fuerte, ya no necesita de humanos que le rindan culto, por lo que desea matarlos a todos y borrar la evidencia de que está dentro de Ignacio. Tienes que llevarme a esa casa, debo frenarlo.

— Si no fuera porque hoy mismo, Raptor me llamó para contarme que la entidad asesinó a Ismael, no lo creería, pero, ahora todo cobra sentido. En verdad, telefoneaba a tu hermano por ese motivo, para que nos reuniéramos en casa y buscar una solución, parece que también mató a una chica.

— Nooo, por Dios, ¿Isma está muerto? — le preguntó la joven, muy angustiada y con lágrimas en sus ojos. Aquel viejo había sido como un tío para ella. Era su padrino de bautismo y le tenía gran aprecio, a pesar de que siempre supo que no era una buena persona, con ella sí lo era.

— Fue un golpe duro para todos, yo también lo estimaba mucho. Según comprendo, el cuerpo aún yace en la casa. Cuando llegue Raptor, nos los explicará en detalle. También están viniendo los demás miembros de la logia. Bueno, ahora que lo pienso… con tu hermano internado, solo quedan él y Amanda. ¿La conoces a Amanda?

— ¿La vieja atorranta? — le preguntó la joven con enfado, nunca le había caído bien la manera en que esa mujer miraba a su padre.

— jajajajaa, sí, esa misma. Tenle paciencia, es un poco extraña, pero es buena gente.

Amanda se hizo presente cerca de las once de la noche. Estaba muy asustada y corrió para abrazar a Josué. Jade al verla, alzó la vista al cielo e intentó parecer simpática, pero no la toleraba, cualquier excusa era buena para arrojarse a los brazos de un hombre.

Mientras Josué la consolaba, la acompañaron a que comiera algo y le informaron lo sucedido. Luego, entre los tres, decidieron esperar a Raptor, hasta que la madrugada los tomó por sorpresa y descubrieron que no aparecería.

Amanda, al darse cuenta de esto, volvió con sus lágrimas y pensó que todo era una actuación barata para llamar la atención.

Había llegado el momento de actuar, y debía impulsarlos para que así fuera, todo estaba en sus manos.

— Debemos salir ahora mismo, ya esperamos demasiado, e Ignacio no tolerará mucho más. Una vez que extinga su alma, la bestia será imparable — les indicó Jade, tomando una postura de líder y una firmeza, de la que no se había creído capaz — . Podrá salir de la propiedad a su antojo e ir a donde le plazca. Anteriormente, nunca pudo alejarse demasiado de esas tierras, porque hay algo allí que le brinda la energía necesaria para manifestarse. No logro visualizar de qué se trata, pero cuando lo vea, lo sabré. Gracias a esa fuente, ha subsistido durante miles de años, y ahora que ya no necesita energías para su manifestación, se está haciéndose más y más fuerte a cada minuto.

Allí, en esa inmensa cocina de madera en que se encontraban comiendo un tentempié, Josué y Amanda se miraron con temor, ninguno estaba dispuesto a enfrentarse a Baal, era una locura. Aunque no le darían la espalda a un miembro de la logia, podrían haber sido ellos mismos los poseídos.

— De acuerdo, como tú digas — respondió Josué, con un tono resignado, al que, sin brillo, intentó darle seguridad.

— ¿Miren si Raptor solo está demorado? ¿No tendríamos que esperar hasta el amanecer? — Intercedió Amanda, impulsada por el temor, en busca de una excusa para demorar lo inevitable.

— Raptor no vendrá, ya no hay nada que podamos hacer por él — le respondió la joven, con la misma seguridad con la que diría su nombre — . Me gustaría decirte lo contrario, pero siento que algo malo pasó con él. Debemos partir de inmediato.

El Hummer negro de Josué, frenó en la puerta de entrada a la propiedad de Ignacio, delante del portón. Incontables relámpagos iluminaban el horizonte, anunciando una próxima tormenta y el viento soplaba con fuerza.

— El servicio meteorológico recomienda no salir de sus hogares, al menos que sea una urgencia. Han dado una alerta de granizo y fuert… — anunció el conductor de un programa de radio, antes de que Josué apagara el equipo.

— Lo que nos faltaba — protestó Josué — . ¿Están seguras que quieren hacer esto?

— Claro que no — respondió Amanda de inmediato.

— Ya sabe que estamos aquí, lo presiento — comentó la joven — . Lo supo antes de que frenaras el vehículo. Es demasiado tarde para regresar, Ignacio no tiene tiempo.

— Es que no lograremos salvar a nadie, moriremos todos, al igual que Ismael y Raptor, ¿no te das cuenta? — Le gritó Amanda, llevada por la desesperación.

— ¿Saben que esta reja de metal, que bordea toda la propiedad, ha evitado, durante siglos, que ese demonio escapara de aquí? Aunque ya es demasiado fuerte, antes de que realizaran rituales en su nombre, lo contenía.

— ¿Quieres decirle que se calle? — le pidió Amanda a Josué, aquellos comentarios solo la estaban poniendo más nerviosa de lo que ya estaba.

— ¿Por qué? Tiene razón — le respondió Josué, observando a Amanda — . Nunca lo había imaginado, los demonios y el acero, no se llevan. Mira que inteligente que resultaste, niña — finalizó, antes de poner en marcha nuevamente el vehículo.

El Hummer zigzagueó por el estrecho sendero, mientras las ramas y malezas arañaban sus puertas y ventanillas.

El vehículo redujo la velocidad y estacionó junto a la camioneta de Ismael.

Sin tiempo que perder, la joven brincó del vehículo, pero tanto Josué como Amanda, estuvieron un poco más remilgados en hacerlo, parecía que no se dieran cuenta de que urgía encontrarlo. Se reunieron frente al vehículo, abrocharon sus abrigos hasta el cuello y encendieron sus linternas, estaban listos para emprender el recorrido. Tanto el hombre como la mujer, estaban aterrados hasta el alma, pero la joven parecía decidida y llena de valor.

Jade avanzó hacia el sitio en el que estaba la motocicleta de Raptor, y Josué la seguía, tomando a Amanda de la mano.

La joven se detuvo frente a la motocicleta y la alumbró con su linterna, en silencio, aquel vehículo estaba cubierto de sangre seca. Un relámpago iluminó el cielo, revelando algunos trozos de carne pegados al tanque de nafta, y comenzó a llover. Sin ánimos de moverse, los tres permanecieron contemplando cómo las gotas iban lavando la sangre del vehículo. No necesitaron demasiado tiempo para colegir que la niña había acertado en su profecía, y Raptor estaba muerto.

— Debemos continuar — le ordenó Josué con un suave susurro, tomando la iniciativa.

Amontonados, y con paso lento, ingresaron en la casa. Josué iba a la vanguardia y las dos mujeres detrás de él, casi pisándole los talones.

— Aquí no hay nadie, subamos al vehículo y marchémonos a toda prisa — propuso Amanda, casi suplicando — . Piensen que si mató a un hombre como Raptor, a nosotros nos aplastará como a cucarachas. No sean tontos.

— No te preocupes, aquí lo que cuenta no es la fuerza física, sino la espiritual — le respondió, emulando firmeza, con su tierna voz de niña — . A mí tampoco me gusta, pero es lo que debemos hacer.

Josué, alzó su dedo índice delante de los labios, indicándoles que guardaran silencio y prosiguió con su marcha, mientras los truenos y la fuerte lluvia encubrían los sonidos de la casa.

Con el mayor recelo de sus vidas, recorrieron la mansión, ambiente por ambiente, habitación por habitación, hasta que llegaron al dormitorio de Ignacio. La fuerte hediondez podía percibirse desde la planta baja, pero en la proximidad, se hacía insoportable, y debido a esto, solo estudiaron la escena desde el pasillo. Asomando sus cabezas, mientras contenían la respiración, lograron notar algo en el suelo, que muy posiblemente se tratara del cuerpo de Ismael, junto a las bolsas de basura de las que había hablado Raptor. Con sumo cuidado y suavidad, Josué cerró la puerta para frenar la fetidez de la putrefacción y reanudaron su búsqueda.

Finalmente, el agobiante e interminable recorrido había llegado a su fin, solo quedaba estudiar el sótano para dar la propiedad por deshabitada.

Una tras otro, con Josué a la cabeza y Amanda a la postre, bajaron por los oscuros y estrechos peldaños de la escalera que descendía a las penumbras. Amanda había intentado encender las luces, pero la joven advirtió que no lo hiciera, el demonio sabía que estaban en la propiedad, pero no en que parte de ella se encontraban, así que convenía mantenerse la mayor subrepción posible. Los truenos continuaban resonando en los rincones de la casa, sobresaltándolos a cada vez y obligándolos a aglomerarse entre sí.

En cuanto pisaron el suelo adoquinado, tanto Amanda como Josué, no se demoraron en apuntar sus linternas hacia la puerta de la pequeña capilla, pero la joven, sin saber que allí había un posible refugio, apuntaba hacia las vinotecas, maravillándose con la cantidad de botellas, nunca había visto tantas juntas. Al darse cuenta, también apuntó su linterna hacia esa puerta que estaba levemente abierta, lo cual les llamó mucho la atención. Nunca debía permanecer sin llave.

Descubiertos como un puñado de miedosos, con paso lento y titubeante, atisbando entre las altas estanterías, por miedo a que los tomara desprevenidos desde uno de los rincones, se dirigieron hacia la capilla, y, cuando estuvieron a su alcance, empujaron la puerta con una suave patada. Con un pequeño chirrido, similar a un quejido, se abrió lo suficiente como para descubrir su interior.

El alarido de Amanda revotó en todas las paredes, provocando un fuerte eco, revelando su posición. Josué retrocedió para taparle la boca con la palma de su mano, aunque ya era demasiado tarde, seguramente, el grito se había oído hasta en la playa. Aterrados hasta los huesos, advirtieron que el cadáver de Raptor estaba atado, cabeza para abajo, sobre la inmensa cruz invertida, que pendía sobre la mesa circular, emulando una cruel sátira de la imagen de Jesús. Todo su vientre estaba abierto, y sus órganos y sangre se esparcían por el suelo y la mesa. La joven observó como su intestino llegaba desde su abdomen hasta el piso, formando curvas como si fuera un camino montañoso.

Conteniendo las arcadas, salieron con prontitud y subieron las escaleras, casi en una carrera.

— Debemos separarnos — comentó Jade, observando a sus dos compañeros.

— No, estás loca, niña — le retrucó Amanda, digiriendo una tétrica mirada hacia Josué, como indicando que aquella idea era una locura. Si tenemos alguna chance de sobrevivir, es permaneciendo juntos.

— La joven tiene razón — la corrigió Josué — . Al mal paso, darle prisa. Si nos separamos, lo encontraremos más rápido. El que lo vea, que grite con todas sus fuerzas, y los demás iremos a su encuentro. Vamos. ¿De qué tienes miedo? ¿Acaso no has vivido demasiado? — Bromeó el hombre.

— No, la verdad que no, aún me falta mucho por hacer — respondió Amanda llena de terror.

— Los matará en bien los vea, lo que necesito de ustedes, es que permanezcan aquí e intenten no llamar su atención. Sabemos que la casa está segura. Mientras tanto, iré en busca de Ignacio — les ordenó la joven, sintiendo más miedo del que había calculado. Pero era un miedo controlado, como el que siente un boxeador en los vestuarios, antes de subir al ring.

— Imposible — se interpuso Josué — . Si llegara a pasarte algo, no podría vivir con la culpa.

— Si me acompañas, solo me estorbarás — le informó la joven, utilizando un poco de su control mental, con el que logró manipular al hombre. Detestaba hacerle eso a la gente, pero era para salvarle la vida — . Aparte de esa capilla, ¿hay algún otro sitio que pueda ser de la preferencia de la bestia?

— Por supuesto — le respondió Amanda de inmediato — . Está el monolito, donde fue hallado el grimorio y se realizan los principales rituales.

— ¿Está vinculado con un grimorio? — Preguntó la joven renovando sus esperanzas — . Eso no lo sabía, es una excelente noticia. Necesito que lo busquen y lo encuentren, a como dé lugar. Con él, tenemos una posibilidad mucho mayor de ganar.

— Por supuesto, todo comenzó con un libro. Sí, supongo que está vinculado con él — le aseguró Josué — . No te preocupes, haré todo lo que esté en mis manos por encontrarlo.

— Adiós, en cuanto lo encuentren, quiero que me envíen un mensaje a mi celular. Aquel es su lugar de energía, no hay dudas de que lo encontraré junto al monolito. Les haré saber, si estoy con vida, cual es el mejor momento para que vayan a mi encuentro, llevando el texto — les ordenó la joven — . Si pasa mucho tiempo, y no llegan a recibir ninguna señal, suban al vehículo y salgan de aquí a toda prisa.

La joven se acercó a Josué y le dio un beso en la mejilla, a modo de despedida. Amanda a su lado, la indagó con la mirada, esperando su saludo, pero no podía ser falsa, por lo que solo le palmeó el hombro con una cálida sonrisa.

La acompañaron hasta la puerta, y la vieron marcharse hacia el oscuro bosque, donde las penumbras la envolvieron.

No se había molestado en preguntarles como llegar hasta el dichoso monolito, porque percibía la fuerte energía que emanaba ese lugar, pero debía asegurarse, antes de abandonar a sus compañeros. Caminaba por el oscuro y pedregoso sendero, medianamente cubierto de tierra, hojas y raíces, mientras la lluvia golpeaba los árboles y los truenos estremecían la tierra. ¿Qué demonios haría al encontrarlo? No lo sabía, posiblemente se petrificaría del susto y la bestia la devoraría. Pero debía continuar, el miedo no la superaría.

Se introdujo en lo reinos de la naturaleza, donde la densa arboleda formaba un techo natural, que la cubría en parte de la lluvia.

Apuntando el haz de luz de su linterna, de un sitio al otro, buscaba algún indicio del mencionado monolito, pero solo había bosque. Murciélagos y lechuzas murmuraban a su alrededor, y los árboles crujían por el viento, aparentando diabólicas risotadas. Se reían del temor que crecía en su interior, y muy posible, también se reirían de lo que le deparaba el futuro. No importaba, no se echaría atrás de ninguna manera, muchas vidas dependían de ella, de su éxito.

Una leve presión se posó sobre su hombro y se giró, con tal fuerza, que perdió la linterna y estuvo a punto de caer, pero descubrió que solo se trataba de una simple rama y no de una mano que la estaba aferrando. Debía dominar sus nervios. Cogió la linterna y continuó la marcha.

Tras una larga caminata, llegó al energético sitio y descubrió una piedra con runas talladas, ese tendría que ser. Frenó junto a él y sintió como su cuerpo absorbía esa energía que no era blanca como la suya, sino nacida del pecado y la inmundicia, aunque energía en fin, le podría servir para la batalla. Indagó en todas las direcciones, pero allí no había nadie. ¿Dónde podría estar? Sus esperanzas se vieron pisoteadas, estaba casi segura de que lo hallaría en aquel lugar, pero no fue así. ¿Acaso había caído en una trampa?

Se desesperó al pensar en sus compañeros, estaban solos y sin ningún tipo de protección. La bestia la había engañado para separarlos.

Comenzó a correr con todas sus fuerzas, cuando, una rama oculta entre el hierbajo y el lodo, la traicionó, enredando uno de sus pies y haciéndola trastabillar. Jade cayó de pecho contra el fango, y se sintió ridiculizada. Y la risa de los árboles llegó a sus oídos como una burla, pero se concentró para ver la realidad, solamente era madera chirriando por el movimiento.

Apoyó sus manos para ponerse de pie y alzó la vista, cuando su corazón le bombeó con fuerza. Unos metros más adelante, los pies descalzos de un hombre se destacaban entre las agujas de pino.

Se incorporó, casi de un salto, con la cara y el cuerpo lleno de lodo y el cabello mojado pegado sobre su rostro, bloqueándole parcialmente la vista.

El hombre la observaba inmóvil, vestido solo con una remera y un jean, sumamente empapados, la escrutaba inmóvil, como un león a una gacela.

Jade Apretó sus puños y mordió con fuerzas, allí estaba el demonio, observándola con sus negros ojos impregnados de oscuridad y maldad.

Ambos contrincantes se estudiaban y medían, sin siquiera mover un músculo, mientras la lluvia los golpeaba y el viento agitaba sus ropas y parte de sus cabellos. Un rayo resquebrajó el cielo con un fuerte estruendo y el resplandor iluminó el rigor de sus expresiones.

Continuará el 25 de julio.

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