Sacrilegio de siglo XXI
Tantas personas dicen, pero ninguna escucha. Todos corren, pero nadie frena a respirar, a escuchar-se.
Para saber algo de la vida de alguien que conocimos de chicxs y no vemos hace años entramos a su Instagram, Facebook, Whatsapp, Snapchat, Twitter, o lo que sea. Y a partir de allí sacamos una conclusión, un modelo de los modelos que tenemos, un molde, un imaginario de quién es.
Ahora, ¿de qué depende que ese imaginario se parezca o se acerque al menos un poco a quién realmente esa persona es? ¿de nuestras propias vivencias y prejuicios? .
¿De la capacidad que este tenga para representarse a sí mismo? o, ¿de la imagen que este quiera dar?. A muchos les gusta ocultarse tras un disfraz.
De cualquier manera me parece absurdo, pero¿ por qué después de conocer a alguien en persona, surge la necesidad de buscarlo en alguna red social?. Parece no ser suficiente con haberlx conocidx, y… en cualquier caso, esperar a volver a verlx si se quiere conocerlx un poco más, preguntar, escuchar.
Todos miran la vida de todos, pero nadie observa, es una mirada fugaz, fingida, nadie pregunta, nadie escucha. Pocos así, de verdad hablan, por miedo a que nadie escuche.
En la oscuridad, iluminadxs por el teléfono hay una falsa socialización, que reemplaza muchas veces no haber abrazado, reído, escuchado.
En una reunión de diez personas, se mandan fotos para que las vean otras mil, y en vez de hablar con esas nueve, se habla con otras que están en algún otro lugar. Así, todo el día, todos los días. Tal vez enloquecí, pero siento que nadie siente.
La moda de preocuparse por quien ser a los ojos de un otro que no ve ni escucha nos aleja, nos aisla, nos cubre de falsedades. Pero nadie escucha.
Sobran datos móviles en el bosque o en el parque, y falta gente mirando el cielo tirada en el pasto, hablando… escuchando.
Retiro lo dicho, depende de vos.

