Cuando compré la moto, establecí unos mandamientos que debía cumplir si quería vivir un poco más de lo recorrido sin tener que retar a los delincuentes que se apropiaron de nuestro destino. La idea de tener un vehículo propio era convertir mi rutina laboral en algo más agradable, porque simplemente no es tan chévere tener que hacerte una prueba de embarazo cada vez que te bajas del metro. Por eso, mi primera regla fue no salir con la moto en la noche. Ya a eso de las 6:30pm ella debía estar estacionada en mi casa, no porque sea un padre sometedor con miedo a que su hija salga preñada a los 15, sino porque vivía en Caracas.

Yo siempre trabajé en oficina sin importar las oportunidades alternas que se me daban. Eso me obligaba a romper mi regla número 1 de vez en cuando. En uno de esos días que debía compartir mi tiempo entre el horario fijo, los tigres y los intereses, me agarró la noche. Ahí estaba yo, con mi moto a las 9:30pm entrando a la autopista desde Altamira para agarrar la Prados del Este.

Ustedes saben cómo es ese negocio. La gente está desesperada por llegar a su casa. Te tienes que cuidar de los que van de este a oeste sin creer en nadie para poder decidir a tiempo si ir a Las Mercedes o al este del este, todo esto en una moto que no pasa de 80 kilómetros por hora. Era como Melamed queriendo entrar a la estampida de antílopes que le pasó por encima a Mufasa.

Ya en la vía correcta, a la altura del Santa del C.C.C.T, veo como se aproxima una moto con 2 personas que no se veían amigables. Uno en Caracas desarrolla la intuición a niveles sorprendentes. Solo 3 segundos bastan para descifrar si la persona que tienes al lado te quiere robar, secuestrar, violar, preguntar una estupidez, pedir real, caer a labia, hablar de política o simplemente chismear. Esa moto que venía detrás de mi, llevaba una liga de las 2 primeras opciones.

Yo, siendo una persona irresponsable, estaba escuchando música. Tenía audífonos puestos y el iPod a todo volumen. Veía la moto acercarse pero no podía hacer nada porque simplemente no hay nada peor que ese limbo de desconfianza cuando sientes una movida rara donde no sabes si seguir tu camino con normalidad corriendo el riesgo de que te roben, o actuar con anticipación, huir, que los tipos no tengan la mínima intención ni de saludarte y entonces uno queda como un loco paranóico, cagado. Una vez me pasó, se me acercó una moto en El Marqués y salí corriendo. Era un repartidor de comida china que solo me quería preguntar una dirección.

La moto me alcanza y el parrillero comienza a hacerme señas. Con mi vista periférica siento el aleteo y la gesticulación, pero trato de hacerme el loco. En ese momento aceleran y se colocan a un metro de distancia a mi lado izquierdo. El parrillero saca un arma y comienza a mostrármela. Yo no se que pasó por mi cabeza, pero evidentemente no fue nada razonable. Al ver el hierro, freno en seco en plena autopista, la moto obviamente patina pero por suerte logro equilibrarla y en 2 segundos ya estaba yendo en sentido contrario por la Prados del Este esquivando más de 30 carros que venían a 150 de frente. Al acelerar en esa dirección, escucho un disparo que para mi, no fue más que un intento de cagarme porque la distancia que había entre ellos y yo, era como jugar Duck Hunt con trampa, pegado al televisor. Imposible de fallar.

Manejo gran parte de la Prados del Este en sentido contrario, la gente me tocaba corneta, me gritaban y me insultaban. Me imagino que habrán pensado que era alguien haciéndose el cómico buscando morir estúpidamente. Al final logro llegar a una parte en la que podía manejar por el hombrillo para evitar que me pasaran por encima y vuelvo al lugar de donde partí pero en contra vía. Primera vez en la vida que siento que me va a dar un infarto. No podía ni seguir manejando porque las manos me temblaban. Tuve que meterme por Las Mercedes y estacionarme por un antiguo Bingo que estaba frente al Locatel de ahí. Al final, me fui a mi casa y listo, todo pasó.

Esa noche lo primero que hice al llegar fue desahogarme en Twitter y por alguna razón, mis tweets llegaron al timeline de Mirla Castellanos “La Primerísima”, quien decidió compartir mi cuento y posicionar a “Leo Rojas” en los trending topics junto a Taylor Swift y Mario Silva por 2 días seguidos.

No hay nada más asqueroso que vivir lo que me tocó ese día. Me alegra que las cosas no hayan terminado de otra manera porque sino estuvieras desperdiciando 5 minutos de tu vida en otra cosa que no fuese leer un blog de alguien que no conoces. Hoy, son 2 años de eso, por eso siento que soy un bebé de 23 meses de edad que ya sabe limpiarse el culo.

Aprovecho este momento de conciencia para decirles que nunca utilicen sus vehículos para algo que realmente no valga la pena, como por ejemplo beber. En algún momento lo hice. Bebí y a las 4:00am me fui a casa de Cheo donde estaban Charco, Marco 77, Chino y Edvill esperándome para seguir bebiendo. Antes de salir para allá, prendí la moto, aceleré y no me di cuenta que tenía el candado puesto, me caí sin haber arrancado y la corneta de la moto quedo presionada contra el suelo despertando a la gente de la urbanización cerrada en la que estaba, y yo como una cucaracha discapacitada sin poder voltearme en el suelo de lo prendido que estaba.

No busquen peligro. Piensen que al menos hay que vivir 2 veces más, lo que ya hemos vivido. También piensen en mi.

Leo.

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