
La actitud de las aeromozas siempre es importante. Paso el 80% del tiempo de mi vuelo viéndoles las caras solo para asegurarme de que no están siendo hipócritas. Para mi, una risa nerviosa o una pelada de ojos entre ellas, es más alarmante que una caída de máscaras de oxigeno.
Odio volar, es algo que está en mi top 2 de cosas que detesto junto al comunismo. No vayan a pensar que me da miedo porque la idea no es que se burlen de mi, pero si, me da miedo. No puedo ni dormir de lo tenso que pongo. Están a un paso de darnos comida de pájaro. Siempre que me toca volar me hago la misma pregunta. Más de 100 años desde que despegó el primer avión en el mundo y todavía la clase económica está hecha para gente que legalmente puede jugar en un parque de Mcdonald’s. Yo estoy a 14 centímetros de medir 2 metros de altura. Para mi, pasar 5 horas en un asiento de esos es tan cómodo como cruzar la frontera gringa escondido en una Pick Up llena de prostitutas.
El punto es que este mes me tocará volar varias veces y pensando en eso, me acordé de algo. Hace varios años viajé y el vuelo duraba unas 7 horas. Ya a partir de la cuarta hora a uno le comienza a incomodar el culo, la gente, el aire y cualquier cosa que alimente la intolerancia. A mi personalmente me da la locura de pararme y caminar por el pasillo para estirarme un poco. En una de esas, me acerco al baño y escucho al personal de la aerolínea, gozando. Hablaban varios al mismo tiempo, risas a buen volumen, etc. Eran 3 tipas con más de 30 cada una. Yo veo toda esta situación y aprovecho el buen humor para pedirles que me sirvan un whiskey del que no soy fan pero al menos sabemos que beber a uno lo calma. En eso comenzamos a hablar los 4 y les confieso que a mi me incomoda volar y que me sorprende la gente como ellas que básicamente pasan más tiempo arriba que abajo.
Yo no se qué pasó, pero terminé sentado en ese espacio que hay en la cola del avión, sentado con 3 aeromozas que me usaron de Pascualina. Todas contando sus peos, pidiendo la opinión desde el punto de vista masculino, revelándose entre ellas a quienes del personal se habían cogido, a quienes odiaban y quienes lograron un buen cargo a punta de palanca. Esto no fue todo, a mitad de ese rato extraño con mis amigas, una de ellas hace la seña indicando que alguien de la cabina se acerca y que tengo que meterme rápidamente al lado de una mini nevera que estaba en la esquina.
Ahí estaba yo, escondido en la “oficina” de las aeromozas para que el “capitán”, supongo, no descubriera que me estaban dando todo el whiskey que pidiera y que además me tenían ahí como la cuarta amiga rehén. Todo esto en 35 minutos.
Al final me despido de ellas, me voy a mi asiento y vuelvo a mi ansiedad loca por el vuelo. Cuando una de ellas me pasa por al lado, le digo que si por favor me puede dar un vaso de agua y para mi sorpresa, me respondió con la peor actitud que alguien puede tener, negándomelo porque “ya estamos a nada de aterrizar”.
Habíamos sido amigos por 35 minutos, un vaso de agua no se le niega a nadie, además las leyes de la bipolaridad no hablan de que la condición es tan inmediata. ¿Qué es esto? ¿Será que dije algo chimbo y no me di cuenta?.
Al final aterrizamos, y me tocó pasarles por al frente cuando salí del avión y ni siquiera me respondieron el “chao”.
Qué aeromozas de mierda y qué horrible es volar.