Domingo. Dormimos casi toda la mañana. Estamos rotas y rojas. Hace calor. Caminamos como treinta cuadras hasta el Rastro, en la Latina. ¡Es tan San Telmo el Rastro! Hay muchos teatros más pequeños que los de la Gran Vía, lo que lo hace parecer un circuito under. Bares, como en todos los barrios de Madrid, cervezas a un euro, tapas y raciones. Desde el medio día empieza la ronda de comidas y no para. Todo es comer en Madrid. Ahora entramos a un espacio intercultural lleno de gente y luego volvemos al Museo del Prado. Nunca alcanza el tiempo. A la noche vamos a la Plaza Mayor para hacer un recorrido por Los edificios de la inquisición. Los días son muy largos porque a las nueve y media de la noche todavía hay luz, como en el sur argentino, y nadie cena antes de las once. Male se abrió un Instagram y está enloquezada sacando fotos. Se ve que todo le resulta muy distinto y fotografiable. También, de paso, está armando un álbum de fotos burlándome. No sabés lo que me reí con eso. Me saca fotos atándome los cordones, en poses rarísimas, durmiendo, saliendo del baño, siempre de sorpresa, con un trapo en la cabeza, lavándome los dientes, o todo aquello que le parezca ridículo.
Leo tus tuits como una forma de tenerte cerca, o imaginar en qué andás. Ah, me olvidaba. Ayer te compré un regalo.
Besos en la puerta de Carlos Calvo cuando llego.
