Hola fo, te la hago trágica así se lee menos lavado todo esto. Hoy lloré y sangré. Vamos por partes. Sangré primero. A la mañana. Me caí en la calle a la salida del castillo de Púbol, donde Dalí vivió con Gala. Iba tramando un chiste para hacerle a Male y me distraje, no miré que pisaba un pozo, y zaz, al piso. La cosa fue así. Pasaba un señor, nosotras salíamos de la casa museo –luego te cuento detalles hermosos de esa visita– y yo, para hacerla reír, le digo al tipo: “¿Puedes decirme qué autobús tengo que coger para ir a La Pera?”. No terminé de pronunciar la frase que empecé a reírme en la cara del buen hombre que no tardó en darse cuenta que no éramos españolas, y nos preguntó de dónde veníamos. Venezuela, le dije, para no dejar mal al país. “Ah, me parecía. Bueno, pues, no sé dónde podrías coger uno” –respondió, y siguió su camino. Todo lo que siguió fue risa mezclada con reproches de Male, más risas hasta doblarnos del dolor de panza y, finalmente, pisar mal el asfalto y caer con la rodilla izquierda, en la que ahora tengo dos tremendos frutillones cicatrizando. La aventura terminó con las dos haciendo dedo, subidas a un auto blanco, no sé qué marca, en los caminos escoltados por sembrados de girasoles, desde Púbol hasta Flaça, donde tomamos el tren a Figueras. En esa otra ciudad viene la parte del relato en que: lloré. No conformes con todos los detalles de la vida de Dalí que vimos en su residencia, por la mañana, ni con los cuadros y fotos, o ese inmenso jardín de esculturas esparcidas, fuentes, pajaritos, bancos, silencio y calma, nos fuimos a ver el Museo que el propio Salvador Dalí fundó en 1975 –año de mi natalicio– tras reconstruir el teatro de Figueras en su ciudad natal, que se había incendiado durante la Guerra Civil Española. No hay tanto para extenderse acá, ni mucha cuestión alrededor del asunto. Sólo que pasé de unas salas en planta baja, donde vimos ilustraciones en tinta negra sobre papel –unos trabajos tranquilitos y pequeños– al patio que está debajo de la cúpula de vidrio que deja ver el cielo y ahí, precisamente en ese momento, me la encontré: Gala, así se llama la obra. Un paño extensísimo, de tal vez 50 metros x 50, no sé. Una pintura de tamaño exorbitante, que cuelga del techo y supera sobradamente las dimensiones humanas. Un exceso de creatividad e imaginación. Una muestra de su amor por la mujer que no podía satisfacer sexualmente, de su devoción al pintarla, retratarla, fotografiarla, usarla de musa e inspiración hasta su muerte. Después fui sorprendiéndome varias veces más, frente a varias otras obras que conocía mejor, pero no volví a llorar. Lloré solo en esa. No la más linda, no la más reconocida. Esa. Punto. Vaya a saber uno por qué. Tal vez la sorpresa de encontrármela de golpe ahí. Acá la busqué entre mis fotos y te la dejo para que veas las dimensiones.

Dalí es genial, además de por su obra, porque diseñó su posteridad y le hizo la campaña de comunicación a la Secretaría de Turismo de Figueras, desde entonces al fin de los tiempos. Su obra puso en el circuito del arte a una ciudad que estaba perdida entre otras, y que tenía muy pocas chances de que las personas pasaran a visitarla. Le dió para eso también, sí. Un mundo propio, unos universos paralelos, dimensiones del tiempo y el espacio satelitales, crítica a sus maestros y antepasados que no son burla, experiencias para compartir con los espectadores, cambios de punto de vista, y elementos pictóricos icónicos para ser convertidos en souvenir y merchandising hoy. Estuvo metido en todo, hasta en los detalles más ínfimos. Pensó en exceso pero también dejó fluir su inconsciente. Había quedado fascinado con la lectura de La interpretación de los sueños, de Freud. Tanto, que hasta quiso conocerlo. Un genio en su materia. Su cuerpo está en el sótano del Teatro-Museo de Figueras, al lado de la Basílica donde fue bautizado. El cuerpo de Gala en la cripta de Púbol, diseñada y ornamentada especialmente para ella. Fue un día especial. Viajé de una punta a la otra en tren y toqué ambas tumbas. Saqué fotos horribles y sin luz a todas las obras que puede porque, después, quiero hablar con vos sobre algunos de esos recuerdos. Y te pensé mucho, mucho más que otros días.

Bueno, me duermo que mañana parto a Mataró.

Te extraño, siempre.

Que termines bien el día.

Eenefdda

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