Hola foca brava. Son las 2.33 por acá. Vengo del segundo día de fiesta en Mataró, cena con amigos, claras al aire libre (cerveza con limón) en el parque donde tocaron varias bandas y, por último, una manguereada de los bomberos que tiraron chorros de agua de colores a la multitud sudada de bailar y beber bajo la luz de la luna.

Hoy fue otro de esos dias inolvidables y agotadores. A la mañana fuimos a la Costa Brava, a un parador primero, Llorete, y luego a Tossa de mar, un poco más al Norte, antes de llegar a Empuria Brava, la Costa de canales a la que te conté que fui ayer, casi en el límite con Francia.

No tengo más energía. No sé qué hago despierta todavía. Haceme un favor. Al terminar la lectura, googleá Tossa de mar + Barcelona y vas a estar más cerca de entender de qué te hablo. Andá viendo las fotos y, si podés, amplialas. Es una parada increíble. Mar azul-celeste-turquesa-verde-esmeralda y otras variad tonalidades, arena gruesa, acantilados que arman profundas ollas al lado de la costa donde la gente practica saltos y, a dos pasos de la playa, en tierra firme, una ciudad amurallada del año 1000, con su porción de media iglesia que zafó de la guerra -la otra fue destruída- sus torres, sus castillos hoy convertidos en residencias de artistas, y sus negocios de artesanías, fotos, pinturas, heladerías y bares. Todo una belleza. Un combo histórico natural cultural y gastronómico que se me hace insuperable. Por momentos me imaginaba que así era Mónaco, o Italia, aún sin conocerlos.

Para terminar el día, ya cayendo el sol, terminamos en Besalú, a unos 150 km de Tossa de mar. ¿Qué hay ahí? Montañas y otra ciudad medieval amurallada. ¿Entendés cuál es la locura? Todo cerca, todo óptimo. Todo hermoso.

Se me duermen los dedos de las manos porque te estoy escribiendo acostada, y desde el celular. Mañana te cuento más. Ahora te beso en la calle un día de esos bien fríos, en los que me acompañás hasta la puerta del trabajo y me doy vuelta a ver cómo te alejás, una vez que nos separamos.

Te amo.

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