Una que hago a menudo es perder

el lapiz en la cama.

Dos objetos que me definen y un verbo

♡perder♡

que estoy tratando de cambiar.

Perder es una posición

que a veces se elige sin conciencia

que a veces es cómoda

que no propone

que ya no me desafía.

Como aceptar las cosas en su estado

sin exigencias ni contraprestaciones.

El amor es un negocio duro

que hay tomarse en serio.

Reírse es parte del plan

pero no su columna vertebral.

Reirse es como el orégano

de la salsa

o el cinturón del chico que te gusta.

Un condimento no es comida.

Un accesorio no es la moda.

Perder un lápiz en la cama no es

perderse el poeta en la cama

es apenas escribir la lista de los no

para que el sí florezca como

los cien poemas del pantano

que escribió Rodolfo Enrique

“y en la barranca un L”.

La risa es un rato

una rima esencial

una necesidad imperiosa

como el lenguaje.

Pero la rima no mira

no ocupa el hueco

♡vacío♡

que deja la indecisión.

Un poeta fuerte pierde todo

menos el lapiz en la cama.

Dos metros de tela son apenas

un mundo reducido de intimidad.

Nada se puede ir muy lejos

en la cama de un poeta fuerte.

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