Venía a escribir el relato del día y resulta que sucedió algo inesperado.
Carta tuya.
Hace unos días me preguntaste si el libro de la correspondencia entre Freud y Martha incluía también las cartas de ella. Te dije que no y leímos una parte bien bizarra. Ahora no sé ni qué venía a contarte. La sorpresa te acerca tanto que me espanta. Pero dejame hacer memoria. A ver.
Hoy vi una bandera atada en lo más alto del edificio municipal que rezaba “wellcome refugees”. Me alegró saberlo, tener una parte de la sangre en Gijón, en estas tierras.
También hice el recorrido por las casas y placas en el piso, recordando los lugares donde vivieron, leyeron, cayeron presos: Lope de Vega, Cervantes, Lorca, Calderón de la Barca y ninguna Sor Juana Inés de la Cruz, por ejemplo. Me reproché pensar así. No soy la que se preocupa por los cupos. Sin embargo Sor Juana escribió y hubo muchas otras y ninguna es, siquiera, recordada al pasar. En España, como en cualquier país monárquico, las historias le dan cuerpo y forma a esa bolsa difusa de sentidos que suele llamarse “patriarcado”. Porque en todos los relatos aparece la hija prometida a tal o a cual, la discusión de la dote, la mano cortada a la monja traidora que defiende a una novicia, la dependencia femenina de un padre, tutor o encargado. Mujeres consideradas siempre hijas. Monjas, putas o esposas. No más posibilidades. Y ellos empuñando la espada y negociando los casi esclavos cuerpos ajenos. Ya sé, pasó el tiempo, pero ese punto de partida está en los genes de cientos de generaciones. Todo lo demás: juerga, tapas y raciones. Charlar en spanglish con unas israelíes desprejuiciadas que nos querían y abrazaban por ser argentinas. Bueno, digámoslo en términos de imperialismo cultural: nos amaban por “haber hecho”: Topacio, Chiquititas, Celeste, siempre Celeste, Rebelde Way y Cebollitas. La vida te da sorpresas.
Mañana te cuento más de La puerta de Alcalá, el parque El Retiro y el Botánico, con sus puestos de libros de madera, bordeando el perímetro. Ah, y la idea de una novela nueva que se me apareció de golpe, a ver qué te parece.
Ahora me duermo que estoy exhausta.
