Una vez más

En el silencio de la noche, Marie despertó a las tres de la mañana de un lunes. Abrió los ojos y vio el techo color beige de su apartamento en el 301 del edificio cercano al parque — “Tengo sed”— dijo mientras pensaba solo en esa llamada.

A las diez con cincuenta de la noche anterior, el Twitter no dejaba de mandar notificaciones, el vídeo de Youtube casi llegaba a su fin y lo siguiente era el un par de capítulos más de “Mi viaje a Lhasa” de Alexandra David-Neel con un chocolate caliente. Hasta que una llamada entró.

Los planes para la noche se diluyeron en segundos y por unos momentos, se quedó viendo el número en la pantalla. Movió el dedo hacia la derecha y la llamada cobró vida.

— Hola — dijo él.
 — …
 — Entiendo que sea desconcertante para ti esta llamada, pero, necesitaba hablar contigo.
 — … 
 — He pasado los últimos meses pensando en todo lo que sucedió entre los dos y no puedo evitar preguntarme, ¿En qué momento se jodió todo? ¿En qué momento tu y yo perdimos?
 — Pues… — ella dejó el silencio como si se quitara el suéter.
 — Yo, tengo esa duda y no puedo quitarme de la cabeza todo lo que pudo haber salido mal y lo que debió salir bien — su voz comenzaba a ser intermitente, la seguridad de la llamada se transformó en nervios y podía sentirse al final de cada palabra.
 — Dejé de pensar en eso una semana después de que te fuiste de aquí — Marie se dio cuenta que por fin había dicho lo que pensaba — así que no tengo por qué replantearme preguntas que ya respondí — se sentía orgullosa de sí misma.
 — Entiendo, es solo que quedó tanto inconcluso, esa impotencia por no cumplir con todo.. — hacia la última palabra, él se calló, sintió que toda esa llamada era un completo error, que desafortunadamente las respuestas que quería encontrar no estaban allí, ya no más — Comprendo, yo-yo-yo ya me voy, cuidate y suerte — el corazón se le rompió una vez más y el sonido que emitió se mezcló con el “clic” del final.

Marie no pudo evitar temblar de frío al recordar aquello. Miró a la ventana y la luna aún no había subido hacia el borde, aún iluminaba el cuarto — “Tengo sed” — se dijo por segunda vez pero no tenía la más mínima intención de ir por un vaso de agua. Cerró los ojos y volvió a dormir. 
Soñó con un camino de flores pisadas, árboles cortados y el cielo color beige, ella estaba descalza pero sus pies no se ensuciaban, ni ella a pesar del polvo que había en todo el lugar. No podía detenerse y seguía caminando.

Despertó dos horas después de quedarse dormida, con la garganta seca y el frío del fin de la madrugada.

— ¡Mierda, mierda, mierda, mierda !— decía en voz alta mientras tecleaba en la pantalla: “Hoy, cuatro de la tarde, parque del Sol, no faltes”. Se sintió rara al segundo luego de pulsar “enviar”, ¿Había hecho lo correcto? ¿Temblará como la noche anterior? — ¡carajo, carajo, carajo, carajo! ¿Ahora qué mierda me pongo? — estaba segura que ese era el menor de sus problemas.

Llegaron las tres y Marie daba vueltas en su cama. El parque del Sol se ubica a cinco cuadras de su departamento y no tenía problemas con el tiempo que demoraría, sabía que él sería puntual y que como solía hacer cuando estaban juntos, lo dejaría esperando unos cuantos minutos. Hacia las cuatro y diez, ella había ya salido del edificio. Con lentes oscuros, jean ceñido al cuerpo, un polo negro holgado y una camisa de franela roja a cuadros completaba el outfit decisivo de aquel encuentro.

Él con zapatillas, jean y un polo descolorido, frotaba una y otra vez el borde del cierre de su casaca azul, a la vez que miraba a todos lados. A pesar de que no tenía problemas con esperarla, por su tardanza comenzó a pensar de que había sido una broma de muy mal gusto hasta que la vio acercándose y el corazón le latía tan fuerte que el juraba que encontraría la manera de salir de su pecho.

“You should all be murdered” sonaba en el reproductor del iphone de Marie, a cada paso que se acercaba a aquella banca, en su mente sus pensamientos y argumentos se mezclaban con la letra de la canción, pero no podía cometer ningun error, ya no más. Llegó al destino, se sacó los audífonos y dijo:

— Hola, lo siento por hacerte esperar mucho por tan poco tiempo — comenzó ella sin dar demora.

— Tu sabes que esperarte ha sido casi un placer — dijo él tratando de amortiguar el golpe — pensé que no hablaríamos más, después de….lo de ayer… — tanteó el terreno.

— Lo de ayer fue solo la impresión, si no dije algo fue porque no tenía que hacerlo, pensé que entenderías que desde que te fuiste yo seguí y ahora no tengo absolutamente nada que aclarar, pero aún así lo haré — tragó saliva — ya no queda nada de ti aquí, solamente un par de fotos y revistas que están en mi baño, entenderás por qué — se sintió ganadora.

— Jej — sonrisa de protección, por dentro él deseaba solo abrazarla y que se callara, solo deseaba mirarla una y otra vez toda la tarde y toda la noche — entiendo, pero ¡dime!, ¿por qué? — sintió sed y tragó saliva — ¿por qué se acabó? — sed — Es decir, si me fui es porque me sentí rechazado en tu vida, de un momento a otro tú…me expulsaste y no me quedó más opción que irme — ¿la única opción? se sintió cobarde — irme tan lejos de ti hasta que ya te perdiera de vista — bajó los ojos al suelo de cemento.

— “Yo no te saqué de ningún lado, vivíamos juntos y la rutina se hizo evidente pero, vamos, nunca pensé que te irías así y deberías saberlo— tomó aire — fue mejor de lo que creí, no te necesito— un golpe más — nunca lo hice.”

— Yo sí… — su voz se apagó una vez más, como en el teléfono, anoche.
 — Si esto responde tu pregunta, y espero que así sea, no queda nada más que decirte — sacó un cigarro, lo encendió y añadió — ni nada más que tengas que decirme así que — expulsando el aire — adiós”

Marie, se puso los audífonos, dando media vuelta se dio cuenta que había dejado sin pausa el reproductor de música, se encontró con “Stolen Dance”, se puso los lentes de sol y caminó de regreso al apartamento. Cuando estaba a punto de salir del parque, miró de reojo y vió a Alberto parado en la banca mirándola. La miraba fijamente, no esperaba nada, solo la miraba y ella a él de reojo, sonrió y pensó: “Qué mierda, solo una vez más”.

Fue entonces cuando regresó y ...

Trujillo, 2016.