Italia
8 de Junio 2016
Para variar dormí pocas horas, siempre lo mismo antes de tomar un vuelo. Como cada día desde que había llegado a Barcelona, haría una serie de cosas nuevas, tomar tren al aeropuerto, viajar en una aerolínea que no conozco, para ir a una hermosisima ciudad que tampoco conocía: Florencia.
Estaba tan cansada, pero dentro de dos horas estaría en tan bello lugar que tenía mucho imaginando conocer, ver donde vivió Leonardo y Botticelli, y claro, ir a ver sus obras con mis ojos. Llegando al aeropuerto, con mi poco inglés, tomé un taxi hacia el centro de Florencia, no tuve problemas en llegar a mi Airbnb.

Llovía durante mi llegada, me quedé en una habitación muy bonita y muy cerca del centro, todo Florencia se recorre caminando. Descubrí que había Laduree a unas calles y me fui corriendo, tenia muchas ganas de macarons, me atendió una chica muy bonita y amable, me habló en inglés para entenderle mejor y por fin ¡encontré el macaron darks!.

Entonces iba Leyda, caminando por las calles de Florencia, escuchando lo que pasaba, comiendo macarons. Recuerdo la primera vez que vi la Catedral Santa María Di Fiore…¡es demasiado impresionante! muy apenas cabía en mi vista, me senté a terminar de comer los macarons, mientras un músico a mi lado tocaba en la guitarra “Hallelujah”, ya es el segundo viaje donde coincido en la calle con esta canción, sin planearlo, fue un momento muy bello.


Este día estuve visualizando como serían los tres siguientes, compré mi pase para Palazzo Pitt, Galería Uffizi y La Academia. Este día la pasé caminando, comiendo pizza, viendo los aparadores en las tiendas, viendo como visten los italianos, pensando en que los siguientes días debía vestirme más presentable para la ciudad que visitaba.


Mi segundo día prácticamente la pasé dentro del Palazzo Pitti ¡no podía creer que veía lo que en las fotos! ¡nunca ví tantas pinturas en un sólo lugar!. Pude pasear un rato en los jardines, vi una exposición de indumentaria y estoy casi segura de que me faltaron cosas por ver…y la comida fue: pizza y gelato.


Durante el tercer día vi lo que tanto esperaba: La obra de Leonardo y Botticelli. Llegando a la galería Uffizi fui directo a lo que me interesaba, antes de saturarme de tantas cosas bellas. Entré a la sala de Botticelli y tuve una serie de sensaciones, la primera ¡ahí estaba! ¡ya! ¡por fin!.

“El nacimiento de Venus” era mi meta en la vida en ese momento, me las tuve que arreglar para acercarme lo más que podía, fue como re-descubir esa obra para mi, pude ver las pinceladas, las capas de pintura, los hilos de pintura dorada en el cabello de Venus ¡nada de eso se ve ni en el mejor libro!. Así mismo me la pasé en “La primavera” y en obras poco menos conocidas de Sandro en las que no había tanta gente, así pude estar media hora contemplando cada cuadro, las líneas, curvas, transparencias, volúmenes, todo…y así con “La Anunciación” de Leonardo.


De ahí me pasé a La Academia, claro, tenía que ver “El David”, realmente no se que tiene que uno no puede dejar de mirarlo, es demasiado perfecto, aproveché e hice unos bocetos rápidos junto a otras chicas que también o dibujaban, no quería moverme de esa sala, aún así me fui a ver otra sala de esculturas, donde aproveché para fotografiar y dibujar para seguir con mis estudios de Barcelona.


La compradora compulsiva que llevo dentro no podía fallarme, terminé comprándome unos zapatos tan bonitos…fue amor a primera vista. Fui también la Piazzale Michelangelo, quería ver el atardecer…¡es tan bonito como el de mi ciudad!


En mi última noche en Florencia, como las noches anteriores, salí con mi persona favorita. Me puse un bonito vestido que había comprado en Barcelona, los zapatos nuevos y fui a “Tamero”, un pasta bar que me sugirieron, pedí una pasta con vino rosado…aún recuerdo ese sabor, era lo ideal para celebrar mi última noche en Florencia.

ROMA
Día de caminar hacia la estación de trenes con más de 30 kg de equipaje. Siempre me ha dado miedo no saber a donde voy, no hablar el mismo idioma, que se me haga tarde, todo eso sentía, aún así, allá iba. Llegué a Roma cerca del medio día del 12 de Junio, cansadísima, aproveché para dar una vuelta en el centro, me impresionó mucho ver el foro romano, me detenía unos minutos y ahí me quedaba. Como llegué en domingo, había bastantes turistas, lo que hizo que me desesperara un poco.


Al día siguiente fui a ver una exposición de Barbie que me gustó mucho, sobre todo por que había vestidos de Barbie diseñados por Bob Mackie, había Barbie Cher, Audrey Hepburn, Marilyn y Barbies de diferentes nacionalidades. Sin duda lo que más me gustó fue la exposición de Alphonse Mucha ¡me quedé tres horas viéndola!, incluso tuve que tomar break para procesar lo que estaba viendo, es impresionante como en la misma persona puede haber tanta genialidad, ¡amé sus bocetos!, había litografías, diseños de empaques, bocetos para muebles y objetos, pasteles, carboncillos, óleos, analicé y disfruté… ¡yo quiero ser como él!.


Este mismo día di un tour por bastantes iglesias, pasaba alrededor de 20 minutos en cada una, me gustaba entrar y aislarme, sentirme fuera de tiempo, ver los frescos, los altares, las esculturas de Miguel Ángel, disfrutar de esa paz, contemplar. Por la tarde la pasé caminando en las orillas del Río Tiber.


Mi último día en Roma lo había asignado para ir al Vaticano, mi boleto era para medio día, así que llegué temprano para no hacer tanta fila. Caminé mucho, es impresionante la cantidad de gente que va de todos los países, literalmente es una peregrinación diaria, lo que no va muy acorde a la tranquilidad que me gusta. Yo ansiaba ver “La escuela de Atenas” de Rafael y obviamente La Capilla Sixtina, a eso iba a Roma.

Las habitaciones enormes con todas esas obras de arte requieren mucha paciencia de ver, es mágico estar ahí, sin duda, pienso volver a Roma con mucho más tiempo, para no sentirme presionada por la gente o por el tiempo. Cuando seguí hacia la habitación de los frescos de Rafael, recuerdo decirme “¿Dónde está La escuela de Atenas?…AAAAHHHH YA LA VI”, y así continuó la próxima media hora, fue demasiado provechoso para mi poder ver con atención los trazos, hacer un poco de coherencia en mi mente sobre como se hicieron tales obras.


Cuando finalmente llegué a la Capilla Sixtina tuve sensaciones extrañas, no se como la gente puede pasarla hablando, tomando fotos a escondidas, cuando lo que hay que hacer es guardar silencio y contemplar, yo creía que los elementos pintados por Miguel Ángel ¡se iban a salir!, me impresionó la tridimensionalidad del fresco. Seguía con los ojos cada forma. Pasé poco más de una hora con el cuello hacía arriba.

A mi llegada a Monterrey ya me esperaba mi madrina para llevarme a casa de mi mamá a verla ¡y ver a mi perro!, ¡extrañaba tanto a Spanki!… finalmente, luego de imaginarnos corriendo en la Barceloneta ¡ya estaba con él!. Fue muy agradable contarle a mi mamá las cosa que vi y repartir los pequeños regalos. Regresé a mi depa el mismo día, agradecida que las personas cercanas a mi estuvieran felices de verme luego de un mes.

Viajar solo para mi es algo que todo mundo debe hacer una vez en su vida, fue maravilloso perderme con mi persona favorita, hacerme preguntas que nunca imaginé preguntarme, vivir cosas totalmente nuevas cada día que pasaba, salir totalmente de mi área de confort para construir cosas nuevas y resolver la tarea siguiente, que fue la lección más importante de mi viaje: Si yo había construido a Leyda con una ambición, la de conocer Barcelona, Florencia y Roma ¿que Leyda sigue ahora?.

Agradezco a todas las personas que se dieron tiempo de leerme, de seguir mi viaje en mis redes sociales, a quienes les alegró que cumplí eso que de años atrás tanto les contaba, espero haber dejado algo en ustedes que les haga viajar con su persona favorita :)
¡MIL GRACIAS!