El Indio y la traición.-

Al principio es enojo. ¿Tanto tiempo sosteniendo una postura para traicionarla al final? Una postura pública, por tanto política, por tanto ética. Es difícil creerlo. El ojo crítico, entonces, busca una solución amigable. Postular una hipótesis de reconciliación. Construir un argumento que le de cabida a esa traición y le otorgue — a su vez — un sentido englobador. Vicios del fanatismo.

El 20/12/2008 se violó una máxima ricotera: Andrés Calamaro subió al escenario y cantó a dúo con el Indio. La máxima indicaba: “Solos, y de noche”. Todavía se pueden ver banderas en los recitales con esas cuatro palabras pintadas en aerosol. No es arriesgado suponer que ese veinte de diciembre colgaban en las plateas del Estadio Único de La Plata.

Así empezó todo. Hoy, 10/10/2016, Mario Pergolini cuelga en Vorterix una entrevista al Indio, de tono confesional e íntimo, con imágenes inéditas del último recital en Tandil. Mientras tanto, Virginia (la mujer de Indio) administra una página en Facebook. Y un ghost writer con nombre y apellido redacta sus memorias autobiográficas.

Alguien me dice: “Está viejo, enfermo, se está por morir, que haga lo que quiera”.

Alien Duce dice desde la TV que no quiere estar jamás en la TV”. La canción, de Último bondi a Finisterre (1998), da la clave que me consuela. “Va Porco Rex a Porno Rock”.

El giro se produce a partir de Porco Rex. Calamaro no sólo graba una canción junto al Indio en ese disco, sino que además sube al escenario en el marco de los shows de presentación. La web Redonditos de Abajo edita un libro de fotografías inéditas, con anuencia del benefactor. Indio La Película también es un concierto que tiene lugar previo a la salida de Ceremonias durante la tormenta.

Porno Rock. Rock de exhibición. Este hombre que, durante treinta años, postuló la preeminencia de la obra por sobre el personaje, se convierte repentinamente en todo aquello que aborrecía. Es la estampita y parece conforme con eso. Nadie conocía a Virginia, y mucho menos a Bruno, su hijo. En Indio La Película podemos verlos a ambos, bailando detrás del escenario: una mujer morocha y muy delgada se mueve al compás de la música mientras observa con mirada atenta a un nenito rapado que salta frenéticamente entre los caños que sostienen la estructura del escenario.

Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario”. Epígrafe.

En este momento también se produce la discusión mediática — casi de televisión vespertina — entre él y Skay. ¿Por qué se separaron? Indio repite hasta el cansancio la palabra traición, en innumerables entrevistas, cuando él parece ser el primero en traicionarse a sí mismo. Traición por la custodia artística, precisamente.

Tal vez no sea casual. En Porco Rex vemos, por primera vez, a Indio en la portada del disco, con un gorrito marroquí. Pará. No. En Último bondi está su pequeño monigote futurista, junto al resto de la banda. Último bondi, el disco que incluye la canción Alien Duce.

Recién termino de ver “Tsunami: un océano de gente”. Durante la entrevista, el Indio aclara que, parte de su responsabilidad, es “tener el discurso público que avale esa estética”, refiriéndose a la estética conceptual que sostiene un disco.

Otra vez: tal vez no sea casual. Reniego e insisto.

Porco Rex es un disco que conceptualmente se acerca al carnaval, en sí mismo y en relación a la discografía (tanto de los Redondos como de los Fundamentalistas). La subversión de todos los valores, la máscara (volvamos a la cita de Clarice Lispector), la obscenidad. No encuentro ahora el libro de Pío Baroja sobre el carnaval. Recurro a la Wikipedia (lo que, puesto en contexto con lo que escribo, no está tan mal después de todo): etimológicamente, algunos autores durante el siglo XX han propuesto que la palabra “carnaval” proviene de Carna, diosa celta del tocino. El cerdito acompaña las ilustraciones pornográficas del disco. El cerdo, también, es abundancia. Abundancia que en el carnaval es desmesura. Un paréntesis de permisividad y de aparente sin sentido. En la portada del disco, “Indio” aparece escrito con las cinco manos del lenguaje para sordomudos. La ironía, también, propia del carnaval. Música para sordos. La lírica, incluso, va a contramano: son canciones de amor, el propio Indio lo dijo. “¿Desde cuándo sos tan sensible vos?”.

El carnaval es, además, la distensión de la cultura, cuando ésta se halla en su punto máximo de saturación. Luego, vendrá el arrepentimiento propio de la Cuaresma, y el renacer limpio de los pecados cometidos. ¿Sigue resultando casual que luego de Porco Rex se edite Ceremonia durante la tormenta? Un disco que retoma el motivo del cerdo antes del primer acorde, y que termina con un sonido de lluvia y tormenta. El agua, elemento purificador por excelencia en la historia de cualquier cultura. ¿Y antes? El tesoro de los inocentes, un disco de sonidos casi caóticos, marcas comerciales, referencias urbanas; un disco que, si se quiere, podría oírse como una continuación de Momo sampler. Un disco de saturación. Un disco que necesitaba a Porco Rex como sucesor.

Lo último que editó Indio es Pajaritos, bravos muchachitos. Es cierto, parece arriesgado encerrar cada disco en los elementos que se me antojan útiles para lo que intento argumentar. Vicios del fanatismo. Sin embargo, ¿no es el pájaro el símbolo de la pureza? La pureza que se obtiene luego de la purificación.

La hipótesis podría hacerse extensiva a los discos de los Redondos. De un inicio caótico y desorganizado, primitivo, de teatro rock y carente de estructuras; de las primeras canciones inéditas y de Gulp!, líricas plagadas de neologismos (confundido por lo general con el hermetismo), como si existiera la voluntad de encontrar un lenguaje que permita expresar la experiencia, se edita Oktubre. Oktubre es la consecuencia del orden institucional. Retomo un lugar común: Oktubre es el disco político de los Redondos. Y la cuestión gravitará en torno al resto de la producción ricotera. La discografía de los Redondos luego de Oktubre es justamente eso: una permanente indagación respecto a la forma en que la política opera sobre la cultura de masas y sobre el individuo. Que todo esto suceda durante la década del ’90 en Argentina explican, me parece, el éxito.

La obra entera como un relato de la historia de la cultura. Desde su época primigenia hasta su purificación y renacimiento.

¿Por qué insiste con Porco Rex? ¿Por qué el Alien Duce sigue en Porno Rock? Quizás porque en la actualidad nuestra cultura también insista en ello. Porque anhelamos la lluvia que brinde una purificación que nos habilite a rehacernos, ajenos a las culpas de los excesos. Y esa lluvia no llega. O llega en forma de simulacros que, sin embargo, resultan imposturas que forman parte de un carnaval que todavía no ha terminado.

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