Polarizar para emparchar el relato.

La frase de Mauricio Macri en relación a la ausencia de “Choripanes y Micros” en la movilización del sábado terminó de confirmar una nueva versión en la estrategia de comunicación del gobierno nacional plantada desde el antagonismo. Y un antagonismo novedoso porque el adversario ya no es solo el kirchnerismo sino toda la identidad político cultural del peronismo, incluidos los sindicatos.

Esta novedad no es producto del azar, ni tampoco es producto de una decisión exclusiva de la estrategia comunicacional del gobierno. En cierto punto lo que habla ahí es un sector importante del electorado de Cambiemos, o sea un sector importante -aunque no mayoritario en esa clave antagonista- de la sociedad argentina que hasta el viernes reclamaba falta de contención en el relato gubernamental. Los gobiernos se vinculan con la sociedad a través de los mitos que son capaces de generar para movilizar, conmover e ilusionar a los ciudadanos. Hasta el viernes Cambiemos no tenía ese mito de su gobierno. Tampoco lo tiene hoy, pero ha encontrado un parche provisorio para amalgamar lo propio mientras continúa a la búsqueda de que la economía y la gestión arranquen.

Si la pesada herencia fue la forma de ganar el tiempo necesario para la construcción de una identificación y de un relato propio de la gestión, ese tiempo se agotó. La idea de que después de resolver la herencia se iba a articular un discurso con identidad propia (ya no una identidad “no kirchnerista”) que movilizara las esperanzas de los ciudadanos se encontró con el problema de que la gestión no acompañó esa necesidad de superación de la comunicación gubernamental. El mito de gobierno no cuajó, no funcionó, no se articuló.

Entonces fue necesario un parche, un relato articulador del discurso de los propios. Ese relato hoy es el antagonismo con el peronismo, los sindicatos y/o el kirchnerismo. En este sentido la táctica parece clara, no puedo ganar con lo mío porque la economía no arranca, la gestión no empuja, la política no conmueve; entonces gano por lo que no soy: por la diferencia. La polarización es la continuación de la herencia recibida por otros medios.

Es en cierto punto paradojal — y riesgoso también- que sea el gobierno quien apuesta tan fuerte al antagonismo, después de haberse presentado como el articulador de una etapa de diálogo y de fuerte contenido simbólico de reforma de la sociedad argentina.

En este sentido resulta gráfico analizar esta nueva etapa del relato de gobierno suponiendo que ninguno de los responsables de la estrategia de comunicación de Cambiemos pensaba que 15 meses después de asumir la inflación iba a seguir siendo el tema económico de la Argentina. Estas debilidades en la administración de lo público significan aquí subas de la tensión política dentro del juego democrático.

Quizás la gran pregunta a develar es si el relato del antagonismo aguantará hasta las elecciones de octubre, y si Cambiemos logrará convocar y conmover (no ya a una plaza sino a millones de votos) sin un relato propio. Hoy parece que la articulación de una identidad confrontativa con el kirchnerismo da el aire suficiente para ser competitivos electoralmente, sobre todo en los grandes centros urbanos. El gran perjudicado de esta política de antagonismos es Sergio Massa, y sus votantes parecen más dispuestos a acompañar una propuesta electoral no kirchnerista.

Estrategia osada porque lo que está por venir es una elección legislativa, donde los humores del electorado suelen ser más volátiles. Habrá que esperar para ver si da resultados. Como experiencia reciente, las estrategias de polarización en elecciones de medio término le dieron fuertes dolores de cabeza al kirchnerismo en 2009 y 2013.

El peligro es que esa identificación desde el antagonismo es muy frágil por fuera de los núcleos más duros de los votantes de Cambiemos, y los núcleos más duros nunca son mayoría. Si la economía no genera buenas noticias para amplios sectores de la población, la rearticulación de los apoyos en críticas está servida y con un referente opositor claro. Y lo curioso es que será un referente fortalecido por el oficialismo y su necesidad de ganar tiempo a la espera de un mito de gobierno que no llega.

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