El avance de las series sobre el cine
El término simbiosis se aplica a la interacción biológica, a la relación estrecha y persistente entre organismos de distintas especies. A partir de este término se puede explicar el cambio radical en la forma de producir contenidos televisivos.
Es innegable que el avance de las series norteamericanas tiene una correlación directa con la calidad de los productos tradicionales que hoy ofrecen las industrias del cine y la televisión. Sin embargo, el factor internet también juega un papel muy importante en esta cuestión.
El cambio se da a partir de que los personajes de las series actuales generan en los espectadores un fuerte sentido de pertenencia, una identificación que induce a la necesidad de un seguimiento casi inalterable semana a semana. Una suerte de enamoramiento entre la persona real y la persona ficticia. Simbiosis.
El punto de partida de este fenómeno contemporáneo fue, sin duda alguna, Lost, del director J.J. Abrams. A pesar de no contar con un elenco de nombres rimbombantes, la serie logró que todos y cada uno de los personajes queden en la memoria colectiva. El doctor Jack Shepard, la bella criminal Kate Austen, el entrañable Hugo Reyes, el misterioso John Locke y el indomable James Ford (más conocido como Sawyer) son algunos de los ejemplos. La realidad es que Lost rompió con los esquemas típicos generando esa tendencia adictiva que obligaba a los fanáticos a irrespetar los tiempos de la televisión y buscar los capítulos en internet. Resultó un éxito generalizado en los países en los que se emitió, llegando a tener en su primera temporada una media de 16,1 millones de telespectadores en Estados Unidos. Siguiendo la misma línea aunque con otro argumento, Prison Break, emitida por Fox entre 2005 y 2009, también logró captar a esta nueva audiencia ávida de historias distintas.
El otro quiebre, más fuerte y pronunciado, se produjo recién el 20 de enero de 2008, cuando la cadena estadounidense AMC decidió poner al aire el primer capítulo de Breaking Bad. Aquí es donde se hizo realidad la hipótesis que afirmaba que las series virarían hacia una versión más cinematográfica. La fantástica pieza de culto dirigida por Vince Gilligan tiene todo lo que una película debe tener. Bryan Cranston, como bien dice el título del programa, encarna a Walter White, un bonachón profesor de química de escuela secundaria que termina convirtiéndose en un perverso drug-dealer dispuesto a todo. Para quien suscribe, acaso la mejor transformación que se haya visto en televisión. El otro componente propio del cine es la música que se ha utilizado. Muchas veces la música define momentos, lugares, situaciones. Por tal razón se puede decir que la última escena de Breaking Bad, musicalizada con “My baby blue”, de la banda de rock británica Badfinger, es una marca imborrable para todo aquel que vio la serie.
La última producción que también comparte algunas similitudes con el cine es True Detective, que recién lleva una temporada al aire. El drama de género policíaco creado por HBO, no tan promocionado como los programas anteriormente mencionados pero no por eso de menor calidad, contó con las soberbias actuaciones de Matthew McConaughey y Woody Harrelson, dos tipos de la pantalla grande. El aspecto que hace especial a True Detective es su locación y la fotografía que su paisaje le permite. Esos paisajes de Louisiana, su clima, la gente que vemos. Todo está perfectamente elegido. Lejos del glamour de las series que se centran en Los Ángeles o Nueva York, esta serie nos muestra otro E.E.U.U (como hizo Breaking Bad con Albuquerque). De la mano del panorama, se muestran las iglesias itinerantes evangélicas con sus pastores gritones, los prostíbulos funcionando en el medio de un bosque, y las salidas de sábado a la noche en galpones con música country de fondo.
La plataforma de entretenimiento que proporciona mediante tarifa de 8 dólares mensuales el streaming de películas y series ha tomado el toro por las astas y comenzó a generar contenido propio. House of Cards, con dos temporadas en su haber, es hasta ahora su producto más exitoso. El inefable Kevin Spacey la deja chiquita personificando a Frank Underwood, un corrupto vicepresidente de los Estados Unidos. Por otra parte, Orange is the new black, que se basa en el libro autobiográfico de Piper Kerman en el cual relata sus memorias sobre la vida en la cárcel, es otra de las producciones con mayor audiencia desde la reciente salida de su segunda temporada el 6 de junio pasado.
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