KIWI

Como cuando no acomodas el placard por mucho tiempo, te probas mas de dos mudas por día pero no volvés a acomodar esa ropa, la dejas ahí, para luego, para un después que quien sabe cuando llegara. Así de abrumada tengo mi mente.

Él aparece, intermitente y hermoso gruñón, celando a su manera, pidiendo atención, con todos los temores de un niño pequeño. Volcando su vida a lo carnal, dándome las chances carentes de un amor posible de alcanzar. Necesita que me aleje de los que él teme me alejen, pero no se acerca más, no es capaz de llenar el vacío que quiere dejar con otras ausencias.

Lo protejo no se de quien, de lo ajeno, de quienes no lo conocen. Lo quiero, ahora en silencio con el afuera, estoy en una batalla conmigo y con el, una que podemos pelear solo los dos. Entonces recuerdo todo aquello que me desarmó y mi mente vuelve al estado del mismísimo placard sin acomodar. Es un caos.

Estoy guardada y este es mi único canal por ahora, me siento decepcionada de la gente y de mi. No quiero que nadie lo sepa quisiera tampoco yo saberlo, pero lo se, cuando sonríe, cuando me habla, cuando me necesita, cuando me mira, cuando corre 300 km virtuales a mis brazos, lo se, lo sabemos.

Todo empieza a ser nuestro, necesitamos este espacio. Un espacio de lujuria que construimos hace ya algún tiempo, que era nuestro y comenzó a ser invadido de opiniones ajenas. Lastimados entre palabras caminamos en reversa y eso descolgó algunas fotos que habíamos decidido colgar.

Somos lo que podemos, amamos a nuestro modo, nos lastimamos conscientemente. Somos todo lo humanizado en dos cuerpos y quizás, algún día solo quizás, dos cuerpos con dos almas en una sola.

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