LA PALETA AZUL

Una historia de compasión


Hace unas semanas regresaba yo de cenar y hacer unas compras con mi hermana, venia en un bus TransMilenio (El sistema masivo de transporte de Bogotá) desde el norte hacia mi casa, era de noche, alrededor de las 9 de la noche, el frió de en la cuidad con cada día estaba aumentando, este día no era la excepción. A decir verdad, venía muy feliz, acababa de tener varias conversaciones importantes con mi hermana durante la cena y había podido comprar unas camisas para el trabajo (Todo un reto para mí, no me gusta comprar ropa).

Mi hermana se bajó en la calle 116, casi de afán sin saber ni para donde iba, típico de mi pequeña, me paré para despedirla y me volví a sentar junto a la ventana. Estaba teniendo una conversación por el chat de mi celular que me alegraba tener, en verdad este había sido un muy buen día. Sin darme cuenta, en la misma estación donde mi hermana se había bajado, subió una señora de edad, estatura promedio, cabello claro y una bolsa de dulces, para los que vivimos en Bogotá esta es una imagen muy común.

La señora de la paleta azul.

Con una sonrisa humilde, con ojos llenos de esperanza se acercó hacia mí. Tenía puesto un buzo aguamarina con capucha, a decir verdad era muy juvenil para su edad, lo cual le daba un aire más tierna. Ella se acercó con una paleta azul, era una paleta azul sencilla, tenía una forma peculiar, como de un pie o un oso, la verdad no pude descifrarlo.

Tome la paleta azul en mi mano, casi que sin verle la cara a la señora, mis ojos saltaron rápidamente de ella a la conversación en mi celular. Pasaron unos pocos minutos y yo seguía inmerso en mi mundo, completamente absorbido por mi celular, mirando mi propio ombligo, cuando de repente me acorde “Tengo que bajarme en esta estación”. Estaba tan embrutecido que ignore por completo que estaba en mi parada, la 106, entonces rápidamente di dos zancadas afuera del bus, cuando las puertas se cerraron detrás de mí recordé, La paleta azul.

La paleta azul

Mi corazón se arrugo y se partió en mil pedazos, viendo la paleta azul pude sentir la esperanza, el esfuerzo y el significado de esta paleta para la señora, no era solo una paleta, era su trabajo, era el ingreso de una familia, era el colegio, eran los sueños. Mientras veía el bus alejarse, el dolor en mi alma solo incrementaba, no eran solo 200 pesos los que estaban en juego, era el corazón de una mujer trabajando a las 9:30 de la noche, vendiendo dulces en un bus para poder comprar una bolsa de leche o un pan.

Esa paleta azul se convirtió en el símbolo de mi indiferencia, de mi egocentrismo, para mí fue más importante seguir atado a mi Smartphone que reconocer la necesidad ajena. Hoy reflexiono y te pregunto ¿Estamos tan metidos en nuestras propias vidas que ignoramos las de los demás? ¿Es más importante tu Smartphone, tu novio, tus problemas, tus sueños y victorias que compadecerte por la vida de alguien más?

¿Cuántas vidas has ignorado, y probablemente aun no te has dado cuenta?

Lleno de arrepentimiento y rabia conmigo mismo hice una oración a Dios, de esas oraciones locas en nuestro interior: “Dios, yo me voy a comer esta paleta, pero que sea un ardor en mi alma recordándome la necesidad de los demás, que este ardor no me permita ignorar las vidas que pasan alrededor mío”.

Me comí mi indiferencia y mi egocentrismo, esa paleta azul jamás la olvidare. Decidí hacer un esfuerzo por prestar más atención a los demás y proponerme ayudar en lo que esté a mi alcance, no se trata de hacer obras por gloria o por ganar premios, se trata de compasión, de sentir lo que los demás sienten y nos ser indiferentes a su necesidad.

Hoy mi invitación es para que reflexiones y como yo entiendas que no estamos solos en esta vida, hay 7 billones de seres humanos en el mundo, en Colombia hay 47 Millones, a ¿cuantos has ayudado hoy? O a ¿Cuántos has ignorado hoy? Tenemos 365 días al año, usémoslos. Solo espero que como yo, no se queden con la paleta azul en la mano.

Quiero que demuestren amor, no que ofrezcan sacrificios. Más que ofrendas quemadas, quiero que me conozcan”. (Oseas 6:6)